viernes, 13 de marzo de 2020

LAS MUJERES DEL ARTE POPULAR


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo
Fundación BAT

No sé por qué // pero la poquita gente que amo
siempre siempre // está deseando partir hacia algún lado…
O tal vez sí sé: // tierna espectadora de mis vigilias,
siempre siempre // estoy dispuesta a esperar…
Alcahueteando ausencias.

Recordando a Penélope. Beatriz Vanegas
Sacras, devotas, cuidadoras, resistentes, migrantes, amorosas, sabias, voluntariosas, alegres, amantes, comunitarias, perseverantes, transformadoras, inteligentes son algunas de las cualidades más loables de la mujer. Si buscamos entre las posibilidades representativas y simbólicas del arte, entre las imágenes y la poesía, surgen otras connotaciones que superan los roles, los sentimientos y las actividades que se les atribuyen como naturales. 

¿Cuáles son las paradojas que enfrentan? Sus memorias se enriquecen con infinitos detalles que ayudan a que las ausencias se conviertan en imágenes que esperan, recorren y regresan, buscando el espacio vital que desean ofrecer a quienes protegen. Vírgenes y Diosas de cosmovisiones indígenas, niñas y mujeres es sus rutinas de cuidado, fragmentos de historia, relatos y bailes tradicionales, corazones y estampillas que multiplican sus connotaciones, mestizaje y sincretismo que resguardan diversas ideas de identidad.
Las obras presentes en esta exposición evocan las diversas facetas de la memoria. En sus versiones evolutiva y genética es la mujer la única que puede hacerla posible como dadora y conservadora de la vida. La memoria consciente e inconsciente deambulan en el equilibrio entre la racionalidad y las emociones. Viven sus sentimientos y los expresan sin titubeos y con plenas convicciones. En su posibilidad divergente, la memoria se ofrece como una herramienta que concibe diversas perspectivas sobre una situación particular. Buscar el equilibrio depende de una trama divergente que rastrea puntos de encuentro. Pero más allá de sus diversas posibilidades, la memoria es la que alienta la experimentación el mundo como un infinito cúmulo de narraciones que permiten sentir el pasado en el presente, que persuaden para hacer visible lo ausente, que acercan lo que está lejano, que reencuentra lo que está vedado.
Pero más que enarbolar la importancia de la mujer es pertinente observar la potencia de lo femenino. Esta no es una cualidad exclusiva del género es, más bien, una forma de actuar en el mundo. Mientras lo femenino procura la belleza, lo masculino racionaliza y sintetiza. La belleza necesita tiempo para su descubrimiento, para su contemplación y experimentación. La razón compite con tiempo por ello su necesidad de síntesis. Lo femenino cuida con sutileza, protege y reproduce lo trascendental, lo masculino protege con fortaleza, provee y hace de lo útil una tarea fundamental. Lo femenino recuerda, espera y alcahuetea, lo masculino proyecta, se impulsa y deja de lado lo que no ofrece garantías. Diferenciar lo femenino de lo masculino es reconocer que ambos se pueden expresar alternadamente en una misma persona sin que prevalezca una función específica del género.
Ésta y otras evocaciones se observan en las obras de Rosa María Jerez, María Segunda Chavarro, Clara Ibeli Espinel, Laura Orjuela, Carmen Elvira Trujillo, Gloria Amparo Morales, Bella Luz Mejía, Isabel Crooke, Flor Estela Sierra, Alicia del Socorro Gómez, Juana Alicia Ruiz y Nohra González, artistas que han participado y ganado premios o menciones en las distintas ediciones del Salón BAT de arte popular.
La Fundación BAT y la Procuraduría General de la Nación presentan está exposición como homenaje a la mujer, durante todo el mes de marzo, no sólo para reconocer sus cualidades, sino también para pensar en aquellas paradojas en las que batallan y que son parte del aporte que hacen en la construcción social.

Qué cosa es el país, te preguntas a veces.
Quizá sea memoria fragmentada // que de vez en cuando te asalta
en forma de nombre o calles perdidas // y no sabes
si es el sitio al que regresas ahora // o el lejano lugar donde llegabas todos los días
fatigada de voz o de asfalto.

Postal. Luz Elena Cordero


martes, 18 de febrero de 2020

EL SALÓN BAT EN LA SALLE


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo, Fundación BAT

Entren los meses de febrero y marzo del año 2020 se presenta en la Universidad de La Salle, sede Candelaria, Hall de Exposiciones Hno. Cedric Benjamin una pequeña muestra de obras que hicieron parte del Gran Salón BAT de arte popular que se exhibió en la Sala de Exposiciones Débora Arango del Centro Cultural Gabriel García Márquez, FCE, en Bogotá.

Según el arduo proceso por el que transitan las obras, es coherente afirmar que el Gran Salón es el resultado de las reflexiones que se hicieron en torno a las 7 exposiciones regionales de selección y las 350 que las conformaron. Lo que, además, permite concluir que las 150 obras presentadas en el Gran Salón son las mejores de esta versión. Bajo esta premisa también se reconoce que por las limitaciones logísticas que supone la etapa de la itinerancia, y para la cual solo fueron escogidas 65 obras, se perdía la oportunidad de ofrecer otros espacios a las restantes, pues deben devolverse a los artistas. En este sentido y teniendo en cuenta que la misión de la Fundación BAT es la promoción del arte popular colombiano, se optó por acoger la oportunidad de llevar una pequeña muestra a la Universidad de La Salle para impactar una población educativa de 7000 personas aproximadamente.


Bajo el nombre “Resistentes y Peregrinos” el arte popular en el contexto universitario tiene el potencial de encontrar otras perspectivas, pues las obras escogidas tienen como eje transversal la mirada y lo que estas suponen dentro de este ambiente. Existen miradas de admiración, amorosas, cuestionadoras, indulgentes y castrantes que producen euforia, compromiso, respeto o temor. Otras son las miradas reflejadas en un espejo y que exige un ejercicio de autoreconocimiento que generalmente se escapa a la consciencia. Reconocemos algunas de nuestras emociones porque el cuerpo advierte sobre ellas, pero muchas veces pasan inadvertidas y no aceptamos sus influencias en nuestro comportamiento.

Consideremos ese mismo proceso en la Vida Universitaria, la cual no es exclusivamente académica porque fluye hacia otras facetas de la vida que el saber profesional no puede abarcar. La Vida Universitaria se produce y reproduce bajo las miradas de familiares, parejas, compañeros y funcionarios con los que compartimos alegrías, victorias, autoengaños, decepciones, y en casos más dramáticos, colapsos nerviosos y depresiones, sobre lo que se quiere, se puede y se logra. Las miradas peregrinas de estos retratos y las resistencias que impone la urbe acompañan a la Vida Universitaria desde un anonimato que obliga a esforzarnos por nuestras particularidades y a adaptarlas a una Vida Universitaria que está llena de retos que se deben resistir y superar en el peregrinaje de cada recorrido.
Los artistas que aceptaron esta invitación son: Laura Orjuela Restrepo, Sandra Cristina Escudero Gravino, Carlos Andrey Heredia Pérez, Sandra Milena Cristiano García, Daniela Varcárcel Hernández, Ana Lucía León Acevedo, Gustavo Tomás Moreno, Luis Fernando Jaramillo Gallego, José Emmanuel Ramírez Bastidas, Alexander Prada Contrata, Henry Villada Tamayo, Stefanny Cerquera Velasco, Luis Alberto Durán Delgado, Andrés Manrique Valencia, Juan Carlos Acosta Meza, Rubén Darío Bueno Fonseca, Eduardo Butrón Hodwalker, Alexander Osorio Campo, Gerardo Alberto Franco Gaviria, Astrid Torres Polanco, Adriana Rozo Rojas, Jaime Rojas Prieto, Miguel Ángel Echeverry Cruz, Hernán Darío Sáez Torres.

Gracias a todos ustedes por aceptar esta invitación.



miércoles, 5 de febrero de 2020

ARTE Y TERRITORIO


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo, Fundación BAT

    Una de las conclusiones más fuertes que se sustrae del proceso de largo aliento en el que se han empeñado los artistas que participar permanente en las convocatorias del Salón BAT de arte popular, es la importancia e influencia que ejercen sus territorios a la hora de explorar creativamente las temáticas propuestas, para cada versión, por parte de la Fundación BAT.

    Bicentenario de la Independencia, Identidad regional, Colombia pluriétnica y multicultural, y Lo popular entre lo rural y lo urbano son temas que tienen como raíz central la necesidad de pensar el país de una manera diferente a las informaciones que circulan en los medios de comunicación, a las ideas que se analizan en los currículos académicos o a las opiniones que se escuchan en las calles. La idea de territorio abarca mucho más que el espacio geográfico y entra en consideración la relación de saberes que lo identifican y sus necesidades de actualización según la exigencias y contingencias que aparecen día tras día. Una cosa es habitar el territorio como lugar de encuentro y acontecimiento y otra es lo que se experimenta estética y emocionalmente según las creencias y significados que dan soporte a la existencia.

    Por ello, pensar el territorio a través del arte invita a salir de los preceptos culturales y espaciales para atreverse a ver las sincronías y disfuncionalidades que surgen en las relaciones con otras lógicas territoriales. Aquí hablamos del campo y la ciudad, y de las consecuencias particulares que se han creado en torno al conflicto armado en Colombia y que aún, después del acuerdo de paz, siguen sin soluciones concretas. Generalmente los artistas se interesan en mostrar las consecuencias porque son más palpables y pueden ser registradas y reconocidas en la obra de arte, pues sus causas son tan complejas y etéreas que es muy difícil pensar en imágenes que las sinteticen.

    También hablamos de los procesos que se han generado por la globalización y la apertura a todo lo que sucede a escala planetaria. La avalancha de conocimientos, informaciones y creencias, sin descuidar motivaciones, deseos y esperanzas de culturas y sociedades asentadas en territorios distantes y casi inalcanzables, también se filtran, sin darnos cuenta, en las obras de arte que parecen autóctonas de algún territorio particular del país. Parece que es cada vez es menos probable que el arte se refiera al terruño del artista, sin que exista alguna versión foránea que influya en la interpretación algún aspecto en particular. Pensemos, por ejemplo, la aparición de las chaquiras en el proceso artesanal de las comunidades indígenas del Putumayo.




    Recordemos la abrumadora historia del narcotráfico y el despojó de tierras que implicó y su similitud al proceso de colonización que padecieron los muiscas con la llegada de los españoles en la obra Balsa precolombina, de Jaime Martínez. Observemos el Chinkungunya metálico, de César Giraldo y su clara relación con las epidemias trasnacionales como la que se vive hoy, el coronavirus. Analicemos el sincretismo de ¡Yo sigo reinando!, obra de Nohora González. Empaticemos con la profunda tristeza que trasmite la talla en madera de Pablo Córdoba, Ya lo malo pasó. Disfrutemos con el agudo humor de la experiencia globalizadora de Paisanos Now, de Daniela Varcárcel y, busquemos información sobre las profundas consecuencias que acompañan a la industria multinacional de alimentos, que nos sugieren las papas Pringles en la obra de Giovanny Pinto, llamada El imaginario, la brecha.


    Las obras mencionadas y otras más nos hablan de territorios fértiles más allá de la agricultura, pues las lógicas de la identidad y los patrimonios culturales están siendo expuestas a infinitas novedades que suscitan reacciones protectoras. La novedad exige herramientas de comprensión que probablemente no existen en las comunidades. Otro es el entramado de nuevos valores que aparecen y que se aceptan de manera acrítica. Valores como la productividad, la competitividad y la estandarización se presentan como los grandes redentores de las comunidades tradicionales ¿acaso no existía una economía basada en el trabajo y el intercambio que mantenía el equilibrio entre los territorios? ¿para qué competir si se logran mayores cosas con la dinámica solidaria? ¿por qué tenemos que ser iguales, si en nuestras diferencias es donde se sustenta la riqueza cultural de los pueblos? Todas estas son versiones de lo que trasmite el arte, pues sus claves representativas y simbólicas permiten abordar este tipo de complejidades y que cada vez son más recurrentes en los territorios.

¿QUÉ TIPO DE SINCRONÍAS Y DISCONTINUIDADES PERCIBES EN LAS OBRAS PRESENTADAS EN EL SALÓN BAT?

jueves, 9 de enero de 2020

DIÁSPORA DE MAMPUJÁN




Por: Elkin Bolaño Vásquez

En la última feria de “Expoartesanías 2019” la Fundación BAT en alianza con Artesanías de Colombia realizaron un homenaje a las Tejedoras de Mampuján por medio de una exposición en la que se presentaron 9 telares que tiene en custodia el Museo Nacional de Colombia y que serán parte de la colección permanente del Museo de Memoria de Mampuján cuando este sea terminado y entregado a sus habitantes. También se exhibieron algunos de los elementos cotidianos más significativos de la región para proponer algunas lecturas cruzadas entre los telares y la vida diaria. Allí se encontraban una mecedora, un sombrero, un machete, una tinaja, una lámpara a gas y otros enceres.

Adicionalmente, también se podían apreciar telares en pequeño formato que fueron resultado de talleres que las Tejedoras hicieron en distintos municipios del Departamento de Bolívar y que fueron auspiciados por la Fundación BAT y el Instituto Departamental de Cultura y Turismo de Bolívar (Icultur).

En relación con los 9 telares prestados por el Museo Nacional de Colombia, se observó que las Tejedoras vuelven su vista al pasado para remontarse a su origen afrodescendiente para revisar las distintas desventuras sufridas por su pueblo desde el continente africano. Cada telar tiene un título y describe sin prevenciones las situaciones de un pasado que aún las acecha en el presente. 1. África raíz libre, 2. Travesía, 3. Subasta, 4. Rebelión, 5. Llegada del cimarrón a la libertad, 6. Actividad cotidiana del cimarrón, 7. Origen del desplazamiento, 8. Hacinamiento, 9. Secuestro.

La característica que es trasversal a la mayoría de estas piezas es la representación de actividades cotidianas que por distintas razones se fracturan. Esto supone la aprehensión de la importancia del territorio cuyo significado está más allá de un espacio geográfico, y que supone un intrincado intercambio de relaciones de poder desde los cuales se distribuyen los roles y responsabilidades de sus habitantes, esto es, donde se aceptan y reproducen los comportamientos y los acuerdos. En últimas es donde se siembran y cultivan las culturas. Cocinar en fogón de leña, recoger agua en los ríos aledaños, el cuidado y los juegos de los niños, la cría de animales de granja y las actividades agrícolas son las actividades que estructuran su cultura y alimentan la solidaridad. Al desarticularse estos modos de vida las comunidades quedan en un limbo que termina en el desarraigo, en la pérdida del territorio. Por ello la importancia del territorio y la necesidad de volver la mirada a África desde donde inicia la gran diáspora afrodescendiente. Si bien los mampujenses no conservan una lengua propia, tal como sucede con los palenqueros de San Basilio que están apostados en el mismo departamento de Bolívar, es evidente que aún conservan algunas de las tareas cotidianas de su continente originario.

Sin lugar a dudas este es uno de los elementos más significativos de la labor que hacen las Tejedoras y por ello podemos hablar de una diáspora que esparcen tanto en espacios nacionales como internacionales, pues a través de una actividad cotidiana que no exige ausentarse de sus hogares, más que para atender algunas reuniones periódicas, reivindican las tareas del día a día como un hacer permanente que otorga distintos significados a la vida y refuerza sus vínculos culturales propios del territorio. Por ello, al pensar esta exposición se tenía en el horizonte de alternativas las decisiones que tomaron los habitantes al retornar a su terruño y construir el Nuevo Mampuján, pues necesitaban reapropiarse de aquello que se les habían arrebatado.

Las ruinas del antiguo Mampuján adquirieron un carácter simbólico, una suerte de contramonumento que conmemora su tragedia más cercana, el desplazamiento masivo de 245 familias en marzo del año 2000 a manos de un grupo de paramilitares. En estas ruinas las familias y demás habitantes se reunían para hablar de lo ocurrido, pero especialmente, su interés era mostrar su pasado a las nuevas generaciones y así reconstruir una historia dispersa que pocas instituciones se interesan en recopilar y contar. En este sentido la construcción de memoria se inicia en las interpretaciones e historias que se pueden contar al establecer relaciones entre los objetos abandonados, las ruinas y los telares.

La utilización de retazos de tela, sus colores llamativos y la habilidad de coser que se otorga a las mujeres permitieron que las Tejedoras encontraran un modo de comunicar lo que permanecía oculto en sus entrañas y que no podían enunciar con palabras precisas. Darles forma a esos retazos ayudó a aflorar sentimientos que pudieron describir. Alrededor de todo este ejercicio invaluable de las Tejedoras, vale la pena preguntarse sobre las estrategias que usaron los hombres mampujenses para construir sus propios duelos, cuáles serán sus versiones de aquel marzo del año 2000.

Ayúdanos a recopilar las versiones masculinas del desplazamiento de Mampuján, estas también son elementos invaluables de la diáspora.

jueves, 5 de diciembre de 2019

SOLIDARIDADES ENTRE ARTE Y ARTESANÍA



Por: Elkin Bolaño Vasquez
Fundación BAT

Empeñada en la promoción de las habilidades de los artistas empíricos, la Fundación BAT Colombia ofrece para Expoartesanías 2019 un diálogo entre las potencialidades que tienen los materiales tradicionales de la artesanía para acercarse al arte y la intuición creativa que busca resultados cercanos a la estética contemporánea. Durante los 15 años de observación directa del arte popular en Colombia se reconoce el esfuerzo de trasformación de materiales que se imponen los artesanos y artistas para perfecciona sus resultados. Exigencia que se percibe, por un lado, en que los primeros busquen con más ahínco transitar el camino hacia el arte y, en la otra orilla, los segundos experimenten con mayor entusiasmo las tropiezos y fragilidades que caracterizan los materiales.

En ese mismo espíritu de diálogo se presentan trabajos de artistas de Colombia y Venezuela que las fundaciones BAT y Bigott han promocionado y con los cuales se representa la transición de la artesanía hacia el arte y la manifestación de lo tradicional en clave contemporánea. Los artistas apoyados por Biggot tienen dos elementos en común. En primer lugar, la representación de la religiosidad popular en su colorido y la propensión al encuentro masivo que la convierte una celebración que alimenta la solidaridad. Orar como se muestra en la serie de Ángeles de María Yolanda Medina, tener posición de sumisión tal como lo representa Cirilo Rodríguez con su obra La Chamicera, insistir en la representación de la Sagrada Familia como lo hace Uvi Díaz se convierten en preludio del trabajo de Palmira Correa cuando se detiene en la versión festiva de sacramentos como el matrimonio o la primera comunión.


El segundo elemento tiene que ver con el deseo de todos estos artistas de transformar los materiales que les ofrece su entorno cotidiano, en especial la madera y la tela.  El uso de estos materiales reafirma que la creatividad aplicada al arte va mucho más allá de la técnica, pues siempre se descubren nuevas formas de interpretar temas comunes. Así la religiosidad popular se convierte en una máquina de ideas que los artistas reconfiguran para crear nuevas propuestas.

En el caso de Colombia fueron convocados los siguientes artistas: Nohra González Reyes, identifica que su interés por la iconografía religiosa se origina en la huella que dejó el habitar todas sus vacaciones de infancia el almacén de artículos religiosos propiedad de una tía en Sogamoso. Los corazones que propone surgen de los nuevos significados y estados emocionales que se atribuyen a esté ícono. Flor Estela Sierra Gallo, talladora incansable que tiene marcada su historia en sus manos. Su voluntad la compara con la decisión de aquellos campesinos que se dirigen a las grandes ciudades con la esperanza de encontrar mejores condiciones de vida, pero que entre la nostalgia y el agotamiento por ofrecer su mejor esfuerzo no son reconocidos por la urbe que se beneficia de ellos.

María Fernanda Mantilla Silva, volca su aprendizaje universitario para descifrar el encanto de la estética popular que la rodea. Con sus miniaturas busca resaltar la importancia que tiene la economía informal como punto de encuentro de las comunidades. Laura Orjuela Restrepo, por la falta de medios y materiales sofisticados de su origen campesino se propuso enaltecer los colores y las texturas de las hojas propias de su región. Con este material creó un lenguaje de las hojas con el cual intenta contar su propia historia.

Carlos Egidio Moreno Perea, usa la pintura y la escultura para realizar su trabajo y en este se identifica que el potencial humano se circunscribe a la valoración de sus tradiciones, sus narrativas, sus celebraciones, su historia y los presenta con la estética que predomina en la actualidad. Daniel Carvajal Cadavid, debido a una experiencia religiosa que inundó su ser de la compasión de la Virgen decide empeñar sus esfuerzos y conocimientos en su fe y la iconografía católica. En su búsqueda se apropió de la estética de la religiosidad popular y de la versatilidad que la bisutería ofrece.

Cesar Augusto Ortiz, quien se esmera en perfeccionar su técnica de óleo sobre urdimbre, estimula con perspicacia y diversión ese impulso innato de voyerismo que nos hace buscar detrás de cada hilo de sus obras. Gloria Amparo Morales, perfeccionó su técnica al copiar las obras de los grandes maestros del claroscuro. Ahora se dedica a representar la vida tradicional de la costa del pacífico, donde la unión del cielo y mar nos ofrece pistas del infinito y del espíritu que se necesita para habitar ese espacio insondable.

Santiago Cifuentes Mejía, miniaturista virtuoso que combina su visión artística entre un taller de artesanías hechas en resina, el modelado en arcilla y el vaciado en bronce por encargo. Con su arte busca resaltar la cultura de su tierra y para ello busca el detalle identitario del mundo que lo rodea. Luis Nicolás Camargo Pérez, encuentra el soporte de sus obras en objetos de uso cotidiano que hacen parte de las tradiciones tierra. En sus Bateas representa las corralejas y las ruedas de porro que son emblemas distintivos de la costa caribe colombiana.






jueves, 28 de noviembre de 2019

LA SOMBRA DEL DESPLAZAMIENTO


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT


 Entre el 12 y el 29 de noviembre del año 2019 se llevó a cabo la exposición individual Desplazados del artista empírico César Ortiz Ortega. Oportunidad que surge de una petición que extiende la Procuraduría General de la Nación a la Fundación BAT, pues el Procurador entiende que la obra Desplazados, galardonada con un primer premio en la V versión del Salón de arte popular, podría ser un incentivo para que sus funcionarios y los visitantes recurrentes perciban otros sentidos de las consecuencias de la situación social del país.

Caminar con la parsimonia del caracol que lleva su casa a cuestas sin rumbo fijo, sin destino claro es lo mejor que se puede hacer. Desplazarse no es sólo moverse, es sobrevivir. Es dejar atrás seres queridos, recuerdos, rituales, conversaciones, carcajadas y el terruño. Es hermanar la esperanza y el hambre, mejor aún, es descubrir que viven como siamesas. Los ríos ya no son lugares plácidos de la naturaleza, ahora son fosas comunes, los muros que protegen de los proyectiles errantes, también impiden la huida. Las puertas que prometieron que se abrirían, permanecen cerradas.

Las obras que hacen parte de esta exposición confirman la proclamación del poeta Walt Whitman, que aparece en su libro Hojas de hierba: “A través de mí muchas voces largo tiempo calladas… voces veladas y yo aparto el velo… clarifico y transfiguro”. Lo que nos propone César Ortiz es que escuchemos esas voces. Aquellas ensimismadas que repiten lo que se ha quedado atrás, otras silentes que se esconden en las posturas del cuerpo, algunas más que se armonizan entre sollozos. Más que contemplación visual, que en sí misma es atrayente, estas obras requieren de oídos dispuestos a escuchar las paradojas humanas, donde la muerte y la violencia abundan como sinónimo de protección de la vida.

Hay obras que tienen como referentes la Guerra de los 1000 días, el 9 de abril y la masacre en Bojayá, recordando los hitos históricos de lo que hemos sido capaces de hacer los colombianos hacia nuestro propio pueblo. Otras desdibujan sus espacios de acontecimiento, pues han sucedido tantas veces que saturaron todo el territorio nacional. También hablan de la imposibilidad de la despedida, de las voces de clamor que recorren parajes de la naturaleza que antes se visitaban para el deleite del espíritu, ahora colman el espacio de la vida con una bruma enrarecida. Los árboles, tótems verticales, son reemplazados por monolitos de concreto que contienen voces pregrabadas que se repiten persistentemente alrededor. El clamor fue ahogado por los anuncios de televisión y en ellos no hay bienvenidas ni hasta luego.

Otro aspecto que inspira la reflexión es el impedimento de dejar atrás el pasado. Transitar para sobrevivir marca surcos en la tierra y deja huellas, pero no sólo en el camino, también en el cerebro. Los recuerdos de lo sucedido, que son la esencia de la memoria y que no alcanzan a trascender la subjetividad, se han convertido en un escalón infranqueable para construir la verdad. Por eso algunos confían que trabajar para sobrevivir y crea nuevas rutinas ayudará a desdibujar los estigmas que les han impuesto. Todo se repite y se tergiversa cuando el certificado de defunción es el único garante de nuestra ausencia. No hay otro documento escrito que hable de nuestra historia, pero el arte confía que la puede relatar.

Este artista bogotano que adquirió conocimientos básicos sobre la producción de tela cuando cursó un par de semestres de diseño textil, descubrió en la urdimbre, independiente de la trama (nombres técnicos de los hilos que componen vertical y horizontalmente la tela), un elemento esencial en su innovación técnica, pues el óleo sobre urdimbre demuestra que la pintura tridimensional si es posible. Su técnica oculta y devela, crea sombras sobre el anonimato lo que termina por enrarecer un más su condición. Hay un trasfondo que exige atención para su comprensión. Esta exposición es un preámbulo para desvanecer las sombras que siguen fielmente el desprestigio que sufren aquellos que enfrentan las consecuencias del fenómeno del desplazamiento.

César Ortiz también fue galardonado con el Gran Premio del VI Salón BAT de arte popular.

sábado, 9 de noviembre de 2019

PREMIACIÓN VI Salón BAT

CONTEMPLACIÓN Y “TIEMPO REAL”



Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT

Muchas son las palabras que intentan explicar la intrincada red de relaciones, añoranzas y expectativas que colman los caminos entre el campo y la ciudad. Muchas más son las metáforas que emergen de esta exposición que supo ocupar cada espacio disponible porque el vacío huele a silencio. No es fácil enfrentarse a una exposición con 155 obras, especialmente cuando cada una de ellas se enmarca en ese movimiento obligado que ha vivido todo colombiano en el transcurrir de un siglo. El desplazamiento, ese movimiento que va y viene, también es un tema obligado para el Salón BAT de arte popular, pero interpretado a partir de un “entre”.
Para esta sexta edición confiábamos en diluir las apologías y las desventuras que puedan contenerse en el tema lo popular entre lo rural y lo urbano, la conjugación que puedan tener esos espacios en el contexto del desplazamiento, pues prevalece la creencia según la cual se desarrollan por separado y con personalidades, incluso, contradictorias. Sin embargo, en ambos casos, el sol aparece después de que muchos han iniciado sus faenas laborales y la noche viene acompañada con luces multicolores que invitan a los espíritus a transformar sus deseos. Deseos “entre” el elogio y el fracaso, esfuerzos “entre” la nostalgia y las proyecciones es lo que salta a la vista al detenernos en los microcosmos que fundan cada una de estas obras, que abren ventanas a la contemplación porque nos trasladan al interior de sus relatos congelados en imágenes.


Un tractor Singer es prudentemente escoltado por una madre indígena en bicicleta, mientras una pareja, amante de la tierra, cuida sus frutos.  Una mesa, que ofrece de plato fuerte un diálogo por décadas esperado, se alza sobre las paradojas de este país dándole la espalda a lo que habría que observar de frente. Buscar acuerdos sobre suposiciones es una ilusión que nace de causas enmohecidas en cajones de escritorio. En estas circunstancias parece que todo está a la mano, pues todo se apila y se junta como si el espacio no fuera suficiente, pero si recordamos las cofradías nacidas en los barrios, antaño clandestinos, o en las veredas anónimas de un mapa, se entiende a cabalidad que la cercanía y lo tumultuoso no es tema espacial, sino la vivencia que equilibra la vida.

De igual manera, el Salón BAT busca hermandades y solidaridades inesperadas entre pequeños grupos de obras que se ponderan entre sí. La repetición es indicio de simetría y con ella se garantiza la armonía que aspira a la belleza. Cajas en las que conviven libros, cajas en las que se resguardan las familias que entremezclan sin esfuerzo el trabajo y la fiesta, evocan formas de vida en las que la contemplación y el “tiempo real” se encuentran en la misma habitación. No sólo se contemplan las montañas o el mar para que el pensamiento se suspenda, el cerebro también siente la parsimonia frente a las pantallas del “tiempo real”, pero no para el equilibrio de las funciones químicas del cuerpo, como sucede con la primera, sino que, en el exceso de estimulación de la experiencia digital, la mente prefiere apagarse para evitar el colapso.

De todo lo anterior y centenares de cosas más nos hablan muchos otros grupos de obras desde los cuales se verifica la recurrencia y la necesidad de observar lo que se hace y se deshace en la vida en común, donde el encuentro es un factor determinante de la misma, pero muchas veces es al mismo tiempo la causa del temor que más acosa.  Esperamos que esta sexta edición del Salón BAT estimule temas de conversación que se meditan en la contemplación y al mismo tiempo impulse la interacción en “tiempo real”.

Ayúdanos a identificar pequeños grupos de obras donde la contemplación y “el tiempo real” se expresen simultáneamente.