jueves, 9 de enero de 2020

DIÁSPORA DE MAMPUJÁN




Por: Elkin Bolaño Vásquez

En la última feria de “Expoartesanías 2019” la Fundación BAT en alianza con Artesanías de Colombia realizaron un homenaje a las Tejedoras de Mampuján por medio de una exposición en la que se presentaron 9 telares que tiene en custodia el Museo Nacional de Colombia y que serán parte de la colección permanente del Museo de Memoria de Mampuján cuando este sea terminado y entregado a sus habitantes. También se exhibieron algunos de los elementos cotidianos más significativos de la región para proponer algunas lecturas cruzadas entre los telares y la vida diaria. Allí se encontraban una mecedora, un sombrero, un machete, una tinaja, una lámpara a gas y otros enceres.

Adicionalmente, también se podían apreciar telares en pequeño formato que fueron resultado de talleres que las Tejedoras hicieron en distintos municipios del Departamento de Bolívar y que fueron auspiciados por la Fundación BAT y el Instituto Departamental de Cultura y Turismo de Bolívar (Icultur).

En relación con los 9 telares prestados por el Museo Nacional de Colombia, se observó que las Tejedoras vuelven su vista al pasado para remontarse a su origen afrodescendiente para revisar las distintas desventuras sufridas por su pueblo desde el continente africano. Cada telar tiene un título y describe sin prevenciones las situaciones de un pasado que aún las acecha en el presente. 1. África raíz libre, 2. Travesía, 3. Subasta, 4. Rebelión, 5. Llegada del cimarrón a la libertad, 6. Actividad cotidiana del cimarrón, 7. Origen del desplazamiento, 8. Hacinamiento, 9. Secuestro.

La característica que es trasversal a la mayoría de estas piezas es la representación de actividades cotidianas que por distintas razones se fracturan. Esto supone la aprehensión de la importancia del territorio cuyo significado está más allá de un espacio geográfico, y que supone un intrincado intercambio de relaciones de poder desde los cuales se distribuyen los roles y responsabilidades de sus habitantes, esto es, donde se aceptan y reproducen los comportamientos y los acuerdos. En últimas es donde se siembran y cultivan las culturas. Cocinar en fogón de leña, recoger agua en los ríos aledaños, el cuidado y los juegos de los niños, la cría de animales de granja y las actividades agrícolas son las actividades que estructuran su cultura y alimentan la solidaridad. Al desarticularse estos modos de vida las comunidades quedan en un limbo que termina en el desarraigo, en la pérdida del territorio. Por ello la importancia del territorio y la necesidad de volver la mirada a África desde donde inicia la gran diáspora afrodescendiente. Si bien los mampujenses no conservan una lengua propia, tal como sucede con los palenqueros de San Basilio que están apostados en el mismo departamento de Bolívar, es evidente que aún conservan algunas de las tareas cotidianas de su continente originario.

Sin lugar a dudas este es uno de los elementos más significativos de la labor que hacen las Tejedoras y por ello podemos hablar de una diáspora que esparcen tanto en espacios nacionales como internacionales, pues a través de una actividad cotidiana que no exige ausentarse de sus hogares, más que para atender algunas reuniones periódicas, reivindican las tareas del día a día como un hacer permanente que otorga distintos significados a la vida y refuerza sus vínculos culturales propios del territorio. Por ello, al pensar esta exposición se tenía en el horizonte de alternativas las decisiones que tomaron los habitantes al retornar a su terruño y construir el Nuevo Mampuján, pues necesitaban reapropiarse de aquello que se les habían arrebatado.

Las ruinas del antiguo Mampuján adquirieron un carácter simbólico, una suerte de contramonumento que conmemora su tragedia más cercana, el desplazamiento masivo de 245 familias en marzo del año 2000 a manos de un grupo de paramilitares. En estas ruinas las familias y demás habitantes se reunían para hablar de lo ocurrido, pero especialmente, su interés era mostrar su pasado a las nuevas generaciones y así reconstruir una historia dispersa que pocas instituciones se interesan en recopilar y contar. En este sentido la construcción de memoria se inicia en las interpretaciones e historias que se pueden contar al establecer relaciones entre los objetos abandonados, las ruinas y los telares.

La utilización de retazos de tela, sus colores llamativos y la habilidad de coser que se otorga a las mujeres permitieron que las Tejedoras encontraran un modo de comunicar lo que permanecía oculto en sus entrañas y que no podían enunciar con palabras precisas. Darles forma a esos retazos ayudó a aflorar sentimientos que pudieron describir. Alrededor de todo este ejercicio invaluable de las Tejedoras, vale la pena preguntarse sobre las estrategias que usaron los hombres mampujenses para construir sus propios duelos, cuáles serán sus versiones de aquel marzo del año 2000.

Ayúdanos a recopilar las versiones masculinas del desplazamiento de Mampuján, estas también son elementos invaluables de la diáspora.

jueves, 5 de diciembre de 2019

SOLIDARIDADES ENTRE ARTE Y ARTESANÍA



Por: Elkin Bolaño Vasquez
Fundación BAT

Empeñada en la promoción de las habilidades de los artistas empíricos, la Fundación BAT Colombia ofrece para Expoartesanías 2019 un diálogo entre las potencialidades que tienen los materiales tradicionales de la artesanía para acercarse al arte y la intuición creativa que busca resultados cercanos a la estética contemporánea. Durante los 15 años de observación directa del arte popular en Colombia se reconoce el esfuerzo de trasformación de materiales que se imponen los artesanos y artistas para perfecciona sus resultados. Exigencia que se percibe, por un lado, en que los primeros busquen con más ahínco transitar el camino hacia el arte y, en la otra orilla, los segundos experimenten con mayor entusiasmo las tropiezos y fragilidades que caracterizan los materiales.

En ese mismo espíritu de diálogo se presentan trabajos de artistas de Colombia y Venezuela que las fundaciones BAT y Bigott han promocionado y con los cuales se representa la transición de la artesanía hacia el arte y la manifestación de lo tradicional en clave contemporánea. Los artistas apoyados por Biggot tienen dos elementos en común. En primer lugar, la representación de la religiosidad popular en su colorido y la propensión al encuentro masivo que la convierte una celebración que alimenta la solidaridad. Orar como se muestra en la serie de Ángeles de María Yolanda Medina, tener posición de sumisión tal como lo representa Cirilo Rodríguez con su obra La Chamicera, insistir en la representación de la Sagrada Familia como lo hace Uvi Díaz se convierten en preludio del trabajo de Palmira Correa cuando se detiene en la versión festiva de sacramentos como el matrimonio o la primera comunión.


El segundo elemento tiene que ver con el deseo de todos estos artistas de transformar los materiales que les ofrece su entorno cotidiano, en especial la madera y la tela.  El uso de estos materiales reafirma que la creatividad aplicada al arte va mucho más allá de la técnica, pues siempre se descubren nuevas formas de interpretar temas comunes. Así la religiosidad popular se convierte en una máquina de ideas que los artistas reconfiguran para crear nuevas propuestas.

En el caso de Colombia fueron convocados los siguientes artistas: Nohra González Reyes, identifica que su interés por la iconografía religiosa se origina en la huella que dejó el habitar todas sus vacaciones de infancia el almacén de artículos religiosos propiedad de una tía en Sogamoso. Los corazones que propone surgen de los nuevos significados y estados emocionales que se atribuyen a esté ícono. Flor Estela Sierra Gallo, talladora incansable que tiene marcada su historia en sus manos. Su voluntad la compara con la decisión de aquellos campesinos que se dirigen a las grandes ciudades con la esperanza de encontrar mejores condiciones de vida, pero que entre la nostalgia y el agotamiento por ofrecer su mejor esfuerzo no son reconocidos por la urbe que se beneficia de ellos.

María Fernanda Mantilla Silva, volca su aprendizaje universitario para descifrar el encanto de la estética popular que la rodea. Con sus miniaturas busca resaltar la importancia que tiene la economía informal como punto de encuentro de las comunidades. Laura Orjuela Restrepo, por la falta de medios y materiales sofisticados de su origen campesino se propuso enaltecer los colores y las texturas de las hojas propias de su región. Con este material creó un lenguaje de las hojas con el cual intenta contar su propia historia.

Carlos Egidio Moreno Perea, usa la pintura y la escultura para realizar su trabajo y en este se identifica que el potencial humano se circunscribe a la valoración de sus tradiciones, sus narrativas, sus celebraciones, su historia y los presenta con la estética que predomina en la actualidad. Daniel Carvajal Cadavid, debido a una experiencia religiosa que inundó su ser de la compasión de la Virgen decide empeñar sus esfuerzos y conocimientos en su fe y la iconografía católica. En su búsqueda se apropió de la estética de la religiosidad popular y de la versatilidad que la bisutería ofrece.

Cesar Augusto Ortiz, quien se esmera en perfeccionar su técnica de óleo sobre urdimbre, estimula con perspicacia y diversión ese impulso innato de voyerismo que nos hace buscar detrás de cada hilo de sus obras. Gloria Amparo Morales, perfeccionó su técnica al copiar las obras de los grandes maestros del claroscuro. Ahora se dedica a representar la vida tradicional de la costa del pacífico, donde la unión del cielo y mar nos ofrece pistas del infinito y del espíritu que se necesita para habitar ese espacio insondable.

Santiago Cifuentes Mejía, miniaturista virtuoso que combina su visión artística entre un taller de artesanías hechas en resina, el modelado en arcilla y el vaciado en bronce por encargo. Con su arte busca resaltar la cultura de su tierra y para ello busca el detalle identitario del mundo que lo rodea. Luis Nicolás Camargo Pérez, encuentra el soporte de sus obras en objetos de uso cotidiano que hacen parte de las tradiciones tierra. En sus Bateas representa las corralejas y las ruedas de porro que son emblemas distintivos de la costa caribe colombiana.






jueves, 28 de noviembre de 2019

LA SOMBRA DEL DESPLAZAMIENTO


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT


 Entre el 12 y el 29 de noviembre del año 2019 se llevó a cabo la exposición individual Desplazados del artista empírico César Ortiz Ortega. Oportunidad que surge de una petición que extiende la Procuraduría General de la Nación a la Fundación BAT, pues el Procurador entiende que la obra Desplazados, galardonada con un primer premio en la V versión del Salón de arte popular, podría ser un incentivo para que sus funcionarios y los visitantes recurrentes perciban otros sentidos de las consecuencias de la situación social del país.

Caminar con la parsimonia del caracol que lleva su casa a cuestas sin rumbo fijo, sin destino claro es lo mejor que se puede hacer. Desplazarse no es sólo moverse, es sobrevivir. Es dejar atrás seres queridos, recuerdos, rituales, conversaciones, carcajadas y el terruño. Es hermanar la esperanza y el hambre, mejor aún, es descubrir que viven como siamesas. Los ríos ya no son lugares plácidos de la naturaleza, ahora son fosas comunes, los muros que protegen de los proyectiles errantes, también impiden la huida. Las puertas que prometieron que se abrirían, permanecen cerradas.

Las obras que hacen parte de esta exposición confirman la proclamación del poeta Walt Whitman, que aparece en su libro Hojas de hierba: “A través de mí muchas voces largo tiempo calladas… voces veladas y yo aparto el velo… clarifico y transfiguro”. Lo que nos propone César Ortiz es que escuchemos esas voces. Aquellas ensimismadas que repiten lo que se ha quedado atrás, otras silentes que se esconden en las posturas del cuerpo, algunas más que se armonizan entre sollozos. Más que contemplación visual, que en sí misma es atrayente, estas obras requieren de oídos dispuestos a escuchar las paradojas humanas, donde la muerte y la violencia abundan como sinónimo de protección de la vida.

Hay obras que tienen como referentes la Guerra de los 1000 días, el 9 de abril y la masacre en Bojayá, recordando los hitos históricos de lo que hemos sido capaces de hacer los colombianos hacia nuestro propio pueblo. Otras desdibujan sus espacios de acontecimiento, pues han sucedido tantas veces que saturaron todo el territorio nacional. También hablan de la imposibilidad de la despedida, de las voces de clamor que recorren parajes de la naturaleza que antes se visitaban para el deleite del espíritu, ahora colman el espacio de la vida con una bruma enrarecida. Los árboles, tótems verticales, son reemplazados por monolitos de concreto que contienen voces pregrabadas que se repiten persistentemente alrededor. El clamor fue ahogado por los anuncios de televisión y en ellos no hay bienvenidas ni hasta luego.

Otro aspecto que inspira la reflexión es el impedimento de dejar atrás el pasado. Transitar para sobrevivir marca surcos en la tierra y deja huellas, pero no sólo en el camino, también en el cerebro. Los recuerdos de lo sucedido, que son la esencia de la memoria y que no alcanzan a trascender la subjetividad, se han convertido en un escalón infranqueable para construir la verdad. Por eso algunos confían que trabajar para sobrevivir y crea nuevas rutinas ayudará a desdibujar los estigmas que les han impuesto. Todo se repite y se tergiversa cuando el certificado de defunción es el único garante de nuestra ausencia. No hay otro documento escrito que hable de nuestra historia, pero el arte confía que la puede relatar.

Este artista bogotano que adquirió conocimientos básicos sobre la producción de tela cuando cursó un par de semestres de diseño textil, descubrió en la urdimbre, independiente de la trama (nombres técnicos de los hilos que componen vertical y horizontalmente la tela), un elemento esencial en su innovación técnica, pues el óleo sobre urdimbre demuestra que la pintura tridimensional si es posible. Su técnica oculta y devela, crea sombras sobre el anonimato lo que termina por enrarecer un más su condición. Hay un trasfondo que exige atención para su comprensión. Esta exposición es un preámbulo para desvanecer las sombras que siguen fielmente el desprestigio que sufren aquellos que enfrentan las consecuencias del fenómeno del desplazamiento.

César Ortiz también fue galardonado con el Gran Premio del VI Salón BAT de arte popular.

sábado, 9 de noviembre de 2019

PREMIACIÓN VI Salón BAT

CONTEMPLACIÓN Y “TIEMPO REAL”



Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT

Muchas son las palabras que intentan explicar la intrincada red de relaciones, añoranzas y expectativas que colman los caminos entre el campo y la ciudad. Muchas más son las metáforas que emergen de esta exposición que supo ocupar cada espacio disponible porque el vacío huele a silencio. No es fácil enfrentarse a una exposición con 155 obras, especialmente cuando cada una de ellas se enmarca en ese movimiento obligado que ha vivido todo colombiano en el transcurrir de un siglo. El desplazamiento, ese movimiento que va y viene, también es un tema obligado para el Salón BAT de arte popular, pero interpretado a partir de un “entre”.
Para esta sexta edición confiábamos en diluir las apologías y las desventuras que puedan contenerse en el tema lo popular entre lo rural y lo urbano, la conjugación que puedan tener esos espacios en el contexto del desplazamiento, pues prevalece la creencia según la cual se desarrollan por separado y con personalidades, incluso, contradictorias. Sin embargo, en ambos casos, el sol aparece después de que muchos han iniciado sus faenas laborales y la noche viene acompañada con luces multicolores que invitan a los espíritus a transformar sus deseos. Deseos “entre” el elogio y el fracaso, esfuerzos “entre” la nostalgia y las proyecciones es lo que salta a la vista al detenernos en los microcosmos que fundan cada una de estas obras, que abren ventanas a la contemplación porque nos trasladan al interior de sus relatos congelados en imágenes.


Un tractor Singer es prudentemente escoltado por una madre indígena en bicicleta, mientras una pareja, amante de la tierra, cuida sus frutos.  Una mesa, que ofrece de plato fuerte un diálogo por décadas esperado, se alza sobre las paradojas de este país dándole la espalda a lo que habría que observar de frente. Buscar acuerdos sobre suposiciones es una ilusión que nace de causas enmohecidas en cajones de escritorio. En estas circunstancias parece que todo está a la mano, pues todo se apila y se junta como si el espacio no fuera suficiente, pero si recordamos las cofradías nacidas en los barrios, antaño clandestinos, o en las veredas anónimas de un mapa, se entiende a cabalidad que la cercanía y lo tumultuoso no es tema espacial, sino la vivencia que equilibra la vida.

De igual manera, el Salón BAT busca hermandades y solidaridades inesperadas entre pequeños grupos de obras que se ponderan entre sí. La repetición es indicio de simetría y con ella se garantiza la armonía que aspira a la belleza. Cajas en las que conviven libros, cajas en las que se resguardan las familias que entremezclan sin esfuerzo el trabajo y la fiesta, evocan formas de vida en las que la contemplación y el “tiempo real” se encuentran en la misma habitación. No sólo se contemplan las montañas o el mar para que el pensamiento se suspenda, el cerebro también siente la parsimonia frente a las pantallas del “tiempo real”, pero no para el equilibrio de las funciones químicas del cuerpo, como sucede con la primera, sino que, en el exceso de estimulación de la experiencia digital, la mente prefiere apagarse para evitar el colapso.

De todo lo anterior y centenares de cosas más nos hablan muchos otros grupos de obras desde los cuales se verifica la recurrencia y la necesidad de observar lo que se hace y se deshace en la vida en común, donde el encuentro es un factor determinante de la misma, pero muchas veces es al mismo tiempo la causa del temor que más acosa.  Esperamos que esta sexta edición del Salón BAT estimule temas de conversación que se meditan en la contemplación y al mismo tiempo impulse la interacción en “tiempo real”.

Ayúdanos a identificar pequeños grupos de obras donde la contemplación y “el tiempo real” se expresen simultáneamente.

martes, 1 de octubre de 2019

BATALLAS DEL ARTE



Por: Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT

En tiempos de paz los hijos sepultan a sus padres, en tiempos de guerra los padres son quienes sepultan a sus hijos. Después de búsquedas incansables, corazones destrozados y calumnias estigmatizantes, las Madres de Soacha lo expresan contundentemente: Nosotras no parimos hijos para la guerra.

¿Qué tiene que ver esto con el arte?

En tiempos de paz y en sociedades inclusivas y democráticas las expresiones artísticas de todo género son apoyadas ampliamente y su mayor promotor es el Estado porque reconoce en ellas formas de pensamiento que se conectan directamente con las fibras más sensibles de los conciudadanos, lo que a la postre contribuye al desarrollo de consciencias sensibles. Sin embargo, en tiempos de guerra y en sociedades excluyentes y hegemónicas el financiamiento de la promoción del arte se disminuye radicalmente hasta el punto que algunas de sus prácticas y temáticas son prohibidas. Para la mentalidad bélica el arte es una especie de virus que debe ser controlado para después soltarlo como un agente patógeno que inocule ideas que favorezcan los intereses del poder. El arte sirve para ambas cosas: para explorar y analizar las profundidades de los fenómenos y con ello estimular mentes críticas y solidarias o para la manipulación y la segregación promoviendo prácticas sectarias donde la unión no es para la cooperación, sino para la destrucción de lo diferente.

Bajo las influencias que pueden tener las tensiones del poder en la tarea artística, las batallas del arte inducen una confrontación entre la cruda realidad que enturbia las intenciones más nobles de la esfera social y el trabajo silencioso del arte que busca desnudar su belleza, pues confía que el trasfondo psicológico, imperfecto y limitado de la sociedad anhela el descubrimiento de un sendero que guíe a la sabiduría para alcanzar de algún tipo de perfección.

En un espacio académico en el que participaron cuatro Madres de Soacha observe que en la narración de sus sufrimientos deambulaban libremente expresiones artísticas que muchos artistas contemporáneos envidiarían. Una de ellas, por la búsqueda de su hijo y su sobrino decidió hacer antifaces en los que aparecen impresos los ojos de sus desaparecidos, para que quienes la escucharan los miraran de frente. Este tipo de “performance” quebró con mucha facilidad el espíritu de los convidados a la cita. Una segunda madre decidió que llevaría su hijo a cuestas con un tatuaje en su brazo. Una tercera prefirió construir un altar (instalación in situ) donde podía conversar todas las noches con su hijo y la última, después de visitar muchas fosas comunes, entendió que la fosa común más grande e inexpugnable de Colombia y que nunca permitirá sacar los moradores de sus entrañas, es el río Magdalena.

En sus narraciones se podían escudriñar situaciones recurrentes y espontáneas que contenían la esencia de sus intereses vitales. Espontáneas porque la conexión emocional permite hablar sin tapujos sobre las preocupaciones y deseos más íntimos. Tal vez la pregunta más significativa y que cambió la dirección del encuentro fue ¿Y pasa con los Padres de Soacha? Fue un llamado de atención que estas madres abnegadas agradecieron.

Las convulsiones emocionales y racionales de este encuentro hacen patente la necesidad de entender el espíritu voyerista del arte con una inagotable curiosidad que se esmera por hacer visibles los pensamientos más intensos y que no son capturados por las paradojas del poder. Voyerista en tanto observador intenso que a pesar de sus propias fragilidades encuentra belleza donde otros sólo ven horrores. Esta es precisamente una de las batallas del arte, mostrar que su voyerismo no es morboso, sino que tiene el potencial de hacer vivir sentimientos inimaginables. Cuando las Madres de Soacha hablan de sus hijos terminan por trasmitir el vacío de sus almas.

¿Cuáles pueden ser las batallas que tienen las obras después que se convierten en capital simbólico público?

Como idea general podemos afirmar que cuando se hacen investigaciones periódicas del arte se pueden descifrar los grados de convulsión que vivía esa sociedad. En este sentido, el arte es testimonio de su época y su estudio invita a una revisión de la historia institucionalizada, pues esta toma la forma del poder que la edita y publica. Las Batallas del arte no se limitan a su producción, pues los artistas han demostrado que la precariedad es un nicho de abundancia para la creatividad. Tampoco a las limitaciones de su divulgación debido a que siempre habrá obras que no alcanzarán la luz en su propia época. Su mayor batalla es dejar de ser percibido como testimonio y memoria, porque esto lo encierra en un carácter subjetivo, y pasar a ser un elemento esencial de la historia porque proporciona un amplio espectro de objetividad.

Contar la historia a través del arte es descifrar un significativo número de obras que se unen en preocupaciones cercanas con interpretaciones desiguales. Mientras que un pintor frota su pincel sobre una superficie plana y un escultor acaricia o cincela la materia maleable con sus manos ¿qué procedimiento usa el artista que se enfrenta a las batallas del arte? Parece que lo único claro es que se necesita de muchas más habilidades que el virtuosismo técnico o la erudición personal.

¿CUÁLES SON TUS BATALLAS?



lunes, 23 de septiembre de 2019

BELLEZA ALQUÍMICA




Por: Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT Colombia

En época de los alquimistas el fuego era el elemento que depuraba o evaporaba las experimentaciones apasionadas. La alquimia no se afanaba por transformar la materia, se preocupaba por purificarla. Por ello, la práctica del alquimista no es un proceso intelectual que busca una verdad científica, es más bien una iniciación moral que intenta expiar el alma. La cosmovisión alquímica entiende que el hombre alcanza la perfección en la medida que se esfuerza por descubrir la sabiduría contenida en la imperfección. En otras palabras, la búsqueda de sabiduría es una acción ética que encuentra su mejor expresión en la belleza.

¿Es la belleza alquímica el objetivo del arte actual? Cada vez es más evidente que una obra de arte, como expresión máxima del espíritu artístico, no tiene ningún valor social ni cultural intrínseco definido. Sobre todo, cuando sabemos que los talleres de los artistas, las bodegas de coleccionistas y museos están llenas de obras que son ignoradas por la sociedad. Una obra requiere atravesar por filtros que puedan avalar su rol dentro de la comunidad. Precisa de la intervención institucional, del trabajo académico y promocional que le permita presentarse al público. Esto invita a considerar que experimentar la belleza alquímica frente a una obra de arte requiere un proceso complejo en el que intervienen muchos actores y que el espectador es quien, en últimas, confirma tal sentimiento.

Para que la belleza alquímica pueda considerarse un sentimiento que pueda sentir cualquier persona exige, en primer lugar, una disposición contemplativa y, posteriormente, algún grado de voluntad para racionalizar sus propias percepciones. Por ello, la interacción directa obra-espectador sede espacio a intermediaciones conceptual, descriptiva y pedagógica, que acompañan las exposiciones, para adicionar elementos de análisis e interpretación que el espectador pueda asumir como propios y así activar su intención mayéutica para explicar la obra que contempla. En consecuencia, introducir la posibilidad de percibir la belleza alquímica supone trascender la trilogía artista-obra-espectador debido a que representa un esquema cerrado para condensar todo el proceso que implica la aparición y permanencia de una obra de arte en la sociedad.

Considerar la belleza alquímica requiere plantear un esquema que, si bien puede diferenciar claramente las diversas etapas del arte, también permite proponer una metodología que ayude a examinar los aspectos afectivos, cognitivos y semánticos que permanecen implícitos en el transcurso de todo el proceso. El esquema formula vínculos entre: 1. La motivación intuitiva y creativa del artista en la realización de su obra (artista-obra); 2. La articulación entre la reflexión teórica y la difusión de la propuesta artística (curaduría-institución) y; 3. La correspondencia entre los supuestos simbólicos y pedagógicos de las exposiciones y las preferencias del público (espectador-autoformación). Todo esto conmina a estructurar una propuesta teórica que permita auscultar el mecanismo procesual del arte, para presentar directrices que alivianen el camino para acercarse a él y comprenderlo, tanto el objeto artístico, como en sus interrelaciones con los distintos contextos en los que pueda ser presentado.

Para hilvanar el amplio espectro de influencia del arte, debemos entender que sus estrategias comunicativas operan como una forma de regulación afectiva, que desemboca en la presentación de un conocimiento simbólico. Ello implica, una voluntad de aprendizaje que puede desarrollar diferentes representaciones del mundo, procurando comportamientos, afecciones y rechazos. Esto justifica, la cada vez más insistente idea de que el arte puede crear mundos nuevos y alternativos porque éste, como una forma de cognición, no obedece a la mera representación de una realidad contextual, sino que en su proceso de adecuación insiste en una organización radical de cómo se siente, se comprende y se actúa en cada entorno.

Por consiguiente, desarrollar estrategias para impulsar la belleza alquímica como un objetivo de la contemplación del arte implica pensar la tarea curatorial y promocional de las exposiciones como un esquema de apoyos para que el espectador estimule su capacidad mayéutica y en su recorrido alcance la regulación afectiva necesaria para crear su propio conocimiento. Así, sin que el espectador se sienta obligado, la conciencia hace pequeñas correcciones sobre la interpretación de su realidad y, por ende, de los valores que lo impulsan. Adicionalmente, impulsar la experimentación de la belleza alquímica invita al artista a desprenderse de sus preferencias y aversiones para contemplar su obra en un marco de referencias distinto y a visualizar la vitalidad intrínseca de su obra, de tal modo que, como los alquimistas, pueda purificar su arte y expiar su espíritu.

¿ES LA BELLEZA ALQUÍMICA UN OBJETIVO DEL ARTE ACTUAL?


jueves, 15 de agosto de 2019

INVESTIGACIÓN ARTÍSTICA

Por: Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT

Explorar y perfeccionar la transformación de materiales requiere la inversión de mucho tiempo y esfuerzo que no sólo desemboca en la acumulación de conocimientos y habilidades, sino que implica almacenar una cantidad significativa de pinturas, dibujos, ensamblajes y objetos experimentales que llenan rincones, muros y habitaciones del espacio vital que se comparte con la familia. Sin embargo, hablar de habilidades y procesos artísticos es remitirse al modelo preponderante que explica los factores cognitivos y sociales que intervienen.

Desde el punto de vista de los procesos mentales se indaga sobre la forma como se estructuran las formas de pensar, tema que explica extensamente Howard Gardner a través de su estudio de las inteligencias múltiples. Otro tanto se explica desde el entramado psicológico y la voluntad que impulsa, aspecto que acapara un espacio significativo del psicoanálisis. No obstante, cabe preguntase sobre los parámetros con los que los artistas interpretan los acontecimientos, si sus intenciones obedecen al descubrimiento de una óptima traducción artística o si desean conocer a profundidad la situación analizada. No es que estas perspectivas se nieguen entre sí, pero tampoco existe una correlación directa entre una y otra, sólo se unen en el interés que motiva a la voluntad artística.

En relación con las circunstancias sociales los artistas dependen de la infraestructura cultural[1] que está compuesta de espacios de promoción (museos, bibliotecas, etc.), de la industria cultura[2] y del mercado[3]. Comercializar las obras es tan importante con participar en exposiciones, pues es otra de las maneras de valorar la acumulación de conocimiento y obras de los artistas. El arte se empeña en transformar materiales y esto obliga al artista a invertir recursos económicos para comprar lo necesario: pintura, madera, tela, pegantes, etc. Por consiguiente, si el artista invierte dinero, tiempo y conocimiento en su trabajo se espera que el siguiente paso sea que pueda obtener una retribución justa por su labor.

El tiempo invertido en la investigación artística no solamente habla de la acumulación de experiencias que desemboquen en algún grado de virtuosismo, también necesita aprender a conocer las distintas variables que otorgan al arte un valor social, pues sin este se reducen las posibilidades de reconocer su trascendencia, especialmente en la actualidad cuando cada aspecto de la vida pretende ser regido por las lógicas del mercado. Pese a ello, y sin que lo anterior adquiera un matiz negativo, es importante reconocer que el artista al vender su arte entra en una lógica que lo obliga a equilibrar el sostenimiento y la renovación del estilo propio, pues hay que seguir comercializando lo que se vende y al mismo tiempo introducir novedades para alcanzar nuevos compradores.

Ejemplos de dicho equilibrio o la incapacidad de lograrlo se reconocen en dos casos paradigmáticos. Picasso uno de los artistas más reconocidos, quien vivió en una opulencia económica por el precio de sus obras, se atrevió a cambiar radicalmente el lenguaje con el que fue aceptado inicialmente en el mundo del arte e introdujo una de las rupturas más significativas de las vanguardias artísticas de la primera mitad del siglo XX, el cubismo, con el cuál creó su obra más emblemática Guernica. Otro caso es Van Gogh quien vivió en la miseria y cuyo reconocimiento llegó después de su fallecimiento. Su esquizofrenia ocultó la fuerza de sus obras porque el drama de su enfermedad, según las ideas románticas del momento, no compaginaba con las características del genio de los grandes maestros de la historia del arte universal. Su legado no tiene comparación porque su voluntad artística intentó exorcizar sus demonios con la búsqueda de la pureza del arte.

Si bien el objetivo primario de la investigación artística para la producción de arte no es la venta, si es un eslabón indispensable para que su aura de sublimación siga enriqueciendo las diversas formas de darle trascendentalidad a la humanidad. Las biografías de los pintores mencionados demuestran que el valor del arte no radica en los artistas sino en la sumatoria y articulación de las múltiples valoraciones de especialistas, instituciones, coleccionistas, otros artistas, compradores y el público.


¿DE QUÉ MANERA LA BIOGRAFÍA DE UN ARTISTA OTORGA VALOR A SU ARTE?