lunes, 23 de marzo de 2020

ARTE vs COVID19


Ahora más que nunca el mundo necesita saber cuál es el rol social que tiene el arte. Ahora es el momento que los artistas traduzcan todas las emociones encontradas, que se experimentan por causa del coronavirus, en imágenes de esperanza, solidaridad y calidez humana que necesitan sentir las personas resguardadas en sus casas al lado de sus familiares, aquellas otras que están solas y lejos de sus seres queridos, otras tantas que deambulan sin rumbo fijo por las calles cuya única expectativa es la supervivencia.



¿Qué podemos hacer todos aquellos que trabajamos en el mundo del arte (artistas, gestores culturales e instituciones) para cambiar la idea de que el arte es un producto suntuario?

¿Cómo podemos llevar arte a las familias, a los solitarios y a los errantes que sienten que su potencial productivo, imaginativo y creativo se reduce en los espacios en los que están reguardados u olvidados?

¿Qué podemos hacer desde el arte para alimentar la fortaleza espiritual, la valentía psicológica, la perseverancia racional y la salud corporal a todos aquellos que deben salir a trabajar para garantizar la tranquilidad, la salud y el abastecimiento de los pueblos?

Estas y muchas más preguntas necesitan respuestas inmediatas y compresivas, acciones poderosas y ecuánimes, arte para la sociedad y no para el mercado.

Aquí una semilla:
  • ·         Se convoca a los artistas para que creen obras que estén relacionadas con la pandemia del Covid19
  • ·         Que su motivación artística se origine en análisis meditados de su situación particular en contraste con las consecuencias sociales.
  • ·         Que la obra sea en clave positiva porque urge la necesidad de reducir las oleadas de miedo y pánico que vive la población y contribuir en el restablecimiento del equilibrio psicológico.
  • ·         Tener en cuenta capacidades humanas como la solidaridad, la esperanza, el trabajo colaborativo, el amor, la fraternidad, el respeto, la confianza, el compromiso, la lealtad, la amistad y otras tantas capacidades y emociones que han permitido a la humanidad unirse para la consecución del bien común.
  • ·         Se recomienda realizar la obra en pequeño formato: bidimensional 50x50cm, tridimensional 30x30x30 máximo, medios audiovisuales 2 minutos. Los tamaños y tiempo se sugieren como máximos.
  • ·         La convocatoria no es un concurso, por tanto, no hay premios ni reconocimientos monetarios. La intención es que la voluntad creativa de los artistas aporte emociones positivas y calidez humana en medio de la zozobra y la angustia existente.
  • ·         Si bien esta propuesta queda abierta a partir del momento de su publicación, 23 de marzo, no resulta coherente definir una fecha de cierre, pues las difíciles condiciones actuales imposibilitan deducir cuanto tiempo permanecerán las consecuencias psicológicas. La producción de obras y la promoción de estrategias para mostrar el aporte social del arte es un asunto individual y depende del carácter de urgencia que sienta cada quien para ofrecer su aporte.
  • ·         Se recomienda tomar una fotografía después de finalizada la obra y redactar una pequeña explicación (guía comprensiva) de la misma, con el propósito de compartirla en sus redes sociales y en las redes sociales de los participantes e interesados. Así se estimula el trabajo colaborativo porque lo que debemos buscar es transcender la autopromoción para hacer conocer el aporte de los demás. No olvidar que es importante incluir la ficha técnica de la obra: autor, titulo, técnica y/o materiales usados, ciudad o municipio y dimensiones.
  • · Se solicita enviar la información antes mencionada al correo fundacionbatcolombia@gmail.com para crear un repositorio de todas las obras y así tener la posibilidad se diseñar propuestas curatoriales que contribuyan a aumentar las posibilidades interpretativas y de aporte social del arte.
  • ·         Dependiendo de las posibilidades de superación de las consecuencias del Covid19, de la disponibilidad y margen de operación de la infraestructura cultural del país se puede pensar en la posibilidad de hacer exposiciones con el interés de contribuir con las instituciones culturales afectadas.


Parafraseando a Fito Páez:

A través del arte, debemos salir a ofrecer nuestro corazón

Comentarios, sugerencia e inquietudes escribir en la opción de comentarios de este Blog o en el e-mail: fundacionbatcolombia@gmail.com
Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT


sábado, 14 de marzo de 2020

LA MAGIA DEL RETRATO

Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo
Fundación BAT

Un ejemplo imprescindible para analizar la relación entre el arte y la realidad es el esfuerzo que hace un pintor retratista cuando se enfrenta directamente a su modelo, pues su virtuosismo se valorará de acuerdo al parecido que logre sobre el lienzo. Este fue el reto al que se expusieron los artistas Alexander Prada y Andrés Alarcón con la actriz María del Rosario Barreto, quien como modelo hizo parte de la demostración del talento de estos pintores para captar no solo su apariencia física, sino también su estado de ánimo. El taller de retrato en vivo fue realizado el 12 de marzo en el marco de la exposición Resistentes y peregrinos en la sede Candelaria de la Universidad de La Salle[1].


Las personas están acostumbradas a valorar los resultados finales de todos los productos que se intercambian en la sociedad, desde los zapatos y los aviones hasta la música y el arte, descuidando uno de los bienes más preciosos de la vida, el proceso. Son muy pocas las personas que se esmeran por identificar o entender cuál ha sido el proceso para lograr algún resultado que inspire admiración y de esto no se ha escapado el arte. Comparar la demostración de cómo se pinta un retrato con una modelo en vivo con algo mágico, no es una pretensión de sobrevalorar la actividad, pues el cerebro tiene en su dotación biológica elementos que permiten que la observación de este tipo de proceso se sienta mágico.

Lo primero es la conexión emocional y de confianza que debe trasmitir el pintor a su modelo, pues ella no sólo permanecerá inmóvil el tiempo que sea necesario, sino que entre sus pensamientos deambulará la idea de que el resultado podría ser incómodo para su autoestima. Mientras que el retratista conversa para establecer dicha conexión también analiza pausadamente todos sus gestos y facciones, y con algunas técnicas de iluminación destacará lo que desea resaltar en el retrato. La modelo no sabe que es lo que el artista busca ella por eso es necesario que confíe. En adelante en trabajo de retratar es enfrentarse al lienzo y el primer trazo indicará la seguridad del artista para realizar la tarea.

Después de varias pinceladas la magia comienza a materializarse y esto se debe no sólo al virtuosismo del pintor, sino a la sobreestimulación que experimenta el cerebro al ver un rostro, pues se presenta como una imagen enigmática que necesita ser descubierta. Esta reacción del cerebro hace parte del proceso de evolución del ser humano para la adaptación y la supervivencia. Detectar las interacciones que pueden aparecer y desaparecer, en pocos segundos, entre los 43 músculos de la cara es de vital importancia para reconocer las emociones y facilitar o limitar los vínculos sociales, debido a que en las relaciones interpersonales lo que predomina es el lenguaje no-verbal, el lenguaje del cuerpo.

Algo más atrayente para considerar esta actividad como algo mágico es cuando aparece la mirada en el lienzo y se reconoce alguna emoción, pues aun cuando racionalmente se entiende que es una pintura el cerebro, en su proceso sináptico, no hace esa diferenciación y con la intervención de las neuronas espejo el espectador puede sentir empatía por el estado emocional que se observa en el retrato.

Otro resultado no previsto en esta demostración de talento artístico, es que el Hall de Exposiciones Hno. Cedric Bejamin de la Universidad de La Salle se llenó de un aura mística que llamó la atención de más 120 personas entre estudiantes y funcionarios que contemplaron con admiración este encuentro. Sin lugar a dudas fue un momento mágico el que ofrecieron los artistas Prada y Alarcón al extraer del lienzo vacío retratos admirables.

Para una ampliación sobre el retrato consultar:




[1] Esta exposición es una pequeña muestra del VI Salón BAT de arte popular https://forobatartepopular.blogspot.com/2020/02/el-salon-bat-en-la-salle.html

viernes, 13 de marzo de 2020

LAS MUJERES DEL ARTE POPULAR


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo
Fundación BAT

No sé por qué // pero la poquita gente que amo
siempre siempre // está deseando partir hacia algún lado…
O tal vez sí sé: // tierna espectadora de mis vigilias,
siempre siempre // estoy dispuesta a esperar…
Alcahueteando ausencias.

Recordando a Penélope. Beatriz Vanegas
Sacras, devotas, cuidadoras, resistentes, migrantes, amorosas, sabias, voluntariosas, alegres, amantes, comunitarias, perseverantes, transformadoras, inteligentes son algunas de las cualidades más loables de la mujer. Si buscamos entre las posibilidades representativas y simbólicas del arte, entre las imágenes y la poesía, surgen otras connotaciones que superan los roles, los sentimientos y las actividades que se les atribuyen como naturales. 

¿Cuáles son las paradojas que enfrentan? Sus memorias se enriquecen con infinitos detalles que ayudan a que las ausencias se conviertan en imágenes que esperan, recorren y regresan, buscando el espacio vital que desean ofrecer a quienes protegen. Vírgenes y Diosas de cosmovisiones indígenas, niñas y mujeres es sus rutinas de cuidado, fragmentos de historia, relatos y bailes tradicionales, corazones y estampillas que multiplican sus connotaciones, mestizaje y sincretismo que resguardan diversas ideas de identidad.
Las obras presentes en esta exposición evocan las diversas facetas de la memoria. En sus versiones evolutiva y genética es la mujer la única que puede hacerla posible como dadora y conservadora de la vida. La memoria consciente e inconsciente deambulan en el equilibrio entre la racionalidad y las emociones. Viven sus sentimientos y los expresan sin titubeos y con plenas convicciones. En su posibilidad divergente, la memoria se ofrece como una herramienta que concibe diversas perspectivas sobre una situación particular. Buscar el equilibrio depende de una trama divergente que rastrea puntos de encuentro. Pero más allá de sus diversas posibilidades, la memoria es la que alienta la experimentación el mundo como un infinito cúmulo de narraciones que permiten sentir el pasado en el presente, que persuaden para hacer visible lo ausente, que acercan lo que está lejano, que reencuentra lo que está vedado.
Pero más que enarbolar la importancia de la mujer es pertinente observar la potencia de lo femenino. Esta no es una cualidad exclusiva del género es, más bien, una forma de actuar en el mundo. Mientras lo femenino procura la belleza, lo masculino racionaliza y sintetiza. La belleza necesita tiempo para su descubrimiento, para su contemplación y experimentación. La razón compite con tiempo por ello su necesidad de síntesis. Lo femenino cuida con sutileza, protege y reproduce lo trascendental, lo masculino protege con fortaleza, provee y hace de lo útil una tarea fundamental. Lo femenino recuerda, espera y alcahuetea, lo masculino proyecta, se impulsa y deja de lado lo que no ofrece garantías. Diferenciar lo femenino de lo masculino es reconocer que ambos se pueden expresar alternadamente en una misma persona sin que prevalezca una función específica del género.
Ésta y otras evocaciones se observan en las obras de Rosa María Jerez, María Segunda Chavarro, Clara Ibeli Espinel, Laura Orjuela, Carmen Elvira Trujillo, Gloria Amparo Morales, Bella Luz Mejía, Isabel Crooke, Flor Estela Sierra, Alicia del Socorro Gómez, Juana Alicia Ruiz y Nohra González, artistas que han participado y ganado premios o menciones en las distintas ediciones del Salón BAT de arte popular.
La Fundación BAT y la Procuraduría General de la Nación presentan está exposición como homenaje a la mujer, durante todo el mes de marzo, no sólo para reconocer sus cualidades, sino también para pensar en aquellas paradojas en las que batallan y que son parte del aporte que hacen en la construcción social.

Qué cosa es el país, te preguntas a veces.
Quizá sea memoria fragmentada // que de vez en cuando te asalta
en forma de nombre o calles perdidas // y no sabes
si es el sitio al que regresas ahora // o el lejano lugar donde llegabas todos los días
fatigada de voz o de asfalto.

Postal. Luz Elena Cordero


martes, 18 de febrero de 2020

EL SALÓN BAT EN LA SALLE


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo, Fundación BAT

Entren los meses de febrero y marzo del año 2020 se presenta en la Universidad de La Salle, sede Candelaria, Hall de Exposiciones Hno. Cedric Benjamin una pequeña muestra de obras que hicieron parte del Gran Salón BAT de arte popular que se exhibió en la Sala de Exposiciones Débora Arango del Centro Cultural Gabriel García Márquez, FCE, en Bogotá.

Según el arduo proceso por el que transitan las obras, es coherente afirmar que el Gran Salón es el resultado de las reflexiones que se hicieron en torno a las 7 exposiciones regionales de selección y las 350 que las conformaron. Lo que, además, permite concluir que las 150 obras presentadas en el Gran Salón son las mejores de esta versión. Bajo esta premisa también se reconoce que por las limitaciones logísticas que supone la etapa de la itinerancia, y para la cual solo fueron escogidas 65 obras, se perdía la oportunidad de ofrecer otros espacios a las restantes, pues deben devolverse a los artistas. En este sentido y teniendo en cuenta que la misión de la Fundación BAT es la promoción del arte popular colombiano, se optó por acoger la oportunidad de llevar una pequeña muestra a la Universidad de La Salle para impactar una población educativa de 7000 personas aproximadamente.


Bajo el nombre “Resistentes y Peregrinos” el arte popular en el contexto universitario tiene el potencial de encontrar otras perspectivas, pues las obras escogidas tienen como eje transversal la mirada y lo que estas suponen dentro de este ambiente. Existen miradas de admiración, amorosas, cuestionadoras, indulgentes y castrantes que producen euforia, compromiso, respeto o temor. Otras son las miradas reflejadas en un espejo y que exige un ejercicio de autoreconocimiento que generalmente se escapa a la consciencia. Reconocemos algunas de nuestras emociones porque el cuerpo advierte sobre ellas, pero muchas veces pasan inadvertidas y no aceptamos sus influencias en nuestro comportamiento.

Consideremos ese mismo proceso en la Vida Universitaria, la cual no es exclusivamente académica porque fluye hacia otras facetas de la vida que el saber profesional no puede abarcar. La Vida Universitaria se produce y reproduce bajo las miradas de familiares, parejas, compañeros y funcionarios con los que compartimos alegrías, victorias, autoengaños, decepciones, y en casos más dramáticos, colapsos nerviosos y depresiones, sobre lo que se quiere, se puede y se logra. Las miradas peregrinas de estos retratos y las resistencias que impone la urbe acompañan a la Vida Universitaria desde un anonimato que obliga a esforzarnos por nuestras particularidades y a adaptarlas a una Vida Universitaria que está llena de retos que se deben resistir y superar en el peregrinaje de cada recorrido.
Los artistas que aceptaron esta invitación son: Laura Orjuela Restrepo, Sandra Cristina Escudero Gravino, Carlos Andrey Heredia Pérez, Sandra Milena Cristiano García, Daniela Varcárcel Hernández, Ana Lucía León Acevedo, Gustavo Tomás Moreno, Luis Fernando Jaramillo Gallego, José Emmanuel Ramírez Bastidas, Alexander Prada Contrata, Henry Villada Tamayo, Stefanny Cerquera Velasco, Luis Alberto Durán Delgado, Andrés Manrique Valencia, Juan Carlos Acosta Meza, Rubén Darío Bueno Fonseca, Eduardo Butrón Hodwalker, Alexander Osorio Campo, Gerardo Alberto Franco Gaviria, Astrid Torres Polanco, Adriana Rozo Rojas, Jaime Rojas Prieto, Miguel Ángel Echeverry Cruz, Hernán Darío Sáez Torres.

Gracias a todos ustedes por aceptar esta invitación.



lunes, 3 de febrero de 2020

ARTE Y TERRITORIO


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo, Fundación BAT

Una de las conclusiones más fuertes que se sustrae del proceso de largo aliento en el que se han empeñado los artistas que participar permanente en las convocatorias del Salón BAT de arte popular, es la importancia e influencia que ejercen sus territorios a la hora de explorar creativamente las temáticas propuestas, para cada versión, por parte de la Fundación BAT.

Bicentenario de la Independencia, Identidad regional, Colombia pluriétnica y multicultural, y Lo popular entre lo rural y lo urbano son temas que tienen como raíz central la necesidad de pensar el país de una manera diferente a las informaciones que circulan en los medios de comunicación, a las ideas que se analizan en los currículos académicos o a las opiniones que se escuchan en las calles. La idea de territorio abarca mucho más que el espacio geográfico y entra en consideración la relación de saberes que lo identifican y sus necesidades de actualización según la exigencias y contingencias que aparecen día tras día. Una cosa es habitar el territorio como lugar de encuentro y acontecimiento y otra es lo que se experimenta estética y emocionalmente según las creencias y significados que dan soporte a la existencia.

Por ello, pensar el territorio a través del arte invita a salir de los preceptos culturales y espaciales para atreverse a ver las sincronías y disfuncionalidades que surgen en las relaciones con otras lógicas territoriales. Aquí hablamos del campo y la ciudad, y de las consecuencias particulares que se han creado en torno al conflicto armado en Colombia y que aún, después del acuerdo de paz, siguen sin soluciones concretas. Generalmente los artistas se interesan en mostrar las consecuencias porque son más palpables y pueden ser registradas y reconocidas en la obra de arte, pues sus causas son tan complejas y etéreas que es muy difícil pensar en imágenes que las sinteticen.

También hablamos de los procesos que se han generado por la globalización y la apertura a todo lo que sucede a escala planetaria. La avalancha de conocimientos, informaciones y creencias, sin descuidar motivaciones, deseos y esperanzas de culturas y sociedades asentadas en territorios distantes y casi inalcanzables, también se filtran, sin darnos cuenta, en las obras de arte que parecen autóctonas de algún territorio particular del país. Parece que es cada vez es menos probable que el arte se refiera al terruño del artista, sin que exista alguna versión foránea que influya en la interpretación algún aspecto en particular. Pensemos, por ejemplo, la aparición de las chaquiras en el proceso artesanal de las comunidades indígenas del Putumayo.




Recordemos la abrumadora historia del narcotráfico y el despojó de tierras que implicó y su similitud al proceso de colonización que padecieron los muiscas con la llegada de los españoles en la obra Balsa precolombina, de Jaime Martínez. Observemos el Chinkungunya metálico, de César Giraldo y su clara relación con las epidemias trasnacionales como la que se vive hoy, el coronavirus. Analicemos el sincretismo de ¡Yo sigo reinando!, obra de Nohora González. Empaticemos con la profunda tristeza que trasmite la talla en madera de Pablo Córdoba, Ya lo malo pasó. Disfrutemos con el agudo humor de la experiencia globalizadora de Paisanos Now, de Daniela Varcárcel y, busquemos información sobre las profundas consecuencias que acompañan a la industria multinacional de alimentos, que nos sugieren las papas Pringles en la obra de Giovanny Pinto, llamada El imaginario, la brecha.


Las obras mencionadas y otras más nos hablan de territorios fértiles más allá de la agricultura, pues las lógicas de la identidad y los patrimonios culturales están siendo expuestas a infinitas novedades que suscitan reacciones protectoras. La novedad exige herramientas de comprensión que probablemente no existen en las comunidades. Otro es el entramado de nuevos valores que aparecen y que se aceptan de manera acrítica. Valores como la productividad, la competitividad y la estandarización se presentan como los grandes redentores de las comunidades tradicionales ¿acaso no existía una economía basada en el trabajo y el intercambio que mantenía el equilibrio entre los territorios? ¿para qué competir si se logran mayores cosas con la dinámica solidaria? ¿por qué tenemos que ser iguales, si en nuestras diferencias es donde se sustenta la riqueza cultural de los pueblos? Todas estas son versiones de lo que trasmite el arte, pues sus claves representativas y simbólicas permiten abordar este tipo de complejidades y que cada vez son más recurrentes en los territorios.

¿QUÉ TIPO DE SINCRONÍAS Y DISCONTINUIDADES PERCIBES EN LAS OBRAS PRESENTADAS EN EL SALÓN BAT?

jueves, 9 de enero de 2020

DIÁSPORA DE MAMPUJÁN




Por: Elkin Bolaño Vásquez

En la última feria de “Expoartesanías 2019” la Fundación BAT en alianza con Artesanías de Colombia realizaron un homenaje a las Tejedoras de Mampuján por medio de una exposición en la que se presentaron 9 telares que tiene en custodia el Museo Nacional de Colombia y que serán parte de la colección permanente del Museo de Memoria de Mampuján cuando este sea terminado y entregado a sus habitantes. También se exhibieron algunos de los elementos cotidianos más significativos de la región para proponer algunas lecturas cruzadas entre los telares y la vida diaria. Allí se encontraban una mecedora, un sombrero, un machete, una tinaja, una lámpara a gas y otros enceres.

Adicionalmente, también se podían apreciar telares en pequeño formato que fueron resultado de talleres que las Tejedoras hicieron en distintos municipios del Departamento de Bolívar y que fueron auspiciados por la Fundación BAT y el Instituto Departamental de Cultura y Turismo de Bolívar (Icultur).

En relación con los 9 telares prestados por el Museo Nacional de Colombia, se observó que las Tejedoras vuelven su vista al pasado para remontarse a su origen afrodescendiente para revisar las distintas desventuras sufridas por su pueblo desde el continente africano. Cada telar tiene un título y describe sin prevenciones las situaciones de un pasado que aún las acecha en el presente. 1. África raíz libre, 2. Travesía, 3. Subasta, 4. Rebelión, 5. Llegada del cimarrón a la libertad, 6. Actividad cotidiana del cimarrón, 7. Origen del desplazamiento, 8. Hacinamiento, 9. Secuestro.

La característica que es trasversal a la mayoría de estas piezas es la representación de actividades cotidianas que por distintas razones se fracturan. Esto supone la aprehensión de la importancia del territorio cuyo significado está más allá de un espacio geográfico, y que supone un intrincado intercambio de relaciones de poder desde los cuales se distribuyen los roles y responsabilidades de sus habitantes, esto es, donde se aceptan y reproducen los comportamientos y los acuerdos. En últimas es donde se siembran y cultivan las culturas. Cocinar en fogón de leña, recoger agua en los ríos aledaños, el cuidado y los juegos de los niños, la cría de animales de granja y las actividades agrícolas son las actividades que estructuran su cultura y alimentan la solidaridad. Al desarticularse estos modos de vida las comunidades quedan en un limbo que termina en el desarraigo, en la pérdida del territorio. Por ello la importancia del territorio y la necesidad de volver la mirada a África desde donde inicia la gran diáspora afrodescendiente. Si bien los mampujenses no conservan una lengua propia, tal como sucede con los palenqueros de San Basilio que están apostados en el mismo departamento de Bolívar, es evidente que aún conservan algunas de las tareas cotidianas de su continente originario.

Sin lugar a dudas este es uno de los elementos más significativos de la labor que hacen las Tejedoras y por ello podemos hablar de una diáspora que esparcen tanto en espacios nacionales como internacionales, pues a través de una actividad cotidiana que no exige ausentarse de sus hogares, más que para atender algunas reuniones periódicas, reivindican las tareas del día a día como un hacer permanente que otorga distintos significados a la vida y refuerza sus vínculos culturales propios del territorio. Por ello, al pensar esta exposición se tenía en el horizonte de alternativas las decisiones que tomaron los habitantes al retornar a su terruño y construir el Nuevo Mampuján, pues necesitaban reapropiarse de aquello que se les habían arrebatado.

Las ruinas del antiguo Mampuján adquirieron un carácter simbólico, una suerte de contramonumento que conmemora su tragedia más cercana, el desplazamiento masivo de 245 familias en marzo del año 2000 a manos de un grupo de paramilitares. En estas ruinas las familias y demás habitantes se reunían para hablar de lo ocurrido, pero especialmente, su interés era mostrar su pasado a las nuevas generaciones y así reconstruir una historia dispersa que pocas instituciones se interesan en recopilar y contar. En este sentido la construcción de memoria se inicia en las interpretaciones e historias que se pueden contar al establecer relaciones entre los objetos abandonados, las ruinas y los telares.

La utilización de retazos de tela, sus colores llamativos y la habilidad de coser que se otorga a las mujeres permitieron que las Tejedoras encontraran un modo de comunicar lo que permanecía oculto en sus entrañas y que no podían enunciar con palabras precisas. Darles forma a esos retazos ayudó a aflorar sentimientos que pudieron describir. Alrededor de todo este ejercicio invaluable de las Tejedoras, vale la pena preguntarse sobre las estrategias que usaron los hombres mampujenses para construir sus propios duelos, cuáles serán sus versiones de aquel marzo del año 2000.

Ayúdanos a recopilar las versiones masculinas del desplazamiento de Mampuján, estas también son elementos invaluables de la diáspora.

jueves, 5 de diciembre de 2019

SOLIDARIDADES ENTRE ARTE Y ARTESANÍA



Por: Elkin Bolaño Vasquez
Fundación BAT

Empeñada en la promoción de las habilidades de los artistas empíricos, la Fundación BAT Colombia ofrece para Expoartesanías 2019 un diálogo entre las potencialidades que tienen los materiales tradicionales de la artesanía para acercarse al arte y la intuición creativa que busca resultados cercanos a la estética contemporánea. Durante los 15 años de observación directa del arte popular en Colombia se reconoce el esfuerzo de trasformación de materiales que se imponen los artesanos y artistas para perfecciona sus resultados. Exigencia que se percibe, por un lado, en que los primeros busquen con más ahínco transitar el camino hacia el arte y, en la otra orilla, los segundos experimenten con mayor entusiasmo las tropiezos y fragilidades que caracterizan los materiales.

En ese mismo espíritu de diálogo se presentan trabajos de artistas de Colombia y Venezuela que las fundaciones BAT y Bigott han promocionado y con los cuales se representa la transición de la artesanía hacia el arte y la manifestación de lo tradicional en clave contemporánea. Los artistas apoyados por Biggot tienen dos elementos en común. En primer lugar, la representación de la religiosidad popular en su colorido y la propensión al encuentro masivo que la convierte una celebración que alimenta la solidaridad. Orar como se muestra en la serie de Ángeles de María Yolanda Medina, tener posición de sumisión tal como lo representa Cirilo Rodríguez con su obra La Chamicera, insistir en la representación de la Sagrada Familia como lo hace Uvi Díaz se convierten en preludio del trabajo de Palmira Correa cuando se detiene en la versión festiva de sacramentos como el matrimonio o la primera comunión.


El segundo elemento tiene que ver con el deseo de todos estos artistas de transformar los materiales que les ofrece su entorno cotidiano, en especial la madera y la tela.  El uso de estos materiales reafirma que la creatividad aplicada al arte va mucho más allá de la técnica, pues siempre se descubren nuevas formas de interpretar temas comunes. Así la religiosidad popular se convierte en una máquina de ideas que los artistas reconfiguran para crear nuevas propuestas.

En el caso de Colombia fueron convocados los siguientes artistas: Nohra González Reyes, identifica que su interés por la iconografía religiosa se origina en la huella que dejó el habitar todas sus vacaciones de infancia el almacén de artículos religiosos propiedad de una tía en Sogamoso. Los corazones que propone surgen de los nuevos significados y estados emocionales que se atribuyen a esté ícono. Flor Estela Sierra Gallo, talladora incansable que tiene marcada su historia en sus manos. Su voluntad la compara con la decisión de aquellos campesinos que se dirigen a las grandes ciudades con la esperanza de encontrar mejores condiciones de vida, pero que entre la nostalgia y el agotamiento por ofrecer su mejor esfuerzo no son reconocidos por la urbe que se beneficia de ellos.

María Fernanda Mantilla Silva, volca su aprendizaje universitario para descifrar el encanto de la estética popular que la rodea. Con sus miniaturas busca resaltar la importancia que tiene la economía informal como punto de encuentro de las comunidades. Laura Orjuela Restrepo, por la falta de medios y materiales sofisticados de su origen campesino se propuso enaltecer los colores y las texturas de las hojas propias de su región. Con este material creó un lenguaje de las hojas con el cual intenta contar su propia historia.

Carlos Egidio Moreno Perea, usa la pintura y la escultura para realizar su trabajo y en este se identifica que el potencial humano se circunscribe a la valoración de sus tradiciones, sus narrativas, sus celebraciones, su historia y los presenta con la estética que predomina en la actualidad. Daniel Carvajal Cadavid, debido a una experiencia religiosa que inundó su ser de la compasión de la Virgen decide empeñar sus esfuerzos y conocimientos en su fe y la iconografía católica. En su búsqueda se apropió de la estética de la religiosidad popular y de la versatilidad que la bisutería ofrece.

Cesar Augusto Ortiz, quien se esmera en perfeccionar su técnica de óleo sobre urdimbre, estimula con perspicacia y diversión ese impulso innato de voyerismo que nos hace buscar detrás de cada hilo de sus obras. Gloria Amparo Morales, perfeccionó su técnica al copiar las obras de los grandes maestros del claroscuro. Ahora se dedica a representar la vida tradicional de la costa del pacífico, donde la unión del cielo y mar nos ofrece pistas del infinito y del espíritu que se necesita para habitar ese espacio insondable.

Santiago Cifuentes Mejía, miniaturista virtuoso que combina su visión artística entre un taller de artesanías hechas en resina, el modelado en arcilla y el vaciado en bronce por encargo. Con su arte busca resaltar la cultura de su tierra y para ello busca el detalle identitario del mundo que lo rodea. Luis Nicolás Camargo Pérez, encuentra el soporte de sus obras en objetos de uso cotidiano que hacen parte de las tradiciones tierra. En sus Bateas representa las corralejas y las ruedas de porro que son emblemas distintivos de la costa caribe colombiana.