viernes, 4 de abril de 2025

ARTE Y PERCEPCIÓN

Elkin Bolaño-Vásquez 

Coordinación educativa. Fundación BAT 

El arte tiene una información cifrada y su calidad depende de dos fases fundamentales. La primera de ellas es si el artista confió plenamente en la racionalización de sus indagaciones o si dejó un amplio espacio para que la intuición lo guiara en su búsqueda. Por ello, la importancia de saber el enfoque y los métodos de indagación. La segunda se relaciona con los procesos de percepción y apreciación de los espectadores y sus preferencias hacia los gustos estandarizados del turismo cultural, por ejemplo, o hacia la contemplación reflexiva. 

La percepción del arte debe reconocerse como una vivencia que ofrece al espectador la posibilidad de suspender sus pensamientos para sentir algo que no resulta fácil traducirlo a palabras. Ese es el ideal y es lo que se busca experimentar con un estado sublime de consciencia. Pero resulta evidente que alcanzar tal ideal trae consigo muchas etapas y cada una de ellas con complejidades propias. Pero en aras de una descripción de lo que sucede tras la vivencia del arte podemos tomar el ejemplo y el cambio de paradigma que significó para la ciencia El problema del observador a la hora de intentar conocer la luz ya que, al mismo tiempo, es onda y partícula. El problema surge cuando la atención de una persona, el observador, se fija en el comportamiento de la luz, identificando siempre su forma como partícula, es decir, su materia, desapareciendo u ocultándose su versión de onda, apareciendo solamente para una observación especializada.  

La descripción del comportamiento dual de la luz abre un amplio espectro para indagar sobre la complejidad de la percepción del arte convirtiéndose en algo aún difuso y un ejemplo más cercano puede aclarar el beneficio que trae consigo asumir la vivencia del arte desde la imposible separación de la onda y la partícula, y para ello la moneda en tanto metáfora es conveniente. Siempre se habla de sus dos caras y se olvida que, como objeto, tiene un borde por el que se vinculan aquellas dos, mostrando que no son extremos distantes, sino dos formas de expresión de una cosa y que tienen relación reciproca porque la existencia de una depende de la existencia de la otra. De este modo el tercer elemento, el borde, se convierte en la materialización del equilibrio perfecto. Como cuando lanzamos la moneda al aire y al caer se equilibrara sobre su borde y permaneciera perpendicular al suelo.  

Y es que el equilibrio perfecto entre las dos caras de la moneda es similar al equilibrio de la onda-partícula de la luz porque es lo que le permiten contener la totalidad del espectro cromático. Y es debido a su desbalanceo que percibimos el color. Con esta descripción resulta evidente que lo que primero detecta la atención de todo espectador es el aspecto matérico de la obra, el color, su presentación final, mientras que la onda, oculta a la mirada neófita y potencialmente identificable por la observación reflexiva, supone una forma de mensaje decodificado que solamente se hace visible a quienes conocen, de antemano, su método de decodificación, es decir, el sistema por el cual se diferencia el arte de lo que no lo es. Sin embargo, la complejidad de la percepción del arte aparece después de esta etapa porque las variables matéricas de la obra se convertirse en onda, en metáforas que agregan variables al significado.

Esta dinámica es lo que ha permitido e impulsado el desarrollo y posicionamiento de los estudios del arte, con especial énfasis en su historia por sus permanentes renovaciones interpretativas, pero también ha favorecido la idea de que cualquier espectador puede otorgar significados a las obras, lo que se ha convertido en una tergiversación que elimina todo el sistema que el arte ha desarrollado para convertirse en una forma de conocimiento que, por sus exigencias investigativas, discursivas y de inversión en infraestructura es comparable a la ciencia, la política y la economía, pero con la diferencia de que aspira a estados sublimes de la consciencia.  

Otra forma de abordar la sinergia existente entre la onda-partícula con la percepción del arte es la función que cumple la retina y que se expande con los potenciales de la visión y la visualización. Mientras que la mirada dependiente de la pupila y la luz es limitada las otras dos desarrollan alternativas que permiten identificar ojos que sentimos en la mente y la imaginación. Esto explica la sinestesia y las capacidades que tienen los músicos para ver sonidos en partituras, los matemáticos para ver patrones en el universo y traducirlos en fórmulas matemáticas y los desarrolladores de algoritmos computacionales que simulan el trabajo sináptico del cerebro. Todas estas capacidades dependen de la imaginación y la manera como la vemos. 

Por ello, el arte no ofrece certezas como está obligada la ciencia, sino que abre caminos imperceptibles que nos llevan a experimentar estados sublimes. Esto confirma que el arte no es una búsqueda de respuestas definitivas, sino una búsqueda de caminos para alcanzar estados elevados de consciencia que se traducen en el equilibrio que nos permite mantenernos perpendiculares en nuestros recorridos. 

 

miércoles, 5 de marzo de 2025

EL LEGADO DEL ARTE

 

Elkin Bolaño-Vásquez

Coordinador educativo. Fundación BAT

Si las valoraciones del arte se limitaran al prestigio y el precio de las obras ¿cuál sería el legado que espera ofrecer el arte? Si el arte-espectáculo de la noticia sensacionalista y las altas sumas de dinero son los objetivos del productor artístico, entonces ¿cuál sería la diferencia entre los agentes de esos espectáculos y los artistas del mercado en la Bolsa de New York? Es claro que ambos viven de especulaciones, pero el enfoque de los primeros parece, al menos a primera vista, que no les interesa lo que antaño era la máxima aspiración: elevar el espíritu de la humanidad a estados sublimes a través de sus obras. Por supuesto, esos deseos inherentes a tales especulaciones no son objetables, incluso el sistema económico actual los incentiva y venera.

No obstante, la reflexión apunta a la suplantación que el primero hace del segundo, ya que no existe una correlación directa entre la acumulación de prestigios y altas sumas de dinero con la experimentación de estados sublimes. Porque si ese fuera el caso ¿qué alternativa tiene el 99% de la población mundial, que adolece de esas acumulaciones, para elevar el espíritu? Parece que la respuesta inmediata se consigna en una afirmación famosa de Marx: “la religión es el opio del pueblo”. Sin embargo, a este respecto cabe recordar hechos de la evolución biológica y social.

El desarrollo de la corteza prefrontal supuso la aparición del pensamiento simbólico y el origen de lo que hoy llamamos lenguaje articulado, arte y religión, lo que en el fondo es el precedente evolutivo de todas las formas de conocimiento creadas por la especie humana. La separación entre el arte y la religión se dio exclusivamente en la cultura occidental lo que le entregó a la segunda la hegemonía de la búsqueda espiritual, al tiempo que permitió una acumulación de poder económico y político a la Iglesia Católica, mientras que el arte subsumido por dichos poderes, se benefició por la contratación de pintores y escultores para que crearan escenas de los grandes mitos bíblicos y convertirlas en iconografías sagradas que contiene la promesa de la experimentación de estados sublimes. Ello hace de la Iglesia una de las instituciones que más ha subvencionado a los artistas en la historia de la humanidad. No por nada es la institución que mayores bienes culturales y artísticos resguarda.

Es de notar que el favorecimiento de la Iglesia hacia los grandes maestros de la historia del arte de occidente no es un prolongado programa dadivoso de varios siglos, sino que explica los inmensos potenciales que tiene el arte para afectar y moldear las comprensiones de la vida. Potenciales que no desconocen las instituciones del arte-espectáculo, ya que convierten a los artistas y sus coleccionistas en objeto de veneración. Claramente las versiones contemporáneas del arte se han distanciado radicalmente de representaciones grandilocuentes de las mitologías antiguas para realizar una fusión entre racionalismo y espectáculo que ha ocultado y menoscabado las versiones artísticas con propensiones vitales que aspiran a la promesa de experimentar estados sublimes.

Comprender los grados de afectación e influencia que ha tenido la iconografía sagrada creada por pintores y escultores implica la tarea de trascender el análisis artístico y estético para detenerse en sus implicaciones psicológicas y sociales. Y es en este tránsito entre lo artístico y lo social desde donde se puede conjeturar una idea inicial del legado al que se supone debe aspirar el arte. Un enfoque ontológico explica que la experiencia de lo sublime es posible a través de la representación de una versión de belleza que aspira al sobrecogimiento, ya que es sentirse en presencia de algo superior que no se puede racionalizar inmediatamente. Sentimiento que antaño se lograba con la grandilocuencia de la iconografía sagrada.

En la actualidad y por la desaparecida veneración de los grandes mitos, ganan espacio las mitologías íntimas y, por tanto, las búsquedas espirituales individuales que aspiran a la construcción de caminos para trasformaciones vitales que pueden encontrar en el arte alternativas para canalizar y descubrir el misterio propio, pero sobre todo experimentar y hacer visibles las bellezas inesperadas que resguarda el alma. En consecuencia, el legado que promete el arte compone del trabajo que se realiza sobre la mitología personal, en sincronía con la representación visual, corporal o material de sus bellezas inesperadas.    


martes, 11 de febrero de 2025

LA PÉRDIDA DEL ARTE

 

Elkin Bolaño-Vásquez

Coordinador educativo. Fundación BAT

Los cambios de paradigmas, las adaptaciones y las innovaciones que advierten todas las formas de conocimiento creadas por la especie humana han contribuido en beneficios amplios y generales, pero también han generado pérdidas y suplantaciones de las que aún no se logra medir sus impactos y de los que el mundo del arte no es ajeno. Cuando las aristocracias feudal y religiosa (actualmente existen aristocracias capitalistas y tecnológicas) se vieron obligadas a mantener sus privilegios en la transición hacia el capitalismo, abrieron las puertas de sus palacios e hicieron públicas sus colecciones de arte. Esa coyuntura permitió un beneficio sin precedente en la población mundial porque es el origen del turismo cultural y la democratización del arte.

Dicha transición creó nuevas instituciones como los museos cuyo objetivo es la preservación y el sostenimiento de los bienes culturales y artísticos que, sin ambages, también mantuvo y diversificó el mercado de los prestigios. Por supuesto, esto no es objeto de reproche. De hecho, es lo mínimo que deben recibir estas familias por ofrecer a la sociedad sus colecciones. Posteriormente, aparecen galerías, concursos y subvenciones gubernamentales que amplían el espectro y alcance de la democratización, atrayendo beneficios de gran importancia para los agentes del arte y el público. Sin embargo, resulta necesario observar algunas consecuencias que acompañan todas aquellas conquistas y que de diferentes formas han afectado las formas de vivir la producción del arte.

Las instituciones mencionadas no contienen dentro de sus muros el mundo del arte, su función primordial se parece más a portales, umbrales o espacios donde el público accede a bienes culturales y artísticos para luego salir de ellos y retomar sus rutinas. La importancia de este objetivo deviene del convertir la obra de arte en un enclave de encuentro entre la visión de los artistas y las comprensiones del público. De aquí surge una primera hipótesis: el mundo del arte no se alimenta del mercado o las instituciones, sino de la promesa de materializar una ilusión que mantiene en constante movimiento las vocaciones de los profesionales que trabajan dentro o al margen de aquellas.

Es posible que tal ilusión sea el sustrato de una explicación sobre la precariedad que viven estos profesionales. Existe un enorme trabajo de profesionalismo y altos niveles de educación que siempre encuentra caminos laterales para disuadir las limitaciones con la que negocian sus roles. Dicha actitud bien puede considerarse una dignificación de tal promesa, porque las instituciones no tienen la capacidad suficiente para dignificar todas las evoluciones que dicha ilusión genera en el mundo del arte.

Identificar una versión del arte ajena a las versiones generales y limitadas de los portales mencionados supone alejaremos de cualquier resquicio del arte en tanto espectáculo ya que al acaparar los espacios de prensa internacional se interesa en aquellos prestigios construidos desde la versión superficial y mercantil que mina la democratización del arte porque lo convierte en una dinámica suntuaria y ajena a los intereses de las mayorías demográficas. Parafraseando a Herbert Marcuse cuando explica su visión del hombre unidimensional, la versión de espectáculo mercantil del arte ha creado un tipo de totalitarismo que absorbe y obnubila otras versiones, a tal grado que incluso los agentes del arte que están por fuera de esa vertiente asumen el lenguaje de moda aún cuando es pobre y carente de aristas, convirtiéndolo en modelo automático e inconsciente de comportamiento y reflexión, reproduciendo la imagen mística y ritual que el mercado de los prestigios ofrece al público masivo.

En consecuencia, para perfilar otra comprensión del arte es necesario desentrañar la experiencia vital que este promete y, por tanto, identificar algunas de las pérdidas que ha sufrido, por lo que es importante considerar las siguientes preguntas porque no necesitan de teorías sofisticadas para responderlas, sino que se pueden abordar de manera reflexiva y personal según el rol que se cumpla en el mundo del arte:

¿Cómo es afectado el artista cuando intenta una reflexión objetiva de su propia obra? ¿es suficiente su reflexión?

¿Qué beneficios a traído para arte el entregar la comprensión del mismo a espectadores neófitos?

¿Es distinto el proceso cognitivo de la producción artística (artista) y el de la reflexión objetiva de una obra (espectador profesional o neófito)?

¿Qué sucede en la psiquis cuando no se está ejerciendo la producción artística o la reflexión objetiva?

¿Qué ha ganado el arte con el reemplazo de la crítica profesional por la noticia del espectáculo?

¿Cuál es el legado de un artista cuando ha acepado la suplantación del análisis de su obra por la venta?

        Por último, si aceptamos que el arte es una de las formas de conocimiento más elevada de la especie humana y que a lo largo de la historia se ha puesto al mismo nivel de la ciencia, entre otras, porque sus profesionales alcanzan los mayores niveles educativos existentes ¿por qué confiamos ciegamente que la democratización del arte es visitar museos y galerías (mercado), y con ello se resuelve la precariedad de sus agentes? Para acercarnos a cualquier forma de conocimiento es necesario informarse sobre sus métodos de análisis y sus objetivos. Dos requisitos que en el mundo del arte nunca se han cumplido en el público masivo, facilitando una inquebrantable elitización.

Espero leer sus reflexiones sobre las preguntas planteadas.


viernes, 17 de enero de 2025

EL SOBRECOGIMIENTO EN EL ARTE

 

Elkin Bolaño-Vásquez

Coordinador educativo. Fundación BAT 

Cuando se pretende indagar sobre la semántica que pueden contener las obras, no es suficiente identificar la temática, pues a fin de cuentas ella no es más que uno de sus aspectos generales, además de que probablemente también sea abordada por otros artistas. Por ello, la valía del arte no depende del abordaje de determinados temas, sino de la manera que los enfoca, ya que es el enfoque el que define la posibilidad de introducir formas alternativas de comprenderlos. Esta diferenciación es, tal vez, una de las limitaciones silenciosas que tiene la apreciación estética, porque si no se logra identificar la particularidad del enfoque se pierde la posibilidad de disfrutar la riqueza semántica y el sobrecogimiento espiritual que pueda ofrecer la expresión artística que se esté presenciando.

Desde esta perspectiva, la misión del arte no se limita a la presentación de un tema que genere inquietudes, sino a un particularísimo enfoque que convierte los encuentros comunes, que mantienen la vida en la reproducción de comportamientos, en sinergias vitales que introducen cambios en las comprensiones del mundo. Esta diferencia es importante porque cualquier tema es susceptible de ser abordado por las distintas formas de pensamiento, sea desde la economía, la pobreza, la salud, la geopolítica, la ruralidad, hasta la cibernética, el consumo y la biología. Ello implica que el arte sólo una de las posibilidades que tiene el ser humano para asir su experiencia en el mundo, pero una de las pocas que trae consigo un alcance espiritual.

Y es que dejar escapar la riqueza semántica y el sobrecogimiento espiritual por considerar suficiente la visión general e inmediata que puede representar el arte es lo mismo que detenerse en la apariencia inmediata que tiene una rosa cuando es ofrecida como símbolo de amor. Los pétalos con su imagen de sutileza se muestran como ternura, caricias y delicadeza, y ¿qué sucede con quienes sufren alergias? Pero cuando este símbolo es aceptado se descubre, generalmente con dolor, que hay espinas que los acompañan, de modo que la rosa nos indica que el amor se parece al antagonismo entre la belleza de los pétalos y el dolor de las espinas, pero ¿qué ofrecen el cáliz, el estambre y los pistilos en este simbolismo? Si bien los pétalos atraen sus amantes-polinizadores, el ciclo del amor romántico se completa cuando el estambre y sus pistilos ejecutan su función, es decir, ofrecer la oportunidad de una renovación vital. No obstante, esta versión ¿qué nos dice del amor maternal, paternal y fraternal? De eso se trata el enfoque artístico y estético, de desplegar sutilezas que para la observación inmediata son invisibles, pero que una mirada anhelante de sobrecogimiento aspira a encontrar.

Esta mirada anhelante es importante en la vida de toda persona porque es la única que es capaz de penetrar en la materialidad de la realidad percibida e identificar las distintas fuerzas que la tensionan, ya que tales fuerzas muestran variaciones según quien las perciba. Esto supone que este tipo de mirada toma consciencia de tales variaciones, afectado las emociones y desconcertando las rutinas, obligando a descubrir significados estimulantes, enriquecedores y potencialmente transformadores. Es esa mirada anhelante que, aunque imbuida totalmente en el presente, introduce en la energía psíquica que mantienen activa las vidas humanas, variaciones sutiles en los diversos caminos que se abren hacia el futuro. Es aquella que la filosofía describe como un tipo de estética que reconoce que lo bello no se reduce a una mezquina, sintética o reiterada forma de expresión, sino a aquella que mientras observa identifica las fuerzas que mueven y transforman las emociones y los significados, haciendo palpables los estímulos que impulsan y sostienen el mundo íntimo. En últimas, cuando hacemos referencia a una mirada anhelante implica la observación del mundo íntimo.     

Esa búsqueda de lo bello en lo íntimo es aquella estética que ofrece filtros para detectar, en los lugares que generan comportamientos automáticos, vitalidades que no son perceptibles por los sentidos, sino que simplemente se experimentan cuando el arte las hace notar. En tal sentido, cuando se trasciende la apariencia inmediata y se reconoce en ella una síntesis limitada y algunas veces precaria se abren pequeñas hendiduras en las rutinas del pensamiento que conducen al alma humana a un laberinto espiritual que individualiza las complejidades que se deberán transitar. Laberintos que ayudan a huir de la apariencia inmediata porque terminan convirtiéndose en umbrales cognitivos que tienen el potencial de sustraer bellezas inesperadas.

Según lo anterior, el sobrecogimiento en el arte supone transitar y experimentar la riqueza semántica y espiritual en la brecha que surge en la tensión entre lo ideal y lo real, entre lo buscado y lo encontrado para configurar bellezas inesperadas, al tiempo que se obliga al lenguaje a crear giros para explicar la sensibilidad que se escapa a los sentidos. Por consiguiente, el sobrecogimiento en el arte impulsa el enfoque artístico y estético a configurar y apreciar las obras con una mirada anhelante del espíritu que aspira a lo divino, mientras que exige al lenguaje las palabras adecuadas para conmpartir esas riquezas con nuestros semejantes.