lunes, 4 de mayo de 2020

ARTE Y PANDEMIA

EL LEPROCOMIO DE AGUA DE DIOS


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo
Fundación BAT

Al hacer una rápida revisión del arte que se ha producido después de las pandemias que han azotado a la humanidad, se observan las siguientes generalidades. La primera de ellas es que las obras están motivadas por mostrar los horrores, es decir, es representacional en la medida en que buscan capturar algún grado de fidelidad de los sucesos. La segunda, que es consecuencia del carácter veritativo de la anterior, es que se convierten en documentos históricos y sociológicos de la época, de los que, por lo general, se analizan las imputaciones que recaen sobre los extranjeros, quienes se dedican al comercio, sobre los ricos o sobre los pobres. Esta segunda característica la podemos llamar documental.

El tercer caso es el reconocido como simbólico, debido a que su preocupación estriba en las diversas formas de presentar la muerte, particularmente como un personaje implacable y sin ningún asomo de compasión. Por último, el arte que se crea a partir de las complejidades de las pandemias también puede tener un carácter religioso, pues el sufrimiento supone castigos merecidos por vivir en el pecado.

En los siglos anteriores, el conocimiento de los acontecimientos pandémicos sucedía a través de la observación o el sufrimiento directo, por la información oral y por la literatura, es decir, que los artistas configuraban sus obras buscando una síntesis de todo cuanto veían, sufrían, escuchaban y leían, en relación con sus creencias e investigaciones personales.

No obstante, tales características parecen limitadoras para comprender la pandemia que nos tocó vivir, especialmente, cuando las decisiones sobre el control de esta crisis se dividen entre la prevalencia de la vida humana o las consecuencias económicas, como si estas dos visiones fueran antagónicas. Pese a ello, el interés de las siguientes líneas es recordar, por medio de una obra, una enfermedad de implicaciones planetarias y que permitió decisiones similares a las actuales.

En 2012 el artista empírico Silvestre Prado Castro, originario del municipio de Agua de Dios, Cundinamarca, presentó su obra La Coscoja, una talla en piedra de arcilla, en el IV Salón BAT de arte popular. Silvestre Prado asumió con particular entusiasmo este espacio y se dedicó a explicar a los visitantes la historia de su pueblo y porque había escogido a la coscoja como su emblema particular.

Agua de Dios es un municipio cuyo origen se remonta a la decisión del Gobierno Nacional de crear en 1894, en ese territorio, un Leprocomio, un asentamiento de personas enfermas de lepra. El estricto confinamiento de estos pobladores duró 68 años, momento en que se reconoce que la enfermedad de Hansen, como científicamente se conoce, no es tan infecciosa y mortal como se suponía. Si bien es trasmisible, deben coincidir varios factores para su contagio: varios años en contacto permanente con un enfermo, un sistema inmune débil por parte de la persona sana y circunstancias de insalubridad extremas.

La ignorancia científica tuvo resultados en doble vía. En primer lugar, que es la visión generalizada desde afuera, las estigmatizaciones alcanzaban a las personas que tuvieran defectos genéticos que comprometieran su apariencia. La “fealdad” se convirtió en síntoma de la enfermedad. Esto supuso que la mejor manera para evitar los contagios, ya que no existía un tratamiento médico efectivo, era mantenerlos alejados del mundo sano. Para ello, el gobierno decidió hacer un encerramiento de 2 km2 con alambre de púas, pues la “maldición” de esta enfermedad no debía alcanzar al resto del país. Así el aislamiento y el destierro se volvieron “sagrados”, a tal punto, que estos condenados perdían sus derechos de ciudadanía.

En segundo lugar, que es la convivencia al interior del alambrado, los desahuciados vivían en un ambiente tranquilo donde se procuraba el bienestar de los demás, la baja autoestima, en relación con el rechazo, desaparece, lo que convierte el confinamiento en una especie de santuario. En estas circunstancias el amor florece y la población aumenta hasta alcanzar el número de habitantes que, por ley, se requiere para ascender, a la categoría de municipio, a una población. Con esto, también se demuestra que la enfermedad de Hansen no es hereditaria. De igual manera, las expresiones artísticas hicieron su aparición. Pese a la ausencia de la educación para estos pobladores, la comunidad salesiana, además del alivio espiritual, introduce en la población diversos oficios artesanales y artísticos que a la postre rinden sus propios frutos en la música, en el arte y en las letras.

Al establecer La Coscoja como emblema de su pueblo, Silvestre Prado nos recuerda que ni el dinero podía salir del confinamiento, por lo que se creó la coscoja como la moneda local y que operaba de manera similar a la Lira Vaticana de la Ciudad del Vaticano, debido a que no tenían ningún valor fuera del territorio. Como ejercicio reflexivo, podemos encontrar en este elemento de uso cotidiano y elevado a la categoría de arte, más de medio siglo después, las características representacional, documental, simbólica y religiosa que se identifican en el arte surgido de una pandemia.

¿QUÉ OTROS PADECIMIENTOS HA VIVIDO COLOMBIA QUE IMPLIQUEN AISLAMIENTO, DESTIERRO, ESTIGMATIZACIÓN, PÉRDIDA DE DERECHOS Y CONFINAMIENTO?

¡Tu ayuda es importante!

sábado, 11 de abril de 2020

HAIKUS PARA EL ARTE


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT

El haiku es un género poético originario del Japón, con tres versos cortos y sin rima, que busca enaltecer la belleza de la naturaleza y los detalles imperceptibles de la vida cotidiana.

Explorando las sutilezas de esta expresión milenaria encontré algunos poemas del maestro Yo-Yi-Toh, practicante del Budismo Zen hacia el siglo VIII en la Dinastía T´ang, que sugieren imágenes y sentimientos que podrían impulsar a la voluntad artística que en estos momentos está empeñada en traducir, en obras, toda la maraña de experiencias que produce la pandemia actual. De sus más de 2000 poemas registrados, pero de difícil acceso, encontré un pequeño puñado de ellos y seleccione 19, símbolo numérico del virus, porque se sienten vigentes, y los pongo a consideración como parte del aporte social que hace el arte, especialmente en los momentos de crisis.

Propongo 19 Haikus y un Covid como un título alegórico para guiar las interpretaciones de cada uno de estos poemas y que, a su vez, ayude a refinar la idea que vienen trabajando o que sienten incompleta.


19 HAIKUS Y UN COVID

Escucha y observa sin distracción
millones de patas sin deambular
la cucaracha oculta está 
El pétalo cae con ternura
su peso no soporta más
las aglomeraciones desaparecen
Esperamos del espejo
su respuesta silenciosa
reiterada como el hambre
Polen del planeta
estornudo sin remedio
creemos que dominamos
Paredes resguardan belleza
pocos saben dónde está
¡se escapó!
La luz prefiere colores
Una y múltiple
confianza en el encuentro
Ventanas buscan esperanza
¡la reconocí!
oculta de las exigencias
Nubes que todo imaginan
formas y caricias
sueños de penitenciaría
Escarabajo ¡viva es excremento!
agricultor ¡viva el compostaje!
gracias por la letrina
Sigues el camino de la grieta
abre tus pétalos al sol
abeja en copula terminó
Cientos de rocas y una flor
contempla la perennidad
asciende sin preocupación
                                                           Una lágrima para olvidar
                                                           otra en el encuentro
                                                           corazón marchitado
Recuerdos quieren ternura
ayer compasivo
sombras en la iluminación
Alguien espera por ti
sombra leal
puerta de ilusiones
                                                           Mosquito taciturno
                                                           aplausos de despedida
                                                           fiebre delirante
Ideas atropelladas
paredes sin color
aburrimiento sin quehacer
Olfato sin exquisitez
labios para el amor
compasión angustiada
                                                           Destello en la ventana
                                                           sueños fugitivos
                                                           alas que buscan anfitrión
Tapia enmohecida
mundo inesperado
yo sintiéndome magno

Confío que estos haikus sean un impulso vital.

lunes, 23 de marzo de 2020

ARTE vs COVID19


Ahora más que nunca el mundo necesita saber cuál es el rol social que tiene el arte. Ahora es el momento que los artistas traduzcan todas las emociones encontradas, que se experimentan por causa del coronavirus, en imágenes de esperanza, solidaridad y calidez humana que necesitan sentir las personas resguardadas en sus casas al lado de sus familiares, aquellas otras que están solas y lejos de sus seres queridos, otras tantas que deambulan sin rumbo fijo por las calles cuya única expectativa es la supervivencia.



¿Qué podemos hacer todos aquellos que trabajamos en el mundo del arte (artistas, gestores culturales e instituciones) para cambiar la idea de que el arte es un producto suntuario?

¿Cómo podemos llevar arte a las familias, a los solitarios y a los errantes que sienten que su potencial productivo, imaginativo y creativo se reduce en los espacios en los que están reguardados u olvidados?

¿Qué podemos hacer desde el arte para alimentar la fortaleza espiritual, la valentía psicológica, la perseverancia racional y la salud corporal a todos aquellos que deben salir a trabajar para garantizar la tranquilidad, la salud y el abastecimiento de los pueblos?

Estas y muchas más preguntas necesitan respuestas inmediatas y compresivas, acciones poderosas y ecuánimes, arte para la sociedad y no para el mercado.

Aquí una semilla:
  • ·         Se convoca a los artistas para que creen obras que estén relacionadas con la pandemia del Covid19
  • ·         Que su motivación artística se origine en análisis meditados de su situación particular en contraste con las consecuencias sociales.
  • ·         Que la obra sea en clave positiva porque urge la necesidad de reducir las oleadas de miedo y pánico que vive la población y contribuir en el restablecimiento del equilibrio psicológico.
  • ·         Tener en cuenta capacidades humanas como la solidaridad, la esperanza, el trabajo colaborativo, el amor, la fraternidad, el respeto, la confianza, el compromiso, la lealtad, la amistad y otras tantas capacidades y emociones que han permitido a la humanidad unirse para la consecución del bien común.
  • ·         Se recomienda realizar la obra en pequeño formato: bidimensional 50x50cm, tridimensional 30x30x30 máximo, medios audiovisuales 2 minutos. Los tamaños y tiempo se sugieren como máximos.
  • ·         La convocatoria no es un concurso, por tanto, no hay premios ni reconocimientos monetarios. La intención es que la voluntad creativa de los artistas aporte emociones positivas y calidez humana en medio de la zozobra y la angustia existente.
  • ·         Si bien esta propuesta queda abierta a partir del momento de su publicación, 23 de marzo, no resulta coherente definir una fecha de cierre, pues las difíciles condiciones actuales imposibilitan deducir cuanto tiempo permanecerán las consecuencias psicológicas. La producción de obras y la promoción de estrategias para mostrar el aporte social del arte es un asunto individual y depende del carácter de urgencia que sienta cada quien para ofrecer su aporte.
  • ·         Se recomienda tomar una fotografía después de finalizada la obra y redactar una pequeña explicación (guía comprensiva) de la misma, con el propósito de compartirla en sus redes sociales y en las redes sociales de los participantes e interesados. Así se estimula el trabajo colaborativo porque lo que debemos buscar es transcender la autopromoción para hacer conocer el aporte de los demás. No olvidar que es importante incluir la ficha técnica de la obra: autor, titulo, técnica y/o materiales usados, ciudad o municipio y dimensiones.
  • · Se solicita enviar la información antes mencionada al correo fundacionbatcolombia@gmail.com para crear un repositorio de todas las obras y así tener la posibilidad se diseñar propuestas curatoriales que contribuyan a aumentar las posibilidades interpretativas y de aporte social del arte.
  • ·         Dependiendo de las posibilidades de superación de las consecuencias del Covid19, de la disponibilidad y margen de operación de la infraestructura cultural del país se puede pensar en la posibilidad de hacer exposiciones con el interés de contribuir con las instituciones culturales afectadas.


Parafraseando a Fito Páez:

A través del arte, debemos salir a ofrecer nuestro corazón

Comentarios, sugerencia e inquietudes escribir en la opción de comentarios de este Blog o en el e-mail: fundacionbatcolombia@gmail.com
Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT


sábado, 14 de marzo de 2020

LA MAGIA DEL RETRATO

Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo
Fundación BAT

Un ejemplo imprescindible para analizar la relación entre el arte y la realidad es el esfuerzo que hace un pintor retratista cuando se enfrenta directamente a su modelo, pues su virtuosismo se valorará de acuerdo al parecido que logre sobre el lienzo. Este fue el reto al que se expusieron los artistas Alexander Prada y Andrés Alarcón con la actriz María del Rosario Barreto, quien como modelo hizo parte de la demostración del talento de estos pintores para captar no solo su apariencia física, sino también su estado de ánimo. El taller de retrato en vivo fue realizado el 12 de marzo en el marco de la exposición Resistentes y peregrinos en la sede Candelaria de la Universidad de La Salle[1].


Las personas están acostumbradas a valorar los resultados finales de todos los productos que se intercambian en la sociedad, desde los zapatos y los aviones hasta la música y el arte, descuidando uno de los bienes más preciosos de la vida, el proceso. Son muy pocas las personas que se esmeran por identificar o entender cuál ha sido el proceso para lograr algún resultado que inspire admiración y de esto no se ha escapado el arte. Comparar la demostración de cómo se pinta un retrato con una modelo en vivo con algo mágico, no es una pretensión de sobrevalorar la actividad, pues el cerebro tiene en su dotación biológica elementos que permiten que la observación de este tipo de proceso se sienta mágico.

Lo primero es la conexión emocional y de confianza que debe trasmitir el pintor a su modelo, pues ella no sólo permanecerá inmóvil el tiempo que sea necesario, sino que entre sus pensamientos deambulará la idea de que el resultado podría ser incómodo para su autoestima. Mientras que el retratista conversa para establecer dicha conexión también analiza pausadamente todos sus gestos y facciones, y con algunas técnicas de iluminación destacará lo que desea resaltar en el retrato. La modelo no sabe que es lo que el artista busca ella por eso es necesario que confíe. En adelante en trabajo de retratar es enfrentarse al lienzo y el primer trazo indicará la seguridad del artista para realizar la tarea.

Después de varias pinceladas la magia comienza a materializarse y esto se debe no sólo al virtuosismo del pintor, sino a la sobreestimulación que experimenta el cerebro al ver un rostro, pues se presenta como una imagen enigmática que necesita ser descubierta. Esta reacción del cerebro hace parte del proceso de evolución del ser humano para la adaptación y la supervivencia. Detectar las interacciones que pueden aparecer y desaparecer, en pocos segundos, entre los 43 músculos de la cara es de vital importancia para reconocer las emociones y facilitar o limitar los vínculos sociales, debido a que en las relaciones interpersonales lo que predomina es el lenguaje no-verbal, el lenguaje del cuerpo.

Algo más atrayente para considerar esta actividad como algo mágico es cuando aparece la mirada en el lienzo y se reconoce alguna emoción, pues aun cuando racionalmente se entiende que es una pintura el cerebro, en su proceso sináptico, no hace esa diferenciación y con la intervención de las neuronas espejo el espectador puede sentir empatía por el estado emocional que se observa en el retrato.

Otro resultado no previsto en esta demostración de talento artístico, es que el Hall de Exposiciones Hno. Cedric Bejamin de la Universidad de La Salle se llenó de un aura mística que llamó la atención de más 120 personas entre estudiantes y funcionarios que contemplaron con admiración este encuentro. Sin lugar a dudas fue un momento mágico el que ofrecieron los artistas Prada y Alarcón al extraer del lienzo vacío retratos admirables.

Para una ampliación sobre el retrato consultar:




[1] Esta exposición es una pequeña muestra del VI Salón BAT de arte popular https://forobatartepopular.blogspot.com/2020/02/el-salon-bat-en-la-salle.html

viernes, 13 de marzo de 2020

LAS MUJERES DEL ARTE POPULAR


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo
Fundación BAT

No sé por qué // pero la poquita gente que amo
siempre siempre // está deseando partir hacia algún lado…
O tal vez sí sé: // tierna espectadora de mis vigilias,
siempre siempre // estoy dispuesta a esperar…
Alcahueteando ausencias.

Recordando a Penélope. Beatriz Vanegas
Sacras, devotas, cuidadoras, resistentes, migrantes, amorosas, sabias, voluntariosas, alegres, amantes, comunitarias, perseverantes, transformadoras, inteligentes son algunas de las cualidades más loables de la mujer. Si buscamos entre las posibilidades representativas y simbólicas del arte, entre las imágenes y la poesía, surgen otras connotaciones que superan los roles, los sentimientos y las actividades que se les atribuyen como naturales. 

¿Cuáles son las paradojas que enfrentan? Sus memorias se enriquecen con infinitos detalles que ayudan a que las ausencias se conviertan en imágenes que esperan, recorren y regresan, buscando el espacio vital que desean ofrecer a quienes protegen. Vírgenes y Diosas de cosmovisiones indígenas, niñas y mujeres es sus rutinas de cuidado, fragmentos de historia, relatos y bailes tradicionales, corazones y estampillas que multiplican sus connotaciones, mestizaje y sincretismo que resguardan diversas ideas de identidad.
Las obras presentes en esta exposición evocan las diversas facetas de la memoria. En sus versiones evolutiva y genética es la mujer la única que puede hacerla posible como dadora y conservadora de la vida. La memoria consciente e inconsciente deambulan en el equilibrio entre la racionalidad y las emociones. Viven sus sentimientos y los expresan sin titubeos y con plenas convicciones. En su posibilidad divergente, la memoria se ofrece como una herramienta que concibe diversas perspectivas sobre una situación particular. Buscar el equilibrio depende de una trama divergente que rastrea puntos de encuentro. Pero más allá de sus diversas posibilidades, la memoria es la que alienta la experimentación el mundo como un infinito cúmulo de narraciones que permiten sentir el pasado en el presente, que persuaden para hacer visible lo ausente, que acercan lo que está lejano, que reencuentra lo que está vedado.
Pero más que enarbolar la importancia de la mujer es pertinente observar la potencia de lo femenino. Esta no es una cualidad exclusiva del género es, más bien, una forma de actuar en el mundo. Mientras lo femenino procura la belleza, lo masculino racionaliza y sintetiza. La belleza necesita tiempo para su descubrimiento, para su contemplación y experimentación. La razón compite con tiempo por ello su necesidad de síntesis. Lo femenino cuida con sutileza, protege y reproduce lo trascendental, lo masculino protege con fortaleza, provee y hace de lo útil una tarea fundamental. Lo femenino recuerda, espera y alcahuetea, lo masculino proyecta, se impulsa y deja de lado lo que no ofrece garantías. Diferenciar lo femenino de lo masculino es reconocer que ambos se pueden expresar alternadamente en una misma persona sin que prevalezca una función específica del género.
Ésta y otras evocaciones se observan en las obras de Rosa María Jerez, María Segunda Chavarro, Clara Ibeli Espinel, Laura Orjuela, Carmen Elvira Trujillo, Gloria Amparo Morales, Bella Luz Mejía, Isabel Crooke, Flor Estela Sierra, Alicia del Socorro Gómez, Juana Alicia Ruiz y Nohra González, artistas que han participado y ganado premios o menciones en las distintas ediciones del Salón BAT de arte popular.
La Fundación BAT y la Procuraduría General de la Nación presentan está exposición como homenaje a la mujer, durante todo el mes de marzo, no sólo para reconocer sus cualidades, sino también para pensar en aquellas paradojas en las que batallan y que son parte del aporte que hacen en la construcción social.

Qué cosa es el país, te preguntas a veces.
Quizá sea memoria fragmentada // que de vez en cuando te asalta
en forma de nombre o calles perdidas // y no sabes
si es el sitio al que regresas ahora // o el lejano lugar donde llegabas todos los días
fatigada de voz o de asfalto.

Postal. Luz Elena Cordero


martes, 18 de febrero de 2020

EL SALÓN BAT EN LA SALLE


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo, Fundación BAT

Entren los meses de febrero y marzo del año 2020 se presenta en la Universidad de La Salle, sede Candelaria, Hall de Exposiciones Hno. Cedric Benjamin una pequeña muestra de obras que hicieron parte del Gran Salón BAT de arte popular que se exhibió en la Sala de Exposiciones Débora Arango del Centro Cultural Gabriel García Márquez, FCE, en Bogotá.

Según el arduo proceso por el que transitan las obras, es coherente afirmar que el Gran Salón es el resultado de las reflexiones que se hicieron en torno a las 7 exposiciones regionales de selección y las 350 que las conformaron. Lo que, además, permite concluir que las 150 obras presentadas en el Gran Salón son las mejores de esta versión. Bajo esta premisa también se reconoce que por las limitaciones logísticas que supone la etapa de la itinerancia, y para la cual solo fueron escogidas 65 obras, se perdía la oportunidad de ofrecer otros espacios a las restantes, pues deben devolverse a los artistas. En este sentido y teniendo en cuenta que la misión de la Fundación BAT es la promoción del arte popular colombiano, se optó por acoger la oportunidad de llevar una pequeña muestra a la Universidad de La Salle para impactar una población educativa de 7000 personas aproximadamente.


Bajo el nombre “Resistentes y Peregrinos” el arte popular en el contexto universitario tiene el potencial de encontrar otras perspectivas, pues las obras escogidas tienen como eje transversal la mirada y lo que estas suponen dentro de este ambiente. Existen miradas de admiración, amorosas, cuestionadoras, indulgentes y castrantes que producen euforia, compromiso, respeto o temor. Otras son las miradas reflejadas en un espejo y que exige un ejercicio de autoreconocimiento que generalmente se escapa a la consciencia. Reconocemos algunas de nuestras emociones porque el cuerpo advierte sobre ellas, pero muchas veces pasan inadvertidas y no aceptamos sus influencias en nuestro comportamiento.

Consideremos ese mismo proceso en la Vida Universitaria, la cual no es exclusivamente académica porque fluye hacia otras facetas de la vida que el saber profesional no puede abarcar. La Vida Universitaria se produce y reproduce bajo las miradas de familiares, parejas, compañeros y funcionarios con los que compartimos alegrías, victorias, autoengaños, decepciones, y en casos más dramáticos, colapsos nerviosos y depresiones, sobre lo que se quiere, se puede y se logra. Las miradas peregrinas de estos retratos y las resistencias que impone la urbe acompañan a la Vida Universitaria desde un anonimato que obliga a esforzarnos por nuestras particularidades y a adaptarlas a una Vida Universitaria que está llena de retos que se deben resistir y superar en el peregrinaje de cada recorrido.
Los artistas que aceptaron esta invitación son: Laura Orjuela Restrepo, Sandra Cristina Escudero Gravino, Carlos Andrey Heredia Pérez, Sandra Milena Cristiano García, Daniela Varcárcel Hernández, Ana Lucía León Acevedo, Gustavo Tomás Moreno, Luis Fernando Jaramillo Gallego, José Emmanuel Ramírez Bastidas, Alexander Prada Contrata, Henry Villada Tamayo, Stefanny Cerquera Velasco, Luis Alberto Durán Delgado, Andrés Manrique Valencia, Juan Carlos Acosta Meza, Rubén Darío Bueno Fonseca, Eduardo Butrón Hodwalker, Alexander Osorio Campo, Gerardo Alberto Franco Gaviria, Astrid Torres Polanco, Adriana Rozo Rojas, Jaime Rojas Prieto, Miguel Ángel Echeverry Cruz, Hernán Darío Sáez Torres.

Gracias a todos ustedes por aceptar esta invitación.



lunes, 3 de febrero de 2020

ARTE Y TERRITORIO


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo, Fundación BAT

Una de las conclusiones más fuertes que se sustrae del proceso de largo aliento en el que se han empeñado los artistas que participar permanente en las convocatorias del Salón BAT de arte popular, es la importancia e influencia que ejercen sus territorios a la hora de explorar creativamente las temáticas propuestas, para cada versión, por parte de la Fundación BAT.

Bicentenario de la Independencia, Identidad regional, Colombia pluriétnica y multicultural, y Lo popular entre lo rural y lo urbano son temas que tienen como raíz central la necesidad de pensar el país de una manera diferente a las informaciones que circulan en los medios de comunicación, a las ideas que se analizan en los currículos académicos o a las opiniones que se escuchan en las calles. La idea de territorio abarca mucho más que el espacio geográfico y entra en consideración la relación de saberes que lo identifican y sus necesidades de actualización según la exigencias y contingencias que aparecen día tras día. Una cosa es habitar el territorio como lugar de encuentro y acontecimiento y otra es lo que se experimenta estética y emocionalmente según las creencias y significados que dan soporte a la existencia.

Por ello, pensar el territorio a través del arte invita a salir de los preceptos culturales y espaciales para atreverse a ver las sincronías y disfuncionalidades que surgen en las relaciones con otras lógicas territoriales. Aquí hablamos del campo y la ciudad, y de las consecuencias particulares que se han creado en torno al conflicto armado en Colombia y que aún, después del acuerdo de paz, siguen sin soluciones concretas. Generalmente los artistas se interesan en mostrar las consecuencias porque son más palpables y pueden ser registradas y reconocidas en la obra de arte, pues sus causas son tan complejas y etéreas que es muy difícil pensar en imágenes que las sinteticen.

También hablamos de los procesos que se han generado por la globalización y la apertura a todo lo que sucede a escala planetaria. La avalancha de conocimientos, informaciones y creencias, sin descuidar motivaciones, deseos y esperanzas de culturas y sociedades asentadas en territorios distantes y casi inalcanzables, también se filtran, sin darnos cuenta, en las obras de arte que parecen autóctonas de algún territorio particular del país. Parece que es cada vez es menos probable que el arte se refiera al terruño del artista, sin que exista alguna versión foránea que influya en la interpretación algún aspecto en particular. Pensemos, por ejemplo, la aparición de las chaquiras en el proceso artesanal de las comunidades indígenas del Putumayo.




Recordemos la abrumadora historia del narcotráfico y el despojó de tierras que implicó y su similitud al proceso de colonización que padecieron los muiscas con la llegada de los españoles en la obra Balsa precolombina, de Jaime Martínez. Observemos el Chinkungunya metálico, de César Giraldo y su clara relación con las epidemias trasnacionales como la que se vive hoy, el coronavirus. Analicemos el sincretismo de ¡Yo sigo reinando!, obra de Nohora González. Empaticemos con la profunda tristeza que trasmite la talla en madera de Pablo Córdoba, Ya lo malo pasó. Disfrutemos con el agudo humor de la experiencia globalizadora de Paisanos Now, de Daniela Varcárcel y, busquemos información sobre las profundas consecuencias que acompañan a la industria multinacional de alimentos, que nos sugieren las papas Pringles en la obra de Giovanny Pinto, llamada El imaginario, la brecha.


Las obras mencionadas y otras más nos hablan de territorios fértiles más allá de la agricultura, pues las lógicas de la identidad y los patrimonios culturales están siendo expuestas a infinitas novedades que suscitan reacciones protectoras. La novedad exige herramientas de comprensión que probablemente no existen en las comunidades. Otro es el entramado de nuevos valores que aparecen y que se aceptan de manera acrítica. Valores como la productividad, la competitividad y la estandarización se presentan como los grandes redentores de las comunidades tradicionales ¿acaso no existía una economía basada en el trabajo y el intercambio que mantenía el equilibrio entre los territorios? ¿para qué competir si se logran mayores cosas con la dinámica solidaria? ¿por qué tenemos que ser iguales, si en nuestras diferencias es donde se sustenta la riqueza cultural de los pueblos? Todas estas son versiones de lo que trasmite el arte, pues sus claves representativas y simbólicas permiten abordar este tipo de complejidades y que cada vez son más recurrentes en los territorios.

¿QUÉ TIPO DE SINCRONÍAS Y DISCONTINUIDADES PERCIBES EN LAS OBRAS PRESENTADAS EN EL SALÓN BAT?