jueves, 21 de marzo de 2019

SIMBIOSIS ENTRE VIDA Y ARTE



Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT

Existe un acuerdo en el cual el arte es reconocido como una capacidad que puede crear realidades cognitivas y emocionales que bien pueden referirse y originarse en el mundo material, pero que, sin embargo, no dependen de él. La voluntad artística se sobrecoge con los temas que le apasionan convirtiéndolos en testimonio de la vida que la alimenta. Su sensibilidad, influenciada por las variaciones del mundo social, transfigura su carácter privado en una puesta en escena de motivaciones e intenciones que configura imágenes con las que la psiquis elabora formas de actuación en el mundo.

Diferenciar la vida psíquica de la vida material es reconocer los diferentes modos en que se organizan, consumen y proyectan, pero también, y especialmente, es distinguir las maneras con las que se afectan mutuamente, regulando las exigencias, generalmente arbitrarias, que entre ellas se confabulan. Dicha regulación no es algo que se forje de manera innata, sino que necesita de esfuerzos que busquen penetrar lo que se muestra en la inmediatez para visualizar su trama de significados. Esfuerzo que propende a la reducción de las vulnerabilidades de la vida.

Todo lo anterior expresa características de lo que aquí llamo simbiosis entre la vida y el arte, pues entre estos existe una correlación intima que beneficia sus respectivos desarrollos vitales. ¿Qué sería del arte si la vida se limitara a un proceso monótono que sólo propendiera por su reproducción biológica? ¿Qué sería de la vida si el arte no explorara las posibilidades comprensivas de aquel proceso y se limitara a reproducir imágenes, de experimentado virtuosismo técnico, que sólo hagan mimesis de lo visible? Ambos, vida y arte, se alimentan de procesos reproductivos que garantizan su perpetuidad, pero sucede que la reproductibilidad es una actividad que actúa en, al menos, dos direcciones, con la primera se multiplican idénticamente algunos aspectos, mientras que con la segunda se adaptan, reconfiguran y proyectan comportamientos que den respuesta a las novedades que surgen en el entorno. Pensemos en la necesidad que tuvo el arte para replantearse los modos en hacer retratos, desde la Mona Lisa hasta la obra de Oscar Muñoz. Consideremos las posibilidades que se abrieron cuando Antonio Canal (Canaletto) incluyo el uso de la cámara oscura en su trabajo para reproducir fidedignamente su Venecia del siglo XVIII: la cámara oscura en tanto antecedente de la cámara fotográfica y el estudio del calentamiento global al comparar los niveles del agua de aquella época con los actuales. Otro tanto se encuentra en las variaciones genéticas que producen los ojos azules o verdes, la pigmentación en la piel, los colores de cabello o la abundancia o ausencia de vello facial. Todas son estrategias de adaptación a las circunstancias ambientales.

De esta manera, la simbiosis entre vida y arte da como resultado estrategias adaptativas que reducen las fragilidades de la vida, pero que, al mismo tiempo, incluye en el proceso nuevas necesidades que obligan a la producción de nuevas relaciones, alimentando persistentemente las riquezas que experimentamos en ambos. Una cosa es lo que se muestra y otra, muy distinta, las vitalidades bilógicas y semánticas que, tras lo visible, se potencian. Así la necesidad de perpetuar lo propio en consonancia con la posibilidad de abrirse a lo nuevo son los dos factores por los cuales la vida y el arte crean mutua dependencia.

El artista trasciende su vida biológica cuando la logra transfigurar en imágenes emocionales y semánticas que proyecten nuevas simbolizaciones sobre el mundo. ¿Acaso no fue lo que sucedió con los primeros homosapiens cuando sintetizaron en imágenes las proyecciones de la luz de las fogatas sobre los muros de las cuevas? ¿No es la creación de imágenes de dioses una forma simbiótica entre arte y vida?

¿SIENTES QUE LA VOLUNTAD ARTÍSTICA Y LA CONSCIENCIA ESTÉTICA VIVIFICAN LA SIMBIOSIS ENTRE VIDA Y ARTE?
¡Tus comentarios son importantes!

jueves, 14 de febrero de 2019

CAJA DE SABERES



Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT
 En los distintos enfoques que se han presentado en este blog he insistido que para comprender ampliamente las circunstancias que permiten el desarrollo o la limitación del arte en una sociedad debe tenerse en cuenta, al menos, tres aspectos: el proceso artístico, la promoción cultural y la apreciación. Clasificación que permite conocer a cada una en sus particularidades, pero es más importante las múltiples relaciones que se dan entre ellos. Además, he propuesto esquemáticamente que el arte popular no tendría que ser identificado como un antagonista del arte consagrado y contemporáneo, sino que tiene la valiosa virtud de ser el punto de acceso a un puente que se puede extenderse hacia ellos. La mayor virtud del arte popular es que se muestra cercano y atractivo al público que es ajeno a exposiciones artísticas, que ofrece otros enfoques de las identidades regionales a los más informados y propone análisis contextuales y comparativos a los especialistas, es decir, el arte popular se configura en un impulso para desarrollar la conciencia estética necesaria para un país, que tiene convulsiones sociales, como el nuestro.
En esta misma perspectiva se reconoce la relación arte, artista y vida cotidiana como una red de dependencias que exigen a la voluntad artística sustraerse de los embates de la existencia para visualizar puntos de encuentro y desacuerdo que requieran de otras inflexiones de interpretación. Esfuerzo que no es suficiente y que no colma los requerimientos sociales sino no se apoya en aquellos que dibujan alternativas para que el arte penetre y toque el nervio más sensible del ser humano. Sin que suponga una idea romántica en la que el arte promocionado por instituciones y gestores culturales tiene una influencia directa e inmediata en sus espectadores, esta labor mancomunada abre perspectivas que para cada cual resultarían insospechadas y por tanto abre un mayor espectro de posibilidades para que distintos públicos descubran sus propias formas de apreciación. Otro tanto sucede con las relaciones artista-público, arte-público, instituciones-público, artista-comprador, arte-mercado, instituciones-premios (subvenciones), artista-academia, arte-academia, instituciones-academia, publico-mercado, publico-academia, academia-mercado.
Entre los tres aspectos iniciales y las relaciones que se derivan de los doce binomios mencionados anteriormente, se estructura un inabarcable desarrollo de conocimientos que aún no tienen la necesidad de explicar cuál es el valor social del arte o ahondar en la siguiente pregunta: ¿cuáles son sus funciones? Individualmente, a todas estas relaciones, no puede exigírseles que la respondan, pero para responderla se necesita de la comprensión de todas ellas. Explicar las funciones psicológicas, cognitivas, evolutivas, enunciativas, analíticas, sociales, políticas, económicas e históricas del arte, exige un ramillete de conocimientos que están dispersos en las distintas y cada vez más variadas ciencias. Esta sobredimensionada y poderosa caja de saberes, explica la imperiosa necesidad de las redes solidarias, de la infraestructura, de la didáctica y la creatividad, de la gestión, de la academia, de la vocación que requiere el arte para mostrar, a todos los que están por fuera de sus círculos, su importancia social.
¿Te has percatado de cuál es el sentimiento que más impulsa tu voluntad artística y en cuál se transforma para alcanzar la fluidez de horas y horas de trabajo? ¿Reconoces cuál es la idea más recurrente en tu mente, el sentimiento que se asocia a ella, de qué manera la transformas o por qué insistes en la misma perspectiva? Sí tu rutina te satisface ¿cómo se la expresas al mundo? En caso contrario ¿qué haces para transformarla? ¿Piensas en imágenes, en palabras, en sonidos, en colores, en planeación, en dinero, en conversaciones, en pedir ayuda cuando te enfrentas a una circunstancia nueva? ¿Cuándo te sientes atorado en aquella idea persistente, indomable y quejumbrosa prefieres meditarlo en espacios nuevos o diferentes, buscas distracciones, conversaciones, consejo? Si bien estas preguntas son comparables a una encuesta psicológica, son el tipo de cuestionamiento que permite visualizar la importancia del arte para el individuo y que es posible transpolar a la sociedad.
Si se reconoce que el arte es una caja de saberes que amplía su espacio para nuevas informaciones, relaciones y perspectivas interpretativas, entonces es oportuno insistir en que el arte popular es el acceso idóneo para formular y transitar por todos los puentes que se requieran extender para explicar su función social.
 
¿EN ALGUNA DE LAS PREGUNTAS EXPUESTAS RECONOCES LA POSIBILIDAD DE EXTENDER UN PUENTE, CUÁL Y POR QUÉ?
¡TUS APRECIACIONES SON IMPORTANTES PARA DESENMARAÑAR ESTA RED DE RELACIONES!

jueves, 10 de enero de 2019

MERCADO Y ARTE POPULAR







Elkin Bolaño Vásquez

Fundación BAT

Cuando compró el primer cuadro para engalanar su casa no pensaba en adquirir una pequeña parte de la pureza del alma del artista, ni la materialización de una emoción o de un sueño inédito en la historia de la humanidad. Cuando consideró que era conveniente comprar un cuadro no tuvo entre sus razones el potencial hermenéutico del arte o el reconocimiento del autor, más bien fue un encuentro de diversas particularidades que lo llevaron a esa decisión: su margen de poder adquisitivo, los círculos sociales a los que intenta pertenecer, el reconocimiento de la singularidad de sus gustos, la búsqueda de nuevos tópicos para las conversaciones de sus encuentros sociales.

Cuando definió el precio de su trabajo tuvo en cuenta las tristezas y humillaciones, las noches inagotables, los días y semanas de extenuante trabajo perfeccionando su ejecución, la escasez de comida y las conversaciones estimulantes que se perdió. Precio razonable que compensa todo el sacrificio del pasado. Sin embargo, el encuentro con su primer comprador, con la descripción de gustos que buscan combinaciones con el mobiliario hogareño y con las paredes texturizadas que impulsan nostalgias por épocas pasadas abren ventanas a aspectos ocultos. Si el arte es uno de los aspectos más sublimes de la humanidad ¿por qué se redujo a una función decorativa? ¿acaso el aura sagrada de antaño no trascendió hasta hoy?

En el mundo actual el arte perdió toda posibilidad de sacralidad. Es cada vez menos importante su contenido semántico o su esencia espiritual, sólo es respetable en tanto conserva auras de riqueza. Es el pensamiento científico el que ha asumido el rol de construir nuevas identidades simbólicas porque se presentan en los márgenes de la comprobación, llenando de sentido aquellos vacíos que el arte ha descuidado. En esta limitación la credibilidad funcional[1] adquiere importancia capital pues supone que el mercado para el arte popular puede estar dividido en intereses como el prestigio social, el disfrute estético de la contemplación o la estimulación cognitiva por una novedad creativa.

Pensemos estas tres posibilidades de la credibilidad funcional en un poder adquisitivo moderado, es decir aquel que puede acceder a un crédito para salir de vacaciones con su familia a Miami, Cartagena o el Eje Cafetero o se mantiene al día con todas las innovaciones tecnológicas. ¿Para qué comprar arte si se puede publicar una selfie tomada con un smartphone que recomienda hacer una pausa activa al mismo tiempo que informa que la lavadora terminó el ciclo de lavado? Comprar arte debe servir para algo y no es una decisión que surja por la mera capacidad adquisitiva, sino de influencias externas y especialmente del aprendizaje que estimula la conciencia estética[2].

La credibilidad funcional explica que independiente de los intereses particulares que llevan a la compra de arte son más significativos los roles que se cumplen o se desean cumplir en los círculos sociales en los que se actúa o a los que se aspira a pertenecer. En este nivel socioeconómico el prestigio social juega con la posibilidad de la singularidad del gusto personal: “me gusta porque es diferente y ninguno de los que conozco tiene uno”. Para el caso de la contemplación, que se complementa con lo anterior sin ser dependiente de ello, es una suerte de placer que parece estar anclado a la añoranza y adquiere arte bajo el supuesto de ser la imagen idealizada de tal sentimiento. En el último caso, la compra de arte se decide en la transformación del placer estético en una idea describible y explicable. Aspira a descifrar el esfuerzo artístico del autor y a ampliar su margen semántico de interpretación. El proceso de síntesis creativa es reconocido por el comprador gracias al cultivo de su conciencia estética, por el esfuerzo que ha invertido en esta capacidad sensible e intelectual.

En el mercado del arte popular sus compradores tienen tantas preferencias como las que se perfilan en los mercados de productos y servicios que ofrece la sociedad actual y que se pueden adquirir gracias a las oportunidades sociales, económicas, culturales y educativas en las que se desarrolla cada potencial cliente. Sin embargo, la parte compleja de esta dinámica está en las pretensiones entre los productores de los diversos mercados y los artistas, pues los primeros tienen claro que ofrecen productos y servicios mientras los segundos asumen que incorporan en cada pieza realizada parte de su alma o espíritu lo que justificaría precios elevados.

En todo caso, el mercado pone a disposición todo aquello que se quiera vender amparado en la lógica de que existe un posible comparador. Si un artista considera que incorpora parte de su alma a lo que hace y vende sufrirá una fuerte desilusión porque su comprador no se interesa por este aspecto porque presta atención a circunstancias menos trascendentales. En resumen, una cosa es lo que vende los artistas y otra, muy distinta, es lo que compran los clientes y a ambas las conocemos como arte.

¿POR QUÉ SI UN ARTISTA ALIMENTA SU ARTE CON SU ESPÍRITU, UN COMPRADOR VISUALIZA UN OBJETO DECORATIVO?

¡TU OPINIÓN ES IMPORTANTE!

lunes, 3 de diciembre de 2018

ARTE E INDUSTRIA CULTURAL




Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT

La Mona Lisa de Leonardo da Vinci es la obra maestra más conocida en la historia de la humanidad, a tal punto que su imagen es un ícono trasnacional que se recrea incesantemente en pinturas costumbristas, grafitis, tarjetas y camisetas. Es comparable a la manzana mordida de Iphone o la caligrafía de Coca-Cola. Su reconocimiento se debe a la tecnología que facilitó la reproducción masiva de imágenes. Con la reproductibilidad el arte se acerca al espectador desprevenido a costa de que sea percibido como mero entretenimiento. En este sentido, el arte pierde su carácter sublime, que al lado de la religión es la producción humana capaz de alcanzar las fibras más sensibles e intimas del ser ¿Qué relación hay entre la unicidad de la obra de arte y su connotación sublime?
En sentido estricto, la imposibilidad de reproducir el gesto creativo en la ejecución de una pieza maestra no depende sólo de su genialidad, pincelada o golpe perfecto en el cincel, también es importante y decisiva la base económica que la financia y populariza. La genialidad de Leonardo no se limita a su arte, sin embargo, es lo más representativo de sus creaciones porque fue uno de los protegidos de la familia más poderosa del Renacimiento, los Medici. Si bien las dinámicas económicas se han transformado desde aquella época hasta ahora, el arte también cambio su posibilidad de culto, pues pasó desde el artista genio a las grandes sumas de dinero que se pagan en las casas de subastas.

Es en esta relación entre el dinero y el arte donde la industria cultural hace su apuesta. Si el arte es sacro, es decir, una obra maestra, ¿qué hacer para que se convierta en un bien cultural de consumo masivo? Entre los recursos convencionales que requieren altas inversiones de capital están la edición de libros, la producción de documentales y el diseño de exposiciones en los museos más prestigiosos del mundo. Actividades que catapultan al turismo cultural como uno de los segmentos más importantes de esta industria. Pero ¿qué pasa con los artistas, gestores, profesionales e instituciones que dedican sus esfuerzos a las diferentes manifestaciones artísticas que no califican en dicho segmento? Es imprescindible que los artistas y promotores culturales dejen de pensar como tales y aprendan a ser emprendedores porque la solución está en las lógicas del mercado, esto es, en la oferta-demanda de productos y servicios.
Según esto, un artista no puede limitarse a producir su obra u objetos artísticos vendibles, sino que por el escaso número de compradores deben convertir sus obras en servicios. Por supuesto, los artistas no lo pueden todo por lo que requieren trabar alianzas con profesionales dedicados a dichos menesteres. Es de aclarar que aquí no se defiende ni se rechaza las apuestas de las industrias culturales, lo que se busca es visibilizar las exigencias que tienen el pensamiento artístico y creativo. Es claro que la gran mayoría de las personas que se dedican al arte no derivan su sustento económico del mismo, sino que deben comprometer su tiempo y esfuerzo a oficios que permitan subsanar las necesidades básicas.

Es importante anotar que en la etapa productiva de mayoría de las obras maestras hubo financiamiento de largo aliento, esto sin olvidar a los grandes maestros que vivieron y murieron en la miseria porque se opusieron a los grandes mercaderes para padecer la pureza del arte. Es en esta paradoja en donde la industrial cultural promulga sus condiciones para producir un arte lo suficientemente popular que provea de recursos económicos sin disminuir su pureza, que su potencial de afectar la fibra más sensible no se convierta en un melodrama ¿Qué necesitan los colombianos de los artistas? ¿son las actuales circunstancias de Colombia, espacios de posibilidad para abandonar el arte de culto y perfilar un arte transformado en servicios? En la era del posconflicto ¿cuál es el arte que necesita el país? ¿Cuál sería el carácter ético de Colombia si convierte el sufrimiento de las víctimas del conflicto en un producto o servicio artístico? ¿Cuál sería el valor social del arte en Colombia si no se preocupa por desentrañar los traumas del conflicto? ¿Qué tipo de arte ayuda en la reivindicación de las víctimas? Estas son las paradojas a las que se enfrenta el arte y que no se pueden subsanar únicamente por las lógicas del mercado.


¿QUÉ PIENSAS SOBRE LAS EXIGENCIAS QUE SE HAN IMPUESTO AL ARTE?

martes, 13 de noviembre de 2018

ARTE Y RESILIENCIA






Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT


¿Qué sucede en la mente de un espectador cuando se enfrenta a una obra que le resulta atractiva? Atraer miradas, pensamientos y recuerdos es el mayor logro al que puede aspirar cualquier pieza artística. La contemplación de un espectador es la consecuencia de muchas variables mentales que se explican desde la teoría de la imagen. Pero para responder la pregunta anterior es importante establecer una definición del segundo concepto del título. Resiliencia es sinónimo de resistir, superar y por ello la perspectiva psicológica entiende que el proceso resiliente se origina en la experimentación de un trauma, lo que la convierte en una forma terapéutica importante para enfrentar las derivaciones del conflicto en nuestro país.
Después del trauma la resiliencia sigue su camino cuando las victimas hablan de aquellos hechos que han llenado sus vidas de dolor y de desesperanza. Esta voluntad de narrar supone el inicio de un camino de comprensión que hace que los sufrientes encuentren en la sociedad elementos para seguir adelante. Como último aspecto, el proceso resiliente es completo al alcanzar la superación de las emociones negativas y las víctimas se convierte en agentes productivos de su comunidad, es decir, que alcanzan el éxito social, no tanto el términos económicos o laborales, sino en el reconocimiento de que sus esfuerzos rindieron frutos.
Si la resiliencia es sufrir un trauma, hablar sobre él y luego superarlo, entonces ¿qué aporta el arte a la resiliencia? Algunos procesos terapéuticos usan el arte en su quehacer, en su manualidad como una forma de distensionar los estados mentales que están sobrecargados de angustias para luego preguntar sobre sus significados que, posteriormente, se convierten en la base interpretativa. Otras psicoterapias se guían según la lectura que se haga a determinadas imágenes. Invocan la percepción estética como un recurso analítico que desvela pistas sobre estados emocionales.  Para ambos casos lo importante es reconocer el trauma para superarlo. No obstante, el éxito social no depende sólo del esfuerzo de la víctima-paciente, sino también de la compresión social que se hace sobre la resiliencia, ¿de qué sirve que una persona alcance el duelo si la comunidad no le quita el rotulo de víctima? El arte más que ser herramienta para la consecución de resiliencia por parte individuos que han sufrido heridas, también debe perfilarse como un espacio que ofrece alternativas a la sociedad para comprender los padecimientos de los dolientes y así allanar su reincorporación social.
Cuando nos preguntamos sobre los sucesos mentales de un espectador frente a una obra de arte, también se debate sobre una sociedad que está llena de traumas, que desatiende sus verdades ocultas y prefiere creer en el funcionamiento estadístico. Una obra de arte atrae porque devela un recuerdo en el espectador, que se presenta como una imagen que connota muchos significados que, en algunos casos, exigen veracidad, no como la verdad de lo acontecido, sino como coherencia que ayuda a un mejor funcionamiento de las emociones. Arte, recuerdo e imagen se interconectan en dos aspectos: 1. En el uso de elementos ficcionales que multiplican los detalles y; 2. La posibilidad de sustituir su referente físico. La importancia del primero depende de su potencial de complementar y reforzar la idea central, no en atiborrar para oscurecer las interpretaciones. El segundo, sin deseo de falseamiento, elabora un objeto mental que no es afectado por su referente físico. Por ello la verdad dejó de ser una necesidad trascendental que lo explica todo, para ser un engranaje que ayuda a que todo funcione.
Si el arte ficcionaliza y sustituye, entonces tiene la capacidad de trabajar en el imaginario simbólico que cohesiona la sociedad y contribuye a la creación de elementos que potencialicen nuevas formas de comprender los traumas alojados en millones de colombianos que padecieron el conflicto armado. Al mismo tiempo el arte puede ayudar a superar el funcionamiento estadístico si se reconoce la intención de algunas expresiones del arte de apartarse de la historia institucional para prestar atención a las verdades anónimas de individuos resilientes que no han sido reconocidos socialmente. Un arte que tiene como referencia la historia y la actualidad de Colombia contribuye a refinar las variables para entender el presente y a replantear las generalidades que se han acuñado sobre el conflicto y sus consecuencias. El arte y la resiliencia se encuentran, precisamente, en el develamiento de la belleza que tienen los esfuerzos anónimos para superar las heridas de la guerra.

¿RECONOCES ALGUNAS OBRAS QUE PERMITAN DEVELAR EL ANONIMATO DE HISTORIAS RESILIENTES?

miércoles, 3 de octubre de 2018

EL ARTE Y LAS REDES SOLIDARIAS



 


Elkin Bolaño Vásquez

Fundación BAT



Tener sueños y metas es común para cualquier persona, sin embargo, los significados de estas palabras crean más confusiones que proyectos de vida. La mayoría de nosotros respira sin esfuerzo, por ello su importancia pasa desapercibida. También creemos que la voluntad, cuando toma decisiones, es la que afecta el recorrido de la vida. Algo parecido ocurre cuando se confunden los sueños con las metas, los primeros se configuran con imágenes aleatorias que se interpretar libremente, mientras las segundas implican esfuerzos y proyecciones que deben tener en cuenta las posibilidades del entorno social. Si no diferenciamos sus intenciones poco o nada pueden influir en nuestras formas de vivir.


Cuando algunos pocos lograr sus metas se dice que fue gracias a la buena suerte, restando toda importancia a los esfuerzos, disciplinas, privaciones, desilusiones, terquedades, angustias y soledades por las que tuvieron que transitar. La buena suerte sonríe a aquellos que superaron todas estas situaciones. Esta diosa, de las cumbres de lo extraordinario, no es otra cosa que el encuentro entre la vigilancia atenta de los problemas y la capacidad de identificar las oportunidades. Es la comunión entre la actitud que disfruta las certezas y las incertidumbres del aprendizaje con la oportunidad, sumada a una superación atenta de los obstáculos. La buena suerte es la oportunidad que está contenida en cada tropiezo de la vida.




¿No está el artista impregnado de energías, habilidades, repeticiones, ausencias, desencantos, ansiedades y aislamientos, todas al mismo tiempo? Siempre hay algo extraordinario acechando a la sombra de lo rutinario, al menos esa es la clarividencia que guía al artista. Sin embargo, todo ello se puede convertir en un laberinto del cual puede ser imposible escaparse. Por ello es importante participar en espacios donde las perspectivas se puedan expandir, donde cualquier cosa sea comunicable y analizable sin perjuicio de valoraciones destructivas. Existen entornos que inventan obstáculos (burocráticos), algunos más aportan las herramientas para superarlos (empresariales), pero hay otros en los que se cultiva el pensamiento crítico, donde la recursividad es un medio de acción y las soluciones aparecen, incluso, en las circunstancias más adversas.

Ahora están floreciendo ambientes, círculos solidarios en los que se pueden aprender nuevas formas de entender los infinitos escenarios de la realidad, a desarrollar un pensamiento crítico y contextual que obliga a no quedarse con una sola forma de explicar, sino a cambiar los puntos de vista para construir soluciones. En estos entornos se admira más la capacidad de desarrollar nuevas ideas, que los títulos universitarios o los ingresos abultados. Aquí la normatividad burocrática y empresarial no es material obligatorio para enfrentar la vida.

Para un desarrollo orgánico y fluido de los ambientes solidarios es necesario desarrollar tres aspectos fundamentales: 1. Crear una red de tutores, es decir, estar en contacto con personas especializadas en los temas de interés, para identificar fortalezas y debilidades y así, usar la energía y el entusiasmo de manera adecuada; 2. Consolidar una red de colaboradores que compartan y comprendan los objetivos deseados, ya que esto facilita el compromiso y dedicación necesarios y; 3. Implementar un plan de financiamiento que no se limite exclusivamente al endeudamiento.

Cuando el arte se apoya en redes solidarias abre su espectro de comprensión y puede acceder, de manera consciente, a las distintas instancias que constituyen su valor social. En estas redes siempre hay personas que tienen amplias capacidades resolutivas en lo artístico, en la experimentación y manejo de técnicas y materiales. Hay otros con percepciones semióticas que sugieren compresiones y alcances. También se interactúa con personas que gestionan apoyos en distintas esferas sociales. Las redes solidarias se reconocen porque están en permanente estado colaborativo, pues diferentes especialidades y experiencias ayudan a aclarar inquietudes en campos muy diversos. Aceptan con facilidad lo diferente y lo extravagante, ya que comportamientos fueran de lo ordinario traen consigo puntos de vistas novedosos e inquietantes, los cuales son esenciales en la búsqueda de soluciones.

Por ello, el artista no debe limitarse a su pasión, habilidad, terquedad y anhelo porque puede cerrarse la oportunidad de desarrollar una cultura intrépida donde el fracaso no se redima en la soledad, sino que se comparta con otros en el recorrido. Este es un importante paso para transformar las ideas triviales en importantes piezas de arte. El artista relacionado con estas redes solidarias tiene mayores herramientas para superar la fuerza de la costumbre porque corre el riego que disminuya la importancia de sus metas.  El arte exige a su productor una disciplina que fortalezca su capacidad de soñar.

  

¿DE QUE MANERA TE HAN BENEFICIADO ESTE TIPO DE REDES?

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martes, 4 de septiembre de 2018

LA VOCACIÓN SILENCIOSA







Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT


En una ocasión un maestro en los avatares de la siembra y la cosecha de café me sorprendió por la frase con la que inició su conversación: Darwin se equivocó, la selección no es natural. Cada vez que escogemos algo rompemos un ciclo para empezar otro. Tragué de golpe un sorbo de sopa caliente que tenía en mi boca.


Él continuó: La naturaleza no escoge los frutos buenos de una cosecha, esa decisión es nuestra. Ella sigue su curso y no le importa si provee alimento o trabajo. La naturaleza sólo se prepara para la llegada de la siguiente estación.


La mayoría estamos convencidos que el rumbo de nuestras vidas se limita a un propósito que hay que cumplir. Por ello, muchas veces esperamos señales que nos indiquen cuales son las decisiones correctas y para evitar dilemas morales, dejamos que las situaciones se desenvuelvan solas, pues no queremos hacernos responsables por ellas. ¿Cuantos dedican tiempo a aprender a reconocer tales señales? Éste campesino me sembró la siguiente idea: ningún proceso orgánico ni social se rige únicamente por su propio quehacer, este debe estar atento a cualquier interferencia para intentar adaptarse y procurar éxito.


Una vocación es una convicción que se esmera por sus objetivos, es flexible y persistente al mismo tiempo. Sabe cuáles son sus capacidades y habilidades y que debe afinarlas para ponerlas al servicio de su búsqueda. Toda vocación es flexible con sus pensamientos, pues es la cualidad de la adaptación, pero es persistente con sus intenciones, porque en ellas está su aventura. Una vocación no es un oficio o una profesión, es un estilo de vida que se esfuerza por procurar un equilibrio entre la esperanza y los intereses, entre los sueños y las posibilidades.


Estamos convencidos de que en los compromisos laborales, profesionales, familiares y sociales pueden aparecer las señales esperadas, sin percatarnos claramente sobre cuáles son las emociones y los pensamientos que se repiten incesantemente cada vez que los cumplimos. En otras palabras, el ocio resulta fundamental para el hallazgo de una vocación. Frecuentemente es más fácil cumplir los compromisos con otras personas que con nosotros mismos. Siempre los aplazamos porque no sabemos si es una actividad que de alimente una vocación silenciosa o por el contrario es una pérdida de tiempo. Sin embargo, por esas curiosidades de la psicología humana, esperamos que otros le otorguen la importancia que nosotros mismos no le damos.


Ser flexible con los pensamientos tiene que ver precisamente con el auto-compromiso. La intención es alinear los sentimientos más gratificantes con esta tarea. Para ello, es conveniente tener en cuenta tres aspectos: 1. Identificar que actividades, diferentes al mero entretenimiento, que nos entusiasman. Cuales son aquellas labores que sin importan las veces que las hagamos y el tiempo que les dediquemos, producen al mismo tiempo satisfacción y tranquilidad. 2. Recordar qué actividades nos producen alegría al develar cosas nuevas que ayudarán a perfeccionar las propias habilidades. 3. Saber que objetivo nos permite lograr inmediatamente una concentración profunda y al mismo tiempo nos aleje de la preocupación de las posibilidades de éxito o de fracaso, debido a que disfrute se obtiene en la realización misma.


Toda vocación surge de la gratificación que produce la ejecución de las actividades que la definen y, especialmente, cuando tenemos claridad sobre los tres aspectos mencionados. Desde el punto de vista neurológico, la gratificación es una emoción que se alimenta de los pequeños hallazgos que surgen de la vida diaria, estimulando la imaginación. La gratificación busca en la experiencia, aprendizaje y perfeccionamiento el refinamiento de los pensamientos. La ciencia cuestiona, justifica y explica, semillas indispensables de la flexibilidad y la adaptación; el arte cuestiona, resignifica y expresa, resultado de la observación y la imaginación.


La ciencia trae consigo la gratificación del descubrimiento, el arte la vivencia de la ejecución. Gracias a estos dos, la vocación rompe su silencio. La vocación es la gratificación de perfeccionar las más profundas capacidades y ponerlas al servicio del bienestar común. En este sentido, cuando el arte popular está atento a las interferencias de la vida social cuestiona, justifica, explica, resignifica y expresa aquello que permanece oculto al desprevenido.


 
¿EL ARTE POPULAR TE HA AYUDADO A ROMPER EL SILENCIO DE TU VOCACIÓN?