martes, 4 de julio de 2023

ARTE COMO TESTIGO Y TESTIMONIO

Por: Elkin Bolaño Vásquez

Coordinador educativo. Fundación BAT

        Violencia es una obra emblemática de las artes plásticas realizada por Alejandro Obregón. En sus diferentes versiones, muestra el cadáver de una mujer embarazada con el rostro destruido que bien puede ser una representación cruda de lo que en años posteriores describiría Alfredo Molano en Los años de tropel, dónde la Violencia Bipartidista se ensaña contra las esposas de los liberales, las cuales eran ultrajadas y asesinadas por “Los pájaros”, brazo armado ilegal al servicio del Partido Conservador y bajo el mando de León María Lozano, más conocido con el alias de “El Condor”.

        En ocasiones “Los pájaros” cortaban el abdomen de las mujeres y les metían gallinas vivas con la cabeza por fuera, para que estas aves, en su desespero, destruyeran las entrañas de las mujeres y así acabar con la descendencia liberal. De este modo buscaban azular o conservatizar la región.

        Mientras que Obregón obtenía información exigua de la Violencia Bipartidista, años después de la “Pacificación” de Rojas Pinilla, Molano recorrió las entrañas de esos territorios de violencia recabando información de testigos y recopilando relatos que se fueron guardando en la memoria de las siguientes generaciones. Entre la observación aguda de la poca información que obtiene el pintor y la abundancia de descripciones del escritor, se evidencian dos modos en los que el arte cumple las funciones de testigo y testimonio de eventos socialmente trascendentales.

        La cultura traza márgenes para la comprensión de la realidad. En ella se entrecruzan modos de ser, creencias y rituales sin los cuales no hay posibilidades que exista cohesión social. En este sentido, la cultura es aquella que opera en los procesos simbólicos que producen ciertas expresiones que se replican automáticamente en las maneras de actuar. Y al ser el arte parte del desarrollo simbólico humano y construcción metafórica que discute y renueva las dinámicas culturales, tiene una tarea destacada para gestar otros comportamientos.

        Al menos esta es la promesa del arte y se mantiene viva porque cada vez que parece alcanzar su materialización se transforma, al unísono, con la aparición de nuevas actitudes que permean la sociedad. En este contexto el arte siempre será testigo y testimonio de aquello que, aunque extraño, por la novedad de las posturas, también es familiar, por lo que puede pasar desapercibido. Entre la extrañeza y la familiaridad en las que se desenvuelven las dinámicas sociales, el arte hace hablar el silencio, porque más que convertirlo en su objeto de visibilización, el silencio se transforma en un sujeto al que se le dota de un predicado, preámbulo para el desarrollo de su narrativa. En ese sentido el arte no se interesa por conocer, su búsqueda se esfuerza por la apropiación de la experiencia, que viene a ser la antesala de lo que puede ser conocido.

        Mientras que el conocimiento pretender capturar la experiencia, ésta tiene el potencial de diluirse en el disfrute, en el sufrimiento o en su negación, como autoflagelación de lo que no se quiere conocer. Es así que el arte se interesa por la experiencia porque, al ser pasajera, le puede otorgar un estatus perenne y por tanto hacernos trascender.

        Relacionar los trabajos de Obregón y Molano nos muestra que las funciones de testigo y testimonio que puede cumplir el arte, se pueden gestar de múltiples maneras. Además de la variedad de métodos de exploración, análisis y aprehensión que ofrecen las distintas ramas del conocimiento y que llevan a identificar diferentes aristas de los sucesos, es importante destacar que aquellos predicados que se le otorgan al silencio permiten el surgimiento de versiones que no pueden ser capturadas por esos métodos. Por ello, el arte con su amplio espectro de posibilidades para ser testigo y testimonio, tiene mucho que aportar. 

        No es que el resultado artístico, en sí mismo, sea la clave para que el arte funja como testigo y testimonio. Pienso, más bien, que es la forma como se procesa cognitivamente las informaciones cruzadas sobre el conflicto armado, lo que haría que los colombianos descubran detalles que pasan desapercibidos porque se mueven entre la extrañeza y la familiaridad, para que permitan el reconocimiento de aquello que nos mantiene en la expectativa delirante de la violencia, de modo que se aumenten las posibilidades de proponer nuevos significados que permeen la convivencia social.

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