viernes, 17 de mayo de 2019

VOZ PARA EL ÉXITO O EL FRACASO


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT Colombia

Un letrero en la entrada de un museo decía: Tu voz es valiosa, pero aquí puede ser tu propio verdugo. En una exposición de arte contemporáneo donde se mezclaban video arte, sensores de sonido y algoritmos que interpretaban las frecuencias de las voces, se activaban mecanismos que reproducían imágenes y sonidos de torturas, llantos, lamentos y gritos de personas que cuando hablaron, hicieron comentarios que fueron humillantes, hirientes o pretenciosos. Al parecer, la puesta en escena de esta obra suponía recolectar una base de datos de ondas sonoras producidas por palabras u oraciones que llevaban implícitos pensamientos negativos a fin de determinar el castigo correspondiente. Arriesgarse a entrar la sala después de semejante advertencia, implicaba descubrir cuál era el comportamiento más seguro para disfrutar de tan curiosa exhibición.

La exposición fue un éxito, y aun cuando la mayoría de los visitantes permanecía en silencio o hacía comentarios efusivos y amables, entraron algunas personas que fueron expresamente a activar y llevar al extremo todos los escarmientos programados. Aparte del público que vivió una experiencia desagradable por cuenta de los saboteadores, en general la gente manifestó que su estado de ánimo había cambiado sustancialmente, pues al terminar el recorrido salieron más sonrientes y optimistas, se sentían más creativos y desinhibidos.

Tu voz: entre el éxito y el fracaso, título de esta propuesta artística, parte de la idea que formula que el modo como decimos las cosas definen nuestros deseos, intereses e intenciones, es decir, el uso constante de determinadas expresiones pone de manifiesto si los propósitos más íntimos son coincidentes con la prosperidad de otras personas o sólo procuran el beneficio personal.

Experimentos de neuropsicología demuestran que las palabras más recurrentemente de nuestras conversaciones no son usadas por su significado explicito, sino porque las tenemos adoctrinadas con emociones muy específicas, es decir, la manera como relatamos las cosas delatan los sentimientos que dan dirección a nuestras vidas. Por ello, la importancia de saber si en nuestra voz predominan las emociones positivas o los pensamientos negativos. Si no lo sabemos, observemos por un momento. Cuando hablamos y sentimos que las personas están interesadas, no es por el tema que tratamos, sino por las emociones positivas que las acompañan. Por el contrario, si notamos indiferencia e incomodidad no es porque no sea interesante, sino porque se rechazan los pensamientos negativos que están presentes. En ambos casos la voz necesita de una evolución. El primero requiere adaptarse e incorporar formas de expresión que sean de fácil reconocimiento para proponer diálogos, inquietudes y compresiones. El segundo demanda mayor esfuerzo, porque exige apropiarse de palabras que puedan cambiar la dinámica de los pensamientos negativos. Palabras y significados que transformen nuestros hábitos y cambien la fisionomía del rostro.

Un cerebro acostumbrado a mensajes denigrantes, a expresiones insultantes necesita de válvulas de escape para descontaminar las funciones vitales del cuerpo. El cerebro cuando se siente abrumado por la tormenta química que producen los sentimientos negativos, manda mensajes de alerta a diferentes partes del cuerpo. Las líneas de expresión del rostro son el primer campo de batalla, pues acentúa las existentes mientras aparecen otras nuevas. Un rostro envejecido prematuramente, es la manifestación neurológica de un exceso de estrés y negatividad. Si este no es un llamado de atención eficiente comienzan a aparecer dolores en el cuello, la espalda, los lumbares y en casos extremos se afectan órganos internos como el colon, el estómago, los riñones y en general todo el sistema inmunológico.

Los pensamientos negativos acompañados de palabras hirientes y degradantes pueden transformar tus células sanas en organismos cancerosos. Si consideramos este análisis en el marco de las artes que tienen como tema central en conflicto armado en Colombia 

¿Cuáles serían las características de un arte que explore la reconciliación como proceso necesario en el posconflicto?

lunes, 22 de abril de 2019

ESTÉTICA PARA LA VIDA


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT Colombia

En su libro Estética cotidiana y juegos de la cultura Katya Mandoki afirma que la estética no debe limitarse a los linderos del arte y la belleza, sino que debe ampliarse a los diferentes modos de ser de la vida cotidiana en la medida que ejerce influencia en la “construcción y presentación de las identidades sociales”. Esta estética, operativa por fuera del ámbito del hacer artístico y constitutiva de la vida misma, introduce vulnerabilidades que se ocultan en los museos y salas de conciertos, es decir, se aviva la experiencia de mostrarse y juzgar de la vida en sociedad, en vez de complacerse con una semiótica que difícilmente supera la contemplación.

Esta diferencia entre la estética dependiente del arte y la belleza y la propuesta de Mandoki de una estética de la vida cotidiana trae al análisis la dificultad que implica considerar lo bello o lo feo como categorías estéticas absolutas que se imponen a las particularidades y preferencias de las distintas culturas, como si la belleza fuera única sin importar la cultura. ¿Serán fenómenos estéticos las extensiones de cuellos, labios u orejas de África, o las reducciones de pies de oriente, o reducciones de cráneos de tribus indígenas si tenemos como único modelo la idea de una belleza absoluta? Según esta ampliación, la estética no es sólo mostrar para producir algún efecto sensible, sino que el efecto estético depende de un influjo de informaciones consuetudinarias que se naturalizan para constituir las identidades culturales. Por consiguiente, esta estética depende de los procesos con los que cotidianamente se filtran las informaciones de la política, de la historia, de la economía, de la religión, de los medios masivos de comunicación y de las redes sociales, es decir, en la manera en que entremezclan informaciones sin prevenciones de cuáles son sus orígenes o funciones.

La belleza no puede considerarse absoluta porque no existe como una predeterminación inalterable, sólo existe como experiencia en la psiquis de un sujeto. La belleza no está en el exterior esperando, inmaculada, a ser percibida, sino que se constituye en los juicios que elabora el sujeto a partir de las consideraciones particulares de su contexto social. ¿En dónde está la belleza de las fotografías de Jesús Abad Colorado? En sus más de dos décadas de publicación de fotografías del conflicto armado en la prensa colombiana, sus imágenes producían dolor, tristeza, consternación, no obstante, vistas en retrospectiva y al interior de los museos empiezan a tomar matices de belleza porque quedan cubiertas por el aura del arte. Pero además del espacio expositivo, son los espectadores que pueden observarlas los que le atribuyen esa condición, pues son sujetos de ciudad informados de las atrocidades y no sufrientes de las mismas. Pese a ello, que es una de las funciones vitales que el arte puede aportar al posconflicto, ¿descubrirían belleza las victimas de esas atrocidades cuando se enfrentan a la imagen que deposita el mayor horror de sus vidas? Por estas circunstancias y por tantas otras que se nos escapan es que la estética no puede reducirse a una experiencia que produce el arte, ni tampoco a un sinónimo de belleza.

Desde Mandoki y a la luz del trabajo de Abad Colorado podemos intuir que uno de los grandes malestares del desarraigo por el conflicto armado es el desprendimiento radical de los desplazados de su estética rural, sumado a la dificultad de considerar como propia o parte de la expresión de sus modos de ser la estética urbana. El sujeto de la Colombia rural, que ha vivido el conflicto armado, condiciona su estética a la tierra como lugar de acuerdos y compromisos, de memoria, de producción y sustento familiar, de devoción al santo patrono, de lugar para decir, burlarse y divertirse. ¿Cómo sustraerse de los paisajes montañosos, de las neblinas y el despunte de sol que estimula al gallo a cacarear, de las lagunas, las playas, las selvas, los manglares, los páramos, los ríos y la sombra que refresca ante el calor inclemente que invitan a la introspección y a el silencio? ¿Acaso la estética urbana con los colores de los edificios, los rincones ruinosos, las sonoridades de los vehículos y la industria, los grafitis, los museos y las bibliotecas[1] puede reemplazar sin convulsiones el terruño de la estética rural?

Es complejo dimensionar el impacto que sufren los desarraigados cuando a fuerza de fusil y miedo han sido obligados a abandonar la vida que sólo tiene sentido con la estética rural. ¿Será que la estética que busca dar significado a la vida de la diáspora de los desplazados puede circunscribirse a los cinturones de miseria, lugar donde la angustia y esperanza confluyen, donde no hay modos de producción y sin embargo hay que producir? ¿Qué tipo de arte sería bello y, al mismo tiempo, introduciría significados alternativos de sus propias circunstancias[2]? La estética para la vida es una apuesta que busca indagar sobre los aspectos que permiten consolidar modos de fortalecimiento social cuando se tiene en cuenta las circunstancias que permiten desarrollar las formas de mostrar la vida en sociedad. Por ello, diferenciar la estética rural de la estética urbana es reconocer modos de ser y vivir en el mundo con un mismo grado de importancia.

¿CÓMO PODRÍA LA ESTÉTICA PARA LA VIDA CONTRIBUIR AL POSCONFLICTO?
¡¡TUS COMENTARIOS SON IMPORTANTES!!



[1] La promoción de bienes artístico es mayoritariamente urbana. Para un enfoque particular revisar el artículo Infraestructura del arte en: 
[2] En este cuestionamiento es importante considerar el origen y desarrollo del Street Art. Para una ampliación de este tema consultar:
http://forobatartepopular.blogspot.com/2017/06/street-art-o-la-imagen-nomada.html

jueves, 21 de marzo de 2019

SIMBIOSIS ENTRE VIDA Y ARTE


Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT

Existe un acuerdo en el cual el arte es reconocido como una capacidad que puede crear realidades cognitivas y emocionales que bien pueden referirse y originarse en el mundo material, pero que, sin embargo, no dependen de él. La voluntad artística se sobrecoge con los temas que le apasionan convirtiéndolos en testimonio de la vida que la alimenta. Su sensibilidad, influenciada por las variaciones del mundo social, transfigura su carácter privado en una puesta en escena de motivaciones e intenciones que configura imágenes con las que la psiquis elabora formas de actuación en el mundo.

Diferenciar la vida psíquica de la vida material es reconocer los diferentes modos en que se organizan, consumen y proyectan, pero también, y especialmente, es distinguir las maneras con las que se afectan mutuamente, regulando las exigencias, generalmente arbitrarias, que entre ellas se confabulan. Dicha regulación no es algo que se forje de manera innata, sino que necesita de esfuerzos que busquen penetrar lo que se muestra en la inmediatez para visualizar su trama de significados. Esfuerzo que propende a la reducción de las vulnerabilidades de la vida.

Todo lo anterior expresa características de lo que aquí llamo simbiosis entre la vida y el arte, pues entre estos existe una correlación intima que beneficia sus respectivos desarrollos vitales. ¿Qué sería del arte si la vida se limitara a un proceso monótono que sólo propendiera por su reproducción biológica? ¿Qué sería de la vida si el arte no explorara las posibilidades comprensivas de aquel proceso y se limitara a reproducir imágenes, de experimentado virtuosismo técnico, que sólo hagan mimesis de lo visible? Ambos, vida y arte, se alimentan de procesos reproductivos que garantizan su perpetuidad, pero sucede que la reproductibilidad es una actividad que actúa en, al menos, dos direcciones, con la primera se multiplican idénticamente algunos aspectos, mientras que con la segunda se adaptan, reconfiguran y proyectan comportamientos que den respuesta a las novedades que surgen en el entorno. Pensemos en la necesidad que tuvo el arte para replantearse los modos en hacer retratos, desde la Mona Lisa hasta la obra de Oscar Muñoz. Consideremos las posibilidades que se abrieron cuando Antonio Canal (Canaletto) incluyo el uso de la cámara oscura en su trabajo para reproducir fidedignamente su Venecia del siglo XVIII: la cámara oscura en tanto antecedente de la cámara fotográfica y el estudio del calentamiento global al comparar los niveles del agua de aquella época con los actuales. Otro tanto se encuentra en las variaciones genéticas que producen los ojos azules o verdes, la pigmentación en la piel, los colores de cabello o la abundancia o ausencia de vello facial. Todas son estrategias de adaptación a las circunstancias ambientales.

De esta manera, la simbiosis entre vida y arte da como resultado estrategias adaptativas que reducen las fragilidades de la vida, pero que, al mismo tiempo, incluye en el proceso nuevas necesidades que obligan a la producción de nuevas relaciones, alimentando persistentemente las riquezas que experimentamos en ambos. Una cosa es lo que se muestra y otra, muy distinta, las vitalidades bilógicas y semánticas que, tras lo visible, se potencian. Así la necesidad de perpetuar lo propio en consonancia con la posibilidad de abrirse a lo nuevo son los dos factores por los cuales la vida y el arte crean mutua dependencia.

El artista trasciende su vida biológica cuando la logra transfigurar en imágenes emocionales y semánticas que proyecten nuevas simbolizaciones sobre el mundo. ¿Acaso no fue lo que sucedió con los primeros homosapiens cuando sintetizaron en imágenes las proyecciones de la luz de las fogatas sobre los muros de las cuevas? ¿No es la creación de imágenes de dioses una forma simbiótica entre arte y vida?

¿SIENTES QUE LA VOLUNTAD ARTÍSTICA Y LA CONSCIENCIA ESTÉTICA VIVIFICAN LA SIMBIOSIS ENTRE VIDA Y ARTE?
¡Tus comentarios son importantes!

jueves, 14 de febrero de 2019

CAJA DE SABERES



Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT
 En los distintos enfoques que se han presentado en este blog he insistido que para comprender ampliamente las circunstancias que permiten el desarrollo o la limitación del arte en una sociedad debe tenerse en cuenta, al menos, tres aspectos: el proceso artístico, la promoción cultural y la apreciación. Clasificación que permite conocer a cada una en sus particularidades, pero es más importante las múltiples relaciones que se dan entre ellos. Además, he propuesto esquemáticamente que el arte popular no tendría que ser identificado como un antagonista del arte consagrado y contemporáneo, sino que tiene la valiosa virtud de ser el punto de acceso a un puente que se puede extenderse hacia ellos. La mayor virtud del arte popular es que se muestra cercano y atractivo al público que es ajeno a exposiciones artísticas, que ofrece otros enfoques de las identidades regionales a los más informados y propone análisis contextuales y comparativos a los especialistas, es decir, el arte popular se configura en un impulso para desarrollar la conciencia estética necesaria para un país, que tiene convulsiones sociales, como el nuestro.
En esta misma perspectiva se reconoce la relación arte, artista y vida cotidiana como una red de dependencias que exigen a la voluntad artística sustraerse de los embates de la existencia para visualizar puntos de encuentro y desacuerdo que requieran de otras inflexiones de interpretación. Esfuerzo que no es suficiente y que no colma los requerimientos sociales sino no se apoya en aquellos que dibujan alternativas para que el arte penetre y toque el nervio más sensible del ser humano. Sin que suponga una idea romántica en la que el arte promocionado por instituciones y gestores culturales tiene una influencia directa e inmediata en sus espectadores, esta labor mancomunada abre perspectivas que para cada cual resultarían insospechadas y por tanto abre un mayor espectro de posibilidades para que distintos públicos descubran sus propias formas de apreciación. Otro tanto sucede con las relaciones artista-público, arte-público, instituciones-público, artista-comprador, arte-mercado, instituciones-premios (subvenciones), artista-academia, arte-academia, instituciones-academia, publico-mercado, publico-academia, academia-mercado.
Entre los tres aspectos iniciales y las relaciones que se derivan de los doce binomios mencionados anteriormente, se estructura un inabarcable desarrollo de conocimientos que aún no tienen la necesidad de explicar cuál es el valor social del arte o ahondar en la siguiente pregunta: ¿cuáles son sus funciones? Individualmente, a todas estas relaciones, no puede exigírseles que la respondan, pero para responderla se necesita de la comprensión de todas ellas. Explicar las funciones psicológicas, cognitivas, evolutivas, enunciativas, analíticas, sociales, políticas, económicas e históricas del arte, exige un ramillete de conocimientos que están dispersos en las distintas y cada vez más variadas ciencias. Esta sobredimensionada y poderosa caja de saberes, explica la imperiosa necesidad de las redes solidarias, de la infraestructura, de la didáctica y la creatividad, de la gestión, de la academia, de la vocación que requiere el arte para mostrar, a todos los que están por fuera de sus círculos, su importancia social.
¿Te has percatado de cuál es el sentimiento que más impulsa tu voluntad artística y en cuál se transforma para alcanzar la fluidez de horas y horas de trabajo? ¿Reconoces cuál es la idea más recurrente en tu mente, el sentimiento que se asocia a ella, de qué manera la transformas o por qué insistes en la misma perspectiva? Sí tu rutina te satisface ¿cómo se la expresas al mundo? En caso contrario ¿qué haces para transformarla? ¿Piensas en imágenes, en palabras, en sonidos, en colores, en planeación, en dinero, en conversaciones, en pedir ayuda cuando te enfrentas a una circunstancia nueva? ¿Cuándo te sientes atorado en aquella idea persistente, indomable y quejumbrosa prefieres meditarlo en espacios nuevos o diferentes, buscas distracciones, conversaciones, consejo? Si bien estas preguntas son comparables a una encuesta psicológica, son el tipo de cuestionamiento que permite visualizar la importancia del arte para el individuo y que es posible transpolar a la sociedad.
Si se reconoce que el arte es una caja de saberes que amplía su espacio para nuevas informaciones, relaciones y perspectivas interpretativas, entonces es oportuno insistir en que el arte popular es el acceso idóneo para formular y transitar por todos los puentes que se requieran extender para explicar su función social.
 
¿EN ALGUNA DE LAS PREGUNTAS EXPUESTAS RECONOCES LA POSIBILIDAD DE EXTENDER UN PUENTE, CUÁL Y POR QUÉ?
¡TUS APRECIACIONES SON IMPORTANTES PARA DESENMARAÑAR ESTA RED DE RELACIONES!

jueves, 10 de enero de 2019

MERCADO Y ARTE POPULAR



Elkin Bolaño Vásquez

Fundación BAT

Cuando compró el primer cuadro para engalanar su casa no pensaba en adquirir una pequeña parte de la pureza del alma del artista, ni la materialización de una emoción o de un sueño inédito en la historia de la humanidad. Cuando consideró que era conveniente comprar un cuadro no tuvo entre sus razones el potencial hermenéutico del arte o el reconocimiento del autor, más bien fue un encuentro de diversas particularidades que lo llevaron a esa decisión: su margen de poder adquisitivo, los círculos sociales a los que intenta pertenecer, el reconocimiento de la singularidad de sus gustos, la búsqueda de nuevos tópicos para las conversaciones de sus encuentros sociales.

Cuando definió el precio de su trabajo tuvo en cuenta las tristezas y humillaciones, las noches inagotables, los días y semanas de extenuante trabajo perfeccionando su ejecución, la escasez de comida y las conversaciones estimulantes que se perdió. Precio razonable que compensa todo el sacrificio del pasado. Sin embargo, el encuentro con su primer comprador, con la descripción de gustos que buscan combinaciones con el mobiliario hogareño y con las paredes texturizadas que impulsan nostalgias por épocas pasadas abren ventanas a aspectos ocultos. Si el arte es uno de los aspectos más sublimes de la humanidad ¿por qué se redujo a una función decorativa? ¿acaso el aura sagrada de antaño no trascendió hasta hoy?

En el mundo actual el arte perdió toda posibilidad de sacralidad. Es cada vez menos importante su contenido semántico o su esencia espiritual, sólo es respetable en tanto conserva auras de riqueza. Es el pensamiento científico el que ha asumido el rol de construir nuevas identidades simbólicas porque se presentan en los márgenes de la comprobación, llenando de sentido aquellos vacíos que el arte ha descuidado. En esta limitación la credibilidad funcional[1] adquiere importancia capital pues supone que el mercado para el arte popular puede estar dividido en intereses como el prestigio social, el disfrute estético de la contemplación o la estimulación cognitiva por una novedad creativa.

Pensemos estas tres posibilidades de la credibilidad funcional en un poder adquisitivo moderado, es decir aquel que puede acceder a un crédito para salir de vacaciones con su familia a Miami, Cartagena o el Eje Cafetero o se mantiene al día con todas las innovaciones tecnológicas. ¿Para qué comprar arte si se puede publicar una selfie tomada con un smartphone que recomienda hacer una pausa activa al mismo tiempo que informa que la lavadora terminó el ciclo de lavado? Comprar arte debe servir para algo y no es una decisión que surja por la mera capacidad adquisitiva, sino de influencias externas y especialmente del aprendizaje que estimula la conciencia estética[2].

La credibilidad funcional explica que independiente de los intereses particulares que llevan a la compra de arte son más significativos los roles que se cumplen o se desean cumplir en los círculos sociales en los que se actúa o a los que se aspira a pertenecer. En este nivel socioeconómico el prestigio social juega con la posibilidad de la singularidad del gusto personal: “me gusta porque es diferente y ninguno de los que conozco tiene uno”. Para el caso de la contemplación, que se complementa con lo anterior sin ser dependiente de ello, es una suerte de placer que parece estar anclado a la añoranza y adquiere arte bajo el supuesto de ser la imagen idealizada de tal sentimiento. En el último caso, la compra de arte se decide en la transformación del placer estético en una idea describible y explicable. Aspira a descifrar el esfuerzo artístico del autor y a ampliar su margen semántico de interpretación. El proceso de síntesis creativa es reconocido por el comprador gracias al cultivo de su conciencia estética, por el esfuerzo que ha invertido en esta capacidad sensible e intelectual.

En el mercado del arte popular sus compradores tienen tantas preferencias como las que se perfilan en los mercados de productos y servicios que ofrece la sociedad actual y que se pueden adquirir gracias a las oportunidades sociales, económicas, culturales y educativas en las que se desarrolla cada potencial cliente. Sin embargo, la parte compleja de esta dinámica está en las pretensiones entre los productores de los diversos mercados y los artistas, pues los primeros tienen claro que ofrecen productos y servicios mientras los segundos asumen que incorporan en cada pieza realizada parte de su alma o espíritu lo que justificaría precios elevados.

En todo caso, el mercado pone a disposición todo aquello que se quiera vender amparado en la lógica de que existe un posible comparador. Si un artista considera que incorpora parte de su alma a lo que hace y vende sufrirá una fuerte desilusión porque su comprador no se interesa por este aspecto porque presta atención a circunstancias menos trascendentales. En resumen, una cosa es lo que vende los artistas y otra, muy distinta, es lo que compran los clientes y a ambas las conocemos como arte.

¿POR QUÉ SI UN ARTISTA ALIMENTA SU ARTE CON SU ESPÍRITU, UN COMPRADOR VISUALIZA UN OBJETO DECORATIVO?

¡TU OPINIÓN ES IMPORTANTE!

lunes, 3 de diciembre de 2018

ARTE E INDUSTRIA CULTURAL




Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT

La Mona Lisa de Leonardo da Vinci es la obra maestra más conocida en la historia de la humanidad, a tal punto que su imagen es un ícono trasnacional que se recrea incesantemente en pinturas costumbristas, grafitis, tarjetas y camisetas. Es comparable a la manzana mordida de Iphone o la caligrafía de Coca-Cola. Su reconocimiento se debe a la tecnología que facilitó la reproducción masiva de imágenes. Con la reproductibilidad el arte se acerca al espectador desprevenido a costa de que sea percibido como mero entretenimiento. En este sentido, el arte pierde su carácter sublime, que al lado de la religión es la producción humana capaz de alcanzar las fibras más sensibles e intimas del ser ¿Qué relación hay entre la unicidad de la obra de arte y su connotación sublime?
En sentido estricto, la imposibilidad de reproducir el gesto creativo en la ejecución de una pieza maestra no depende sólo de su genialidad, pincelada o golpe perfecto en el cincel, también es importante y decisiva la base económica que la financia y populariza. La genialidad de Leonardo no se limita a su arte, sin embargo, es lo más representativo de sus creaciones porque fue uno de los protegidos de la familia más poderosa del Renacimiento, los Medici. Si bien las dinámicas económicas se han transformado desde aquella época hasta ahora, el arte también cambio su posibilidad de culto, pues pasó desde el artista genio a las grandes sumas de dinero que se pagan en las casas de subastas.

Es en esta relación entre el dinero y el arte donde la industria cultural hace su apuesta. Si el arte es sacro, es decir, una obra maestra, ¿qué hacer para que se convierta en un bien cultural de consumo masivo? Entre los recursos convencionales que requieren altas inversiones de capital están la edición de libros, la producción de documentales y el diseño de exposiciones en los museos más prestigiosos del mundo. Actividades que catapultan al turismo cultural como uno de los segmentos más importantes de esta industria. Pero ¿qué pasa con los artistas, gestores, profesionales e instituciones que dedican sus esfuerzos a las diferentes manifestaciones artísticas que no califican en dicho segmento? Es imprescindible que los artistas y promotores culturales dejen de pensar como tales y aprendan a ser emprendedores porque la solución está en las lógicas del mercado, esto es, en la oferta-demanda de productos y servicios.
Según esto, un artista no puede limitarse a producir su obra u objetos artísticos vendibles, sino que por el escaso número de compradores deben convertir sus obras en servicios. Por supuesto, los artistas no lo pueden todo por lo que requieren trabar alianzas con profesionales dedicados a dichos menesteres. Es de aclarar que aquí no se defiende ni se rechaza las apuestas de las industrias culturales, lo que se busca es visibilizar las exigencias que tienen el pensamiento artístico y creativo. Es claro que la gran mayoría de las personas que se dedican al arte no derivan su sustento económico del mismo, sino que deben comprometer su tiempo y esfuerzo a oficios que permitan subsanar las necesidades básicas.

Es importante anotar que en la etapa productiva de mayoría de las obras maestras hubo financiamiento de largo aliento, esto sin olvidar a los grandes maestros que vivieron y murieron en la miseria porque se opusieron a los grandes mercaderes para padecer la pureza del arte. Es en esta paradoja en donde la industrial cultural promulga sus condiciones para producir un arte lo suficientemente popular que provea de recursos económicos sin disminuir su pureza, que su potencial de afectar la fibra más sensible no se convierta en un melodrama ¿Qué necesitan los colombianos de los artistas? ¿son las actuales circunstancias de Colombia, espacios de posibilidad para abandonar el arte de culto y perfilar un arte transformado en servicios? En la era del posconflicto ¿cuál es el arte que necesita el país? ¿Cuál sería el carácter ético de Colombia si convierte el sufrimiento de las víctimas del conflicto en un producto o servicio artístico? ¿Cuál sería el valor social del arte en Colombia si no se preocupa por desentrañar los traumas del conflicto? ¿Qué tipo de arte ayuda en la reivindicación de las víctimas? Estas son las paradojas a las que se enfrenta el arte y que no se pueden subsanar únicamente por las lógicas del mercado.


¿QUÉ PIENSAS SOBRE LAS EXIGENCIAS QUE SE HAN IMPUESTO AL ARTE?

martes, 13 de noviembre de 2018

ARTE Y RESILIENCIA



Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT

¿Qué sucede en la mente de un espectador cuando se enfrenta a una obra que le resulta atractiva? Atraer miradas, pensamientos y recuerdos es el mayor logro al que puede aspirar cualquier pieza artística. La contemplación de un espectador es la consecuencia de muchas variables mentales que se explican desde la teoría de la imagen. Pero para responder la pregunta anterior es importante establecer una definición del segundo concepto del título. Resiliencia es sinónimo de resistir, superar y por ello la perspectiva psicológica entiende que el proceso resiliente se origina en la experimentación de un trauma, lo que la convierte en una forma terapéutica importante para enfrentar las derivaciones del conflicto en nuestro país.
Después del trauma la resiliencia sigue su camino cuando las victimas hablan de aquellos hechos que han llenado sus vidas de dolor y de desesperanza. Esta voluntad de narrar supone el inicio de un camino de comprensión que hace que los sufrientes encuentren en la sociedad elementos para seguir adelante. Como último aspecto, el proceso resiliente es completo al alcanzar la superación de las emociones negativas y las víctimas se convierte en agentes productivos de su comunidad, es decir, que alcanzan el éxito social, no tanto el términos económicos o laborales, sino en el reconocimiento de que sus esfuerzos rindieron frutos.
Si la resiliencia es sufrir un trauma, hablar sobre él y luego superarlo, entonces ¿qué aporta el arte a la resiliencia? Algunos procesos terapéuticos usan el arte en su quehacer, en su manualidad como una forma de distensionar los estados mentales que están sobrecargados de angustias para luego preguntar sobre sus significados que, posteriormente, se convierten en la base interpretativa. Otras psicoterapias se guían según la lectura que se haga a determinadas imágenes. Invocan la percepción estética como un recurso analítico que desvela pistas sobre estados emocionales.  Para ambos casos lo importante es reconocer el trauma para superarlo. No obstante, el éxito social no depende sólo del esfuerzo de la víctima-paciente, sino también de la compresión social que se hace sobre la resiliencia, ¿de qué sirve que una persona alcance el duelo si la comunidad no le quita el rotulo de víctima? El arte más que ser herramienta para la consecución de resiliencia por parte individuos que han sufrido heridas, también debe perfilarse como un espacio que ofrece alternativas a la sociedad para comprender los padecimientos de los dolientes y así allanar su reincorporación social.
Cuando nos preguntamos sobre los sucesos mentales de un espectador frente a una obra de arte, también se debate sobre una sociedad que está llena de traumas, que desatiende sus verdades ocultas y prefiere creer en el funcionamiento estadístico. Una obra de arte atrae porque devela un recuerdo en el espectador, que se presenta como una imagen que connota muchos significados que, en algunos casos, exigen veracidad, no como la verdad de lo acontecido, sino como coherencia que ayuda a un mejor funcionamiento de las emociones. Arte, recuerdo e imagen se interconectan en dos aspectos: 1. En el uso de elementos ficcionales que multiplican los detalles y; 2. La posibilidad de sustituir su referente físico. La importancia del primero depende de su potencial de complementar y reforzar la idea central, no en atiborrar para oscurecer las interpretaciones. El segundo, sin deseo de falseamiento, elabora un objeto mental que no es afectado por su referente físico. Por ello la verdad dejó de ser una necesidad trascendental que lo explica todo, para ser un engranaje que ayuda a que todo funcione.
Si el arte ficcionaliza y sustituye, entonces tiene la capacidad de trabajar en el imaginario simbólico que cohesiona la sociedad y contribuye a la creación de elementos que potencialicen nuevas formas de comprender los traumas alojados en millones de colombianos que padecieron el conflicto armado. Al mismo tiempo el arte puede ayudar a superar el funcionamiento estadístico si se reconoce la intención de algunas expresiones del arte de apartarse de la historia institucional para prestar atención a las verdades anónimas de individuos resilientes que no han sido reconocidos socialmente. Un arte que tiene como referencia la historia y la actualidad de Colombia contribuye a refinar las variables para entender el presente y a replantear las generalidades que se han acuñado sobre el conflicto y sus consecuencias. El arte y la resiliencia se encuentran, precisamente, en el develamiento de la belleza que tienen los esfuerzos anónimos para superar las heridas de la guerra.

¿RECONOCES ALGUNAS OBRAS QUE PERMITAN DEVELAR EL ANONIMATO DE HISTORIAS RESILIENTES?