miércoles, 12 de agosto de 2020

CULTIVAR LA IMAGINACIÓN

Por: Elkin Bolaño Vásquez

Coordinador Educativo

Fundación BAT

 El énfasis que ronda en la sociedad en relación con la idea de “diversidad”, supone la aceptación de lo diferente como elemento valioso que enriquece todos los aspectos de la vida. Ya no estamos obligados a seguir caminos, presunciones, dogmas, destinos que surgen como estructuras monolíticas que debemos aspirar a escalar para disfrutar de sus bondades cuando se alcance su cima.

Para aceptar la diversidad es necesario reconocernos como diferentes, no en el sentido de convertirnos en extraños para lo demás, sino como parte vital del engranaje social en el que interactuamos, sea como soporte de una familia, como parte sustantiva del contexto laboral o como conector en el círculo de amigos. En cada uno de estos espacios evidenciamos la diferencia y la aceptamos como natural, pero todo lo que ronda por fuera lo descartamos por la poca importancia que le atribuimos y es, precisamente, el en afuera donde la diversidad deambula con su riqueza de puntos de vista y de experiencias, que fungen como preámbulos e invitaciones para discernir sobre la precondición de lo que parece que somos o para agudizar la mirada en la búsqueda de un querer ser que parte de convicciones que se consolidan en la búsqueda de valores trascendentales para la vida.

Imaginar lo distinto, tanto para sí mismo como para el colectivo social es, en el mejor de los casos, inclinarse por la idealización de algo que se concibe como mejor, en la peor de las opciones, como la angustia por la posibilidad de materialización de nuestros temores más profundos. Idealización y angustia alimentan el debate sobre la función social de una imaginación que va mucho más allá del uso que le dan el arte y la ciencia. Imaginar según la idealización o la angustia entraña la necesidad de algo “distinto” con la expectativa de encontrar algo mejor, es decir, la imaginación se preocupa por el cambio sin importar la causa que lo impulse.

La preocupación no surge solamente padecimientos negativos. Si la preocupación profesa lealtad al cambio, entonces su etapa de juzgamiento permite el desarrollo de diversas versiones sobre un mismo asunto y, por tanto, ayuda a dosificar las respuestas del comportamiento acrítico. He aquí la clave de la trascendencia de la imaginación para la vida, pues la oportuna y coherente dosificación de nuestras objeciones y convicciones supone reconocer el valor de lo “distinto” como prerequisito de la riqueza afectiva y comprensiva de la vida.

En este sentido, la dosificación impulsada por la imaginación se manifiesta como una acción humanizadora porque reconoce los contextos en los que surgen y fluyen los conflictos que no son, obligatoriamente, el resultado de intenciones particulares. Si hay algo que debemos a la cultura es el hecho que nos enseña a aceptar como natural algunas formas de enfrentar las vicisitudes de la vida, influenciando y contagiando razonamientos que reproducimos de manera acrítica, condicionando y elevando a dogma determinados tipos aspiraciones, deseos, esperanzas y temores. Pero sólo a través de la imaginación puede reconocerse que los condicionamientos culturales pueden enfrentarse para introducir nuevos objetivos y expectativas.

Emprender la tarea del cultivo de la imaginación, que va más allá del arte y de la ciencia, e impulsarla como herramienta de uso cotidiano, obliga a identificar que su modo de actuación aflora a partir de preocupaciones que tienden a cambios que pueden filtrarse en las convicciones más cristalizadas porque aprende a dosificar su impulso de respuesta, porque reconoce que en el aprendizaje social existe el inevitable contagio de ideas y creencias que hay que enfrentar críticamente, porque se inmiscuye en las complejidades humanas para avizorar comprensiones que están vedadas por las costumbres y las instituciones. En otras palabras, cultivar la imaginación permite visualizar un mundo ideal con la esperanza de entretejer mejoras posibles.


jueves, 16 de julio de 2020

ARTE COMO PROYECTO DE VIDA

Por: Elkin Bolaño Vásquez

Coordinador Educativo

Existe una consigna vital, muy sólida por demás, que establece que el valor social del arte se sostiene sobre tres pilares fundamentales: el artista, la divulgación y la institución cultural. El primero regenta el saber hacer que materializa deducciones, registra los saberes que están disponibles en el ambiente en que se desarrolla y extiende conexiones que necesitan de una mirada pausada y aguda que la sociedad podrá asumir para descifrarlas y complementarlas según sus propias convicciones. En la segunda intervienen profesionales de distintos campos y criterios que gestionan modos de análisis para su comprensión y allanan el camino para que sectores amplios de la sociedad descubran las bondades del arte. La última cierra el círculo cuando avala el trabajo de los dos anteriores.

No obstante, la articulación de estos tres pilares no se produce automáticamente, sino que requiere de acuerdos y relacionamientos formales e informales, cuya complejidad está dada por la infraestructura cultural disponible en el ambiente social. Para el caso del arte popular, tal infraestructura es significativa más no suficiente.

Como una forma de hacer frente a las limitaciones de la cobertura, se propone el Taller Virtual “Saberes del arte popular” para extender puntos de encuentro entre los múltiples conocimientos acumulados por los artistas y gestores, esto es, reconocer los complementos que se pueden suscitar entre las destrezas de la creatividad artística y los filtros de análisis, comprensión y divulgación que se concentran particularmente entre los gestores y las instituciones culturales.

Si los artistas construyen, configuran, imaginan deducciones que podrán convertirse en semillas que darán frutos artísticos, los gestores son los cultivadores, alimentadores y cosechadores de sus conocimientos secretos. Extender puntos de encuentro entre las semillas y los secretos, en ellas contenidos, demanda la articulación de sentimientos que se distancien de la expresión espontánea de la emoción para concentrarse en ideas que alimenten el interés por equilibrar el espíritu. Semillas y secretos podrán ser producidas y deducidos por los participantes a través de algunas actividades (off line) que implican un ejercicio pausado y de introspección en el marco de su vida cotidiana y que se enriquecerán con las temáticas a desarrollarse en las 10 sesiones que componen el taller, y así mismo, se podrán analizar individualmente en asesorías personalizadas (las actividades off line las encuentras en la siguiente imagen).

Las 10 sesiones se llevarán a cabo los sábados de 10:00 a.m. a 12:00 m., con algunos intervalos para establecer los espacios de las asesorías personalizadas mediante cita previa (revisar fechas y temáticas en tabla adjunta). Es importante tener en cuenta que el Taller Virtual “Saberes del arte popular” está diseñado para satisfacer los intereses de los diversos públicos objetivos, entre los cuales habrá algún sector interesado en asistir a las sesiones temáticas que les generen mayor interés.

 

Otro segmento preferirá desarrollar las temáticas como una secuencia de contenidos que les permite obtener asesorías personalizadas que están proyectadas para impulsar el desarrollo de los trabajos personales, sean estos en el campo de la producción artística o en el sector de la gestión cultural. Los asistentes de esta segunda opción recibirán certificación de participación por la asistencia a 7 encuentros como mínimo.

Además de los encuentros en las sesiones y asesoría personalizadas virtuales, también tendremos como herramienta de comunicación el chat de este blog donde podrán escribir comentarios, preguntas y sugerencias sobre el desarrollo del taller, y las inquietudes podrán ser resueltas en el siguiente encuentro. Este espacio de comunicación es importante porque los mensajes estarán disponibles para todos los participantes, lo que supone un preámbulo de la construcción de redes solidarias tanto en el ámbito formal como informal.

Confiamos que el Taller Virtual “Saberes del arte popular” constituya una puerta de entrada para conocer y compartir los saberes acumulados de los distintos actores del arte popular y que hasta el momento se encuentran diseminados sin que se reconozcan sus potenciales artísticos, académicos, pedagógicos y sociales.


miércoles, 24 de junio de 2020

ARTE Y REALIDAD



Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo
Fundación BAT

Existe una afirmación ampliamente aceptada según la cual el arte crea realidades, imagina mundos admirables o inverosímiles, pero en general heterogéneos, que permiten entrever perspectivas, incluso insólitas, de algunas problemáticas de nuestra organización social o las incidencias que dicha estructura tiene sobre nuestros modos de pensar. También es cada vez más notorio que las personas que se interesan en el mundo artístico, comparten expectativas, con fundamentos disimiles y razonados, de que el mundo en que vivimos con la carne y con los huesos puede y debe cambiar. Pero esas mismas expectativas están asediadas por muchos vacíos sobre qué hay que hacer y cómo llevarlo a cabo.


Una hipótesis que propongo para abordar las complejidades que circulan entre el arte y la realidad es que el artista usa su arte para crear, intuitivamente, una versión de bienestar que le ayude a enfrentar cualquier perplejidad que lo pueda embestir. No obstante, en día a día la presunción de un arte para la felicidad se antoja ingenua, particularmente cuando muchos de los significados atribuibles a las obras se agotan más rápido de lo esperado. Generalmente esto sucede cuando los modos de análisis que privilegian la forma se aceptan como únicos, bajo el supuesto de que la forma es, en sí misma, el contenido.

Por fortuna, el arte popular se ampara en una multifacética producción cultural que trasciende los materiales y temáticas para reafirmar el capital simbólico que comparte con las mayorías demográficas. Esas mismas que no tienen oportunidades para disfrutar de los bienes artísticos y mucho menos comprenderlos. Esto quiere decir que el arte popular no solo se funda en las tradiciones y las identidades de las comunidades, también influyen en ellos el desplazamiento, el desarraigo, la tristeza, el dolor y una especie de perdón que es muy cercano al olvido, lo que justifica la necesidad que tiene el artista empírico de sumergirse en el arte para paliar sus dificultades más acuciantes.

En el mundo del arte existe una clasificación del tipo de personas que interactúan en él y que al mismo tiempo define los roles que cumplen: el artista, el gestor cultural y el aficionado. Si bien esa clasificación se entrelaza y actúa de diversas maneras, resulta conveniente en la medida que nos ayuda a entender algunas cosas. Una de ellas está relacionada con los saberes que el arte produce, demostrando sus alcances y su saber hacer. El quehacer artístico divide sus intereses, aspiraciones y preocupaciones en las posibilidades de integrar asuntos de la vida con imaginarios comparativos y simbólicos que induzcan tensiones y contradicciones donde el antagonismo obligue a cambiar la mirada sobre el mundo.

La conexión entre el arte y la realidad supone la creación de mundos alternos, idealizados, fragmentados, bizarros o divinizados donde coexisten relatos surgidos de acontecimientos de la historia humana. Esto supone que el germen de la producción artística se ancla en una versión de realidad que circula en la mente del artista, en compañía de distintas versiones, convirtiendo a la obra de arte en una síntesis de todas esas variables. La síntesis es la forma y las versiones que envuelve son el contenido. Por consiguiente, la creación de una versión de bienestar no resulta descabellada, incluso cuando dicha síntesis resulte en imágenes sombrías, pues el arte también funge como un medio para expulsar los monstruos que habitan en las entrañas o, al menos, ayuda a encerrarlos en cajones de plomo diseñados por el inconsciente.

Indagar sobre las diversas facetas en las que se entretejen el arte y la realidad permite trabajar en la búsqueda de equilibrio entre la forma y el contenido. La forma de un bienestar resiliente solo es sustentable en una amalgama de contenidos que permitan encontrar nuevos significados a las dificultades de la vida.

Tu arte puede ser alternativo, idealista, fragmentado, bizarro, divinizado, sombrío o definido con cualquier otro apelativo que consideres más acertado, pero ¿muestra el mundo que quieres o es un medio para alejar tus inseguridades?

lunes, 4 de mayo de 2020

ARTE Y PANDEMIA

EL LEPROCOMIO DE AGUA DE DIOS


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo
Fundación BAT

Al hacer una rápida revisión del arte que se ha producido después de las pandemias que han azotado a la humanidad, se observan las siguientes generalidades. La primera de ellas es que las obras están motivadas por mostrar los horrores, es decir, es representacional en la medida en que buscan capturar algún grado de fidelidad de los sucesos. La segunda, que es consecuencia del carácter veritativo de la anterior, es que se convierten en documentos históricos y sociológicos de la época, de los que, por lo general, se analizan las imputaciones que recaen sobre los extranjeros, quienes se dedican al comercio, sobre los ricos o sobre los pobres. Esta segunda característica la podemos llamar documental.

El tercer caso es el reconocido como simbólico, debido a que su preocupación estriba en las diversas formas de presentar la muerte, particularmente como un personaje implacable y sin ningún asomo de compasión. Por último, el arte que se crea a partir de las complejidades de las pandemias también puede tener un carácter religioso, pues el sufrimiento supone castigos merecidos por vivir en el pecado.

En los siglos anteriores, el conocimiento de los acontecimientos pandémicos sucedía a través de la observación o el sufrimiento directo, por la información oral y por la literatura, es decir, que los artistas configuraban sus obras buscando una síntesis de todo cuanto veían, sufrían, escuchaban y leían, en relación con sus creencias e investigaciones personales.

No obstante, tales características parecen limitadoras para comprender la pandemia que nos tocó vivir, especialmente, cuando las decisiones sobre el control de esta crisis se dividen entre la prevalencia de la vida humana o las consecuencias económicas, como si estas dos visiones fueran antagónicas. Pese a ello, el interés de las siguientes líneas es recordar, por medio de una obra, una enfermedad de implicaciones planetarias y que permitió decisiones similares a las actuales.

En 2012 el artista empírico Silvestre Prado Castro, originario del municipio de Agua de Dios, Cundinamarca, presentó su obra La Coscoja, una talla en piedra de arcilla, en el IV Salón BAT de arte popular. Silvestre Prado asumió con particular entusiasmo este espacio y se dedicó a explicar a los visitantes la historia de su pueblo y porque había escogido a la coscoja como su emblema particular.

Agua de Dios es un municipio cuyo origen se remonta a la decisión del Gobierno Nacional de crear en 1894, en ese territorio, un Leprocomio, un asentamiento de personas enfermas de lepra. El estricto confinamiento de estos pobladores duró 68 años, momento en que se reconoce que la enfermedad de Hansen, como científicamente se conoce, no es tan infecciosa y mortal como se suponía. Si bien es trasmisible, deben coincidir varios factores para su contagio: varios años en contacto permanente con un enfermo, un sistema inmune débil por parte de la persona sana y circunstancias de insalubridad extremas.

La ignorancia científica tuvo resultados en doble vía. En primer lugar, que es la visión generalizada desde afuera, las estigmatizaciones alcanzaban a las personas que tuvieran defectos genéticos que comprometieran su apariencia. La “fealdad” se convirtió en síntoma de la enfermedad. Esto supuso que la mejor manera para evitar los contagios, ya que no existía un tratamiento médico efectivo, era mantenerlos alejados del mundo sano. Para ello, el gobierno decidió hacer un encerramiento de 2 km2 con alambre de púas, pues la “maldición” de esta enfermedad no debía alcanzar al resto del país. Así el aislamiento y el destierro se volvieron “sagrados”, a tal punto, que estos condenados perdían sus derechos de ciudadanía.

En segundo lugar, que es la convivencia al interior del alambrado, los desahuciados vivían en un ambiente tranquilo donde se procuraba el bienestar de los demás, la baja autoestima, en relación con el rechazo, desaparece, lo que convierte el confinamiento en una especie de santuario. En estas circunstancias el amor florece y la población aumenta hasta alcanzar el número de habitantes que, por ley, se requiere para ascender, a la categoría de municipio, a una población. Con esto, también se demuestra que la enfermedad de Hansen no es hereditaria. De igual manera, las expresiones artísticas hicieron su aparición. Pese a la ausencia de la educación para estos pobladores, la comunidad salesiana, además del alivio espiritual, introduce en la población diversos oficios artesanales y artísticos que a la postre rinden sus propios frutos en la música, en el arte y en las letras.

Al establecer La Coscoja como emblema de su pueblo, Silvestre Prado nos recuerda que ni el dinero podía salir del confinamiento, por lo que se creó la coscoja como la moneda local y que operaba de manera similar a la Lira Vaticana de la Ciudad del Vaticano, debido a que no tenían ningún valor fuera del territorio. Como ejercicio reflexivo, podemos encontrar en este elemento de uso cotidiano y elevado a la categoría de arte, más de medio siglo después, las características representacional, documental, simbólica y religiosa que se identifican en el arte surgido de una pandemia.

¿QUÉ OTROS PADECIMIENTOS HA VIVIDO COLOMBIA QUE IMPLIQUEN AISLAMIENTO, DESTIERRO, ESTIGMATIZACIÓN, PÉRDIDA DE DERECHOS Y CONFINAMIENTO?

¡Tu ayuda es importante!

sábado, 11 de abril de 2020

HAIKUS PARA EL ARTE


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT

El haiku es un género poético originario del Japón, con tres versos cortos y sin rima, que busca enaltecer la belleza de la naturaleza y los detalles imperceptibles de la vida cotidiana.

Explorando las sutilezas de esta expresión milenaria encontré algunos poemas del maestro Yo-Yi-Toh, practicante del Budismo Zen hacia el siglo VIII en la Dinastía T´ang, que sugieren imágenes y sentimientos que podrían impulsar a la voluntad artística que en estos momentos está empeñada en traducir, en obras, toda la maraña de experiencias que produce la pandemia actual. De sus más de 2000 poemas registrados, pero de difícil acceso, encontré un pequeño puñado de ellos y seleccione 19, símbolo numérico del virus, porque se sienten vigentes, y los pongo a consideración como parte del aporte social que hace el arte, especialmente en los momentos de crisis.

Propongo 19 Haikus y un Covid como un título alegórico para guiar las interpretaciones de cada uno de estos poemas y que, a su vez, ayude a refinar la idea que vienen trabajando o que sienten incompleta.


19 HAIKUS Y UN COVID

Escucha y observa sin distracción
millones de patas sin deambular
la cucaracha oculta está 
El pétalo cae con ternura
su peso no soporta más
las aglomeraciones desaparecen
Esperamos del espejo
su respuesta silenciosa
reiterada como el hambre
Polen del planeta
estornudo sin remedio
creemos que dominamos
Paredes resguardan belleza
pocos saben dónde está
¡se escapó!
La luz prefiere colores
Una y múltiple
confianza en el encuentro
Ventanas buscan esperanza
¡la reconocí!
oculta de las exigencias
Nubes que todo imaginan
formas y caricias
sueños de penitenciaría
Escarabajo ¡viva es excremento!
agricultor ¡viva el compostaje!
gracias por la letrina
Sigues el camino de la grieta
abre tus pétalos al sol
abeja en copula terminó
Cientos de rocas y una flor
contempla la perennidad
asciende sin preocupación
                                                           Una lágrima para olvidar
                                                           otra en el encuentro
                                                           corazón marchitado
Recuerdos quieren ternura
ayer compasivo
sombras en la iluminación
Alguien espera por ti
sombra leal
puerta de ilusiones
                                                           Mosquito taciturno
                                                           aplausos de despedida
                                                           fiebre delirante
Ideas atropelladas
paredes sin color
aburrimiento sin quehacer
Olfato sin exquisitez
labios para el amor
compasión angustiada
                                                           Destello en la ventana
                                                           sueños fugitivos
                                                           alas que buscan anfitrión
Tapia enmohecida
mundo inesperado
yo sintiéndome magno

Confío que estos haikus sean un impulso vital.

lunes, 23 de marzo de 2020

ARTE vs COVID19


Ahora más que nunca el mundo necesita saber cuál es el rol social que tiene el arte. Ahora es el momento que los artistas traduzcan todas las emociones encontradas, que se experimentan por causa del coronavirus, en imágenes de esperanza, solidaridad y calidez humana que necesitan sentir las personas resguardadas en sus casas al lado de sus familiares, aquellas otras que están solas y lejos de sus seres queridos, otras tantas que deambulan sin rumbo fijo por las calles cuya única expectativa es la supervivencia.



¿Qué podemos hacer todos aquellos que trabajamos en el mundo del arte (artistas, gestores culturales e instituciones) para cambiar la idea de que el arte es un producto suntuario?

¿Cómo podemos llevar arte a las familias, a los solitarios y a los errantes que sienten que su potencial productivo, imaginativo y creativo se reduce en los espacios en los que están reguardados u olvidados?

¿Qué podemos hacer desde el arte para alimentar la fortaleza espiritual, la valentía psicológica, la perseverancia racional y la salud corporal a todos aquellos que deben salir a trabajar para garantizar la tranquilidad, la salud y el abastecimiento de los pueblos?

Estas y muchas más preguntas necesitan respuestas inmediatas y compresivas, acciones poderosas y ecuánimes, arte para la sociedad y no para el mercado.

Aquí una semilla:
  • ·         Se convoca a los artistas para que creen obras que estén relacionadas con la pandemia del Covid19
  • ·         Que su motivación artística se origine en análisis meditados de su situación particular en contraste con las consecuencias sociales.
  • ·         Que la obra sea en clave positiva porque urge la necesidad de reducir las oleadas de miedo y pánico que vive la población y contribuir en el restablecimiento del equilibrio psicológico.
  • ·         Tener en cuenta capacidades humanas como la solidaridad, la esperanza, el trabajo colaborativo, el amor, la fraternidad, el respeto, la confianza, el compromiso, la lealtad, la amistad y otras tantas capacidades y emociones que han permitido a la humanidad unirse para la consecución del bien común.
  • ·         Se recomienda realizar la obra en pequeño formato: bidimensional 50x50cm, tridimensional 30x30x30 máximo, medios audiovisuales 2 minutos. Los tamaños y tiempo se sugieren como máximos.
  • ·         La convocatoria no es un concurso, por tanto, no hay premios ni reconocimientos monetarios. La intención es que la voluntad creativa de los artistas aporte emociones positivas y calidez humana en medio de la zozobra y la angustia existente.
  • ·         Si bien esta propuesta queda abierta a partir del momento de su publicación, 23 de marzo, no resulta coherente definir una fecha de cierre, pues las difíciles condiciones actuales imposibilitan deducir cuanto tiempo permanecerán las consecuencias psicológicas. La producción de obras y la promoción de estrategias para mostrar el aporte social del arte es un asunto individual y depende del carácter de urgencia que sienta cada quien para ofrecer su aporte.
  • ·         Se recomienda tomar una fotografía después de finalizada la obra y redactar una pequeña explicación (guía comprensiva) de la misma, con el propósito de compartirla en sus redes sociales y en las redes sociales de los participantes e interesados. Así se estimula el trabajo colaborativo porque lo que debemos buscar es transcender la autopromoción para hacer conocer el aporte de los demás. No olvidar que es importante incluir la ficha técnica de la obra: autor, titulo, técnica y/o materiales usados, ciudad o municipio y dimensiones.
  • · Se solicita enviar la información antes mencionada al correo fundacionbatcolombia@gmail.com para crear un repositorio de todas las obras y así tener la posibilidad se diseñar propuestas curatoriales que contribuyan a aumentar las posibilidades interpretativas y de aporte social del arte.
  • ·         Dependiendo de las posibilidades de superación de las consecuencias del Covid19, de la disponibilidad y margen de operación de la infraestructura cultural del país se puede pensar en la posibilidad de hacer exposiciones con el interés de contribuir con las instituciones culturales afectadas.


Parafraseando a Fito Páez:

A través del arte, debemos salir a ofrecer nuestro corazón

Comentarios, sugerencia e inquietudes escribir en la opción de comentarios de este Blog o en el e-mail: fundacionbatcolombia@gmail.com
Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT


sábado, 14 de marzo de 2020

LA MAGIA DEL RETRATO

Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador educativo
Fundación BAT

Un ejemplo imprescindible para analizar la relación entre el arte y la realidad es el esfuerzo que hace un pintor retratista cuando se enfrenta directamente a su modelo, pues su virtuosismo se valorará de acuerdo al parecido que logre sobre el lienzo. Este fue el reto al que se expusieron los artistas Alexander Prada y Andrés Alarcón con la actriz María del Rosario Barreto, quien como modelo hizo parte de la demostración del talento de estos pintores para captar no solo su apariencia física, sino también su estado de ánimo. El taller de retrato en vivo fue realizado el 12 de marzo en el marco de la exposición Resistentes y peregrinos en la sede Candelaria de la Universidad de La Salle[1].


Las personas están acostumbradas a valorar los resultados finales de todos los productos que se intercambian en la sociedad, desde los zapatos y los aviones hasta la música y el arte, descuidando uno de los bienes más preciosos de la vida, el proceso. Son muy pocas las personas que se esmeran por identificar o entender cuál ha sido el proceso para lograr algún resultado que inspire admiración y de esto no se ha escapado el arte. Comparar la demostración de cómo se pinta un retrato con una modelo en vivo con algo mágico, no es una pretensión de sobrevalorar la actividad, pues el cerebro tiene en su dotación biológica elementos que permiten que la observación de este tipo de proceso se sienta mágico.

Lo primero es la conexión emocional y de confianza que debe trasmitir el pintor a su modelo, pues ella no sólo permanecerá inmóvil el tiempo que sea necesario, sino que entre sus pensamientos deambulará la idea de que el resultado podría ser incómodo para su autoestima. Mientras que el retratista conversa para establecer dicha conexión también analiza pausadamente todos sus gestos y facciones, y con algunas técnicas de iluminación destacará lo que desea resaltar en el retrato. La modelo no sabe que es lo que el artista busca ella por eso es necesario que confíe. En adelante en trabajo de retratar es enfrentarse al lienzo y el primer trazo indicará la seguridad del artista para realizar la tarea.

Después de varias pinceladas la magia comienza a materializarse y esto se debe no sólo al virtuosismo del pintor, sino a la sobreestimulación que experimenta el cerebro al ver un rostro, pues se presenta como una imagen enigmática que necesita ser descubierta. Esta reacción del cerebro hace parte del proceso de evolución del ser humano para la adaptación y la supervivencia. Detectar las interacciones que pueden aparecer y desaparecer, en pocos segundos, entre los 43 músculos de la cara es de vital importancia para reconocer las emociones y facilitar o limitar los vínculos sociales, debido a que en las relaciones interpersonales lo que predomina es el lenguaje no-verbal, el lenguaje del cuerpo.

Algo más atrayente para considerar esta actividad como algo mágico es cuando aparece la mirada en el lienzo y se reconoce alguna emoción, pues aun cuando racionalmente se entiende que es una pintura el cerebro, en su proceso sináptico, no hace esa diferenciación y con la intervención de las neuronas espejo el espectador puede sentir empatía por el estado emocional que se observa en el retrato.

Otro resultado no previsto en esta demostración de talento artístico, es que el Hall de Exposiciones Hno. Cedric Bejamin de la Universidad de La Salle se llenó de un aura mística que llamó la atención de más 120 personas entre estudiantes y funcionarios que contemplaron con admiración este encuentro. Sin lugar a dudas fue un momento mágico el que ofrecieron los artistas Prada y Alarcón al extraer del lienzo vacío retratos admirables.

Para una ampliación sobre el retrato consultar:




[1] Esta exposición es una pequeña muestra del VI Salón BAT de arte popular https://forobatartepopular.blogspot.com/2020/02/el-salon-bat-en-la-salle.html