lunes, 4 de octubre de 2021

EL FUEGO Y EL ARTE

 

La chispa es el origen de una causa pequeña

que produce un efecto grande.

Gaston Bachelard

El uso del fuego es el elemento que da origen a la primera noción de hogar. Desde entonces el ser humano alcanzó una alta complejidad en la organización social. Con los distintos usos del fuego se aumentó la confianza para la exploración del entorno, desarrollando habilidades para emprender búsquedas hacia lo desconocido, lo que desplegó el pensamiento simbólico y la construcción de conocimiento abstracto.

El fuego, al proveer protección y unión grupal alrededor de una fogata, permitió que el ser humano dejara de ser presa y se convirtiera en cazador, abriendo la puerta a un mayor consumo y conservación de carne. El Homo erectus, reconocido como el inventor de la cocina y la manufactura de herramientas, consolidó la organización social y el mejoramiento nutricional.

Paralelamente, se reporta la aparición de destrezas para la mimesis, involucrando procesos de coordinación grupal para la caza: espacios de ubicación, espera, ataque y la intencionalidad como factor determinante para la realización de tareas conjuntas, pero, sobre todo, asoman los rituales funerarios como un importante indicio del pensamiento abstracto y simbólico. El conocimiento abstracto se relaciona con los conceptos de muerte y pérdida, mientras que el simbólico supone los rituales, objetos y expresiones emocionales que se relacionan con tales conceptos.

Todos estos comportamientos se diversifican en otros tipos de rituales que quedaron ejemplificados en las pinturas rupestres. Una afirmación recurrente y ampliamente aceptada en la arqueología y la paleontología es que estas pinturas son registros de los procesos de caza, herramientas pedagógicas que servía para acordar estrategias. No obstante, por su ubicación en cuevas de difícil acceso, también se deben considerar otras funciones cercanas al plano simbólico y ritualista.

Se cree que el acceso a las cuevas donde se registraron las pinturas rupestres se debió a la luz producida por el fuego, en particular las fogatas que facilitaron la permanencia al interior de las cuevas por periodos de tiempo más largos y así llevar a cabo los acontecimientos rituales documentados por la arqueología y la paleontología. La luz emanada por las fogatas proyectaba sobras, formas sintéticas que llenaban de misterio el encuentro. La observación de formas etéreas e impalpables, pudo incidir en la invención de significados para estos fenómenos.

Por la vivencia de estos fenómenos es razonable considerar la aparición de sueños y la experimentación de alucinaciones. Y es que el Homo sapiens, reconocido por la introducción del comportamiento simbólico y los rituales funerarios, es posible que no notara diferencias entre los sueños (que surgen al dormir) y las alucinaciones que podían ser inducidas por la acumulación del humo al interior de las cuevas. Pero si pudo identificar una serie de realidades que estaban por fuera de su vivencia material, con la propiedad de aparecer y desaparecer intermitentemente, sin ninguna posibilidad de control. Esto supone, que la intención de realizar las pinturas rupestres, se debió al interés de poder capturar esas realidades etéreas y convertirlas en una realidad materializada (representación simbólica), para manipularla y controlarla.

El desarrollo de herramientas, la utilización del fuego y el surgimiento de hogares, son los tres elementos fundantes de lo que llamamos “cultura”, impulsando comportamientos convenientes para la organización y convivencia de los grupos. La idea de cultura y su posterior complejización, abonaron las características más sobresalientes de la civilización: La técnica, ampliada y diversificada en el conocimiento científico y la tecnología; la organización social, contenida en la estructura política y; el pensamiento simbólico, representado en el arte y la religión.

La valoración simbólica del fuego ha transitado desde la unión grupal, a la paradoja de la fantasía, desde donde se da luz, se calienta y se consume lo que aparece. Lo mismo sucede con esa voluntad que está en búsqueda de la transformación artística que consume materiales, ideas y conceptos, a la vez que ilumina con nuevos sentimientos y significados.

En estos momentos, el dominio del fuego es tan cotidiano que puede ser usado y desechado caprichosamente. Sin embargo, aunque abandonado como objeto de estudio por la ciencia, el fuego encuentra su remanso en los imaginarios del arte. El fuego, desde antaño, se mantuvo en un umbral de evocaciones que ha encontrado su mayor expresión en el pábilo inagotable del pensamiento artístico.

 ¿Cómo expresas el fuego de tu vida?

 Por: Elkin Bolaño Vásquez

Coordinador educativo. Fundación BAT