jueves, 4 de enero de 2018

ARTE HABITABLE


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador Salón BAT de arte popular

Con la aparición de la instalación como técnica artística se percibe un cambio paradigmático en la manera de realizar y comprender arte, pues hasta ese momento los espacios bidimensional y tridimensional estaban limitados a superficies planas o a piezas escultóricas. Con la instalación el espacio deja de ser un contenedor donde se localiza todo lo tangible y a través de él el mundo de los objetos adquiere sus infinitos significados. Tal como lo explica Kant, resulta imposible imaginar objetos sin espacio, al mismo tiempo que es habitual pensar en el espacio vacío. Bajo esta consideración, el arte realizado con objetos que no dependen de la manufactura del artista objetual, es una manifestación cultural condicionada por técnicas, materiales u objetos que ocupan lugares en los que rara vez se da importancia a los contextos donde fueron creados, pero en los cuales se diversifican los significados que acuñaron su valor social.

Este cambio paradigmático también ofrece una visión alterna de los afectos que se produjeron en las dinámicas económicas y de mercado sobre el arte, pues las vanguardias artísticas, con intenciones de ruptura y de trasgresión social, fueron desvirtuadas cuando la transacciones comerciales logran convertirlas en objetos suntuarios y de prestigio, es decir, mientras los artistas de las vanguardias apelaban a una libertad total, el mercado se encargó de convertirlos en estandartes que aumentan el reputación social de sus compradores. De tal suerte, la instalación supone una emancipación del mercado en la medida en que al coleccionista le resulta complejo adquirirla, debido a su naturaleza efímera.


En esta intención emancipadora, la idea de espacio comienza a encontrar matizaciones simbólicas. Un ejemplo de esto es lo analizado por Javier Maderuelo en su texto El espacio raptado, donde el emplazamiento de la obra tridimensional se desplaza a terrenos donde confronta a la arquitectura y el espacio público. Desde entonces, la ocupación de espacio se transmutar en lugar semántico y en adelante toda creación artística in situ debe tener en cuenta las variables simbólicas del lugar para aspira a una valoración transemiótica, esto es, que el arte vale más por lo que puede decir que por lo que dice (Acha).

En tal sentido, con el protagonismo de los diversos significados del espacio-lugar en el proceso de creación artística, se amplían las posibilidades del arte para incidir en la sociedad donde es producido, porque recoge acuerdos implícitos de las comunidades en las que cualquiera puede participar en mayor o menor proporción. Además, por el alto grado de participación que tiene la semántica del espacio-lugar en el arte, los artistas lo usan de manera discrecional, como algo manipulable y mutable, como algo que admite transformación.

Esa nueva función del espacio-lugar en el arte, implica una nueva relación entre el espectador y las manifestaciones artísticas, debido a que las personas ya no experimentan la realidad a través de los objetos que las rodean, sino que interpretan la relación que surge entre ellos, esto es, los significados que el espacio-lugar puede aportar. Así, se clarifica la intencionalidad del hombre frente al lugar, porque permite convertirlo en un soporte al que se puede otorgar nuevas visiones.

En consecuencia, el artista interesado en esta diversificación del arte ya no se interesa en producir objetos nuevos para la contemplación, ni mucho menos dar cuenta de virtuosismos técnicos, sino que por el contrario se arriesga a ofrecer al espectador la posibilidad que desarrolle su propia relación, porque la distancia contemplativa desaparece para dar paso a un arte habitable que impulsa el pensamiento contextual. De esta manera los artistas del arte en el espacio intentan condicionar, programar, guiar comportamientos, porque al ser el espectador un habitante de la obra no le queda otra opción que establecer relaciones con los objetos que la componen.

Con la intención con la que el hombre actúa en el lugar aparece una nueva forma de vivenciarlo, porque tiene el potencial del comportamiento ritual para crear metáforas de nuevos acuerdos y encuentros en las que los intereses fluctúan entre la complementación y el choque. Por ello, el lugar adquiere el matiz de escenario, espacio crucial para la interacción colectiva. De aquí se desprende, que el lugar-escenario reivindica el acto simbólico del encuentro, porque las producciones artísticas que en él se sitúan modifican la noción de obra-objeto por la de escenario-sujeto.

En el mundo contemporáneo, donde todo tiene relación con todo, el arte absorbe y reconfigura la maraña de los detalles que sólo adquieren importancia si hay una apropiación activa por parte del espectador. Proceso idóneo para la reanimación del capital simbólico de la sociedad.

­¿CONOCES OBRAS QUE PUEDEN SER HABITADAS?


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2 comentarios:

  1. SI EL CUADRO, LA ESCULTURA O CUALQUIER OBJETO DE TÉCNICAS ARTÍSTICAS LLEVAN EN SI UN PAISAJE IMPLÍCITO POR SUS PROPIAS DIMENSIONES QUE PROPORCIONA. LA IMPLICACIÓN DEL ARTE EN ESPACIO DA POR HECHO LA CONFORMACIÓN DE UN ESPACIO HABITABLE Y MAS CUANDO INTRODUCE EN A OBRA AL SER HUMANO. LA GRAN FACULTAD DEL ARTE ES POSEER LA CAPACIDAD DE INTRODUCIR AL ESPECTADOR AL MUNDO QUE PLASMO EN LA OBRA. EN LA HISTORIA DEL ARTE UNIVERSAL ENCONTRAMOS MUCHOS EJEMPLOS DE ARTISTAS DE GRAN GENIALIDAD QUE SUS OBRAS DE ARTE FUERON LIBROS ABIERTOS PARA UNA LECTURA DE UNA INMANENCIA INIGUALABLE. DESDE ALTAMIRA EL ARTE HA PRETENDIDO SER UNA CRÓNICA DE COLORES Y DE SUCESOS-PARA DELEITAR A NEÓFITOS Y CONOCEDORES DEL TEMA

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