viernes, 14 de junio de 2019

ARTE Y MEDIO AMBIENTE



Por: Elkin Bolaño Vásquez
Fundación BAT

La ciencia ha documentado, por más de medio siglo, la huella que el ser humano a tallado en los ciclos físicos y químicos de la naturaleza. Sin embargo, esa montaña de información, variada y disímil, parece un iceberg por la visión fría e instrumental con la que reaccionamos frente a sus explicaciones. Nuestra compresión sobre la Tierra demuestra que el conocimiento no es suficiente para generar un cambio de actitud. Sentir es más importante y si ese sentimiento está informado, mucho mejor. Es precisamente en esta fractura entre sentir y saber dónde el arte encuentra su espacio de acción y enunciación. El arte dice más que lo que muestra por su habilidad de crear metáforas, pero, sobre todo, cuando capta la atención de un individuo, crea en este la necesidad de explicar aquello que siente. Sencillo giro de tuerca que muestra el error con el que generalmente aceptamos las cosas.

El presente artículo se basa en la Tesis Doctoral de Pilar Soto titulada Arte, ecología y consciencia. Propuestas artísticas en los márgenes de la política, el género y la naturaleza, que llevó a cabo en la Universidad de Granda, España. En su investigación, Soto, integra su trabajo artístico con el componente teórico. Se alimentó de un amplio trabajo de campo que le permitió introducir una mirada arqueológica y considerar los desechos de nuestra sociedad como objetos cargados de memoria, tal y como lo comprendió al analizar la obra de Bárbara Fluxá. En este esfuerzo Soto propone 5 aspectos desde los cuales el arte ofrece un aporte en la formación de consciencia ecológica por su capacidad de proyectar cambios en los territorios y generar nuevos significados.

1. El análisis de propuestas artísticas que estudian zonas naturales devastadas y lugares abandonados (solares y fábricas) para proyectar en ellos intervenciones estéticas, las cuales pasaron de ser acciones resilientes para convertirse en modos de vida, como sucedió con las huertas urbanas.

2. El trabajo colaborativo y transdisciplinar que se desprende de la teoría del tercer paisaje de Gilles Clément, la cual cambia la visión de improductividad que tienen los espacios olvidados por la cultura y por el difícil acceso de las maquinas, pues se reconocen como potenciales refugios de biodiversidad.

3. La comunidad biótica, que ocupa los refugios descritos por la teoría del tercer paisaje, está compuesta por todas las formas de vida y sus mecanismos de relación e interdependencia.

4. Biomímesis. Una de las características del arte, reconocida desde la antigüedad, es su capacidad de mímesis. En las circunstancias del mundo contemporáneo ello se traduce en un acto creativo que busca el equilibrio entre el ser humano y la naturaleza. En consecuencia, la mímesis no es una copia, sino el desciframiento de los elementos constitutivos y las relaciones entre ellos. Por ello, como lo explica Riechmann, es el intento por comprender los principios de funcionamiento de la vida en sus diferentes niveles para incorporar esa sabiduría en la reconstrucción de los sistemas humanos de manera que encajen armoniosamente en los sistemas naturales. El metabolismo urbano, industrial y agrario, entendido como procesamiento y consumo de energía, debe parecerse cada vez más al funcionamiento de los ecosistemas naturales, aspirando a una simbiosis entre naturaleza y cultura.

5. Sentir empatía por la naturaleza. El arte como saber transversal que se nutre libremente de otros conocimientos, sin el menoscabo de sus propios intereses, se convierte en una herramienta que puede presentar múltiples aristas sobre un mismo tema, permitiendo transformar valores y compresiones sobre el esquema de significados establecido por la cultura. Por ello, los artistas comprometidos en estos temas, no sólo se preocupan por ejecutar de mejor manera su obra, sino que buscan trascender su “trabajo de taller” para involucrarse en programas de educación, concientización medioambiental y preservación de ecosistemas. Empatizar con la naturaleza surge de una visión holística que integra muchos saberes y enfoques que sólo el arte está dispuesto a poner en diálogo, libre y conscientemente.

No obstante, el mayor reto es introducir una visión crítica sobre el alcance de los deterioros y sus posibles soluciones pues, como lo explica Yayo Herrero, el ser humano profesan un optimismo ingenuo sobre las capacidades tecnológicas y científicas para resolver problemas, cuando el primer paso es cambiar nuestra visión utilitarista de la naturaleza como materia prima y comenzar a sentirnos ecodependientes, demostrado la necesidad de empatizar con la naturaleza.

Si aspiramos a impulsar el primer paso ¿cómo, desde las técnicas que usamos para producir nuestro arte, podemos salir del “taller” y mostrar a otros su potencial de cambio? Reflexionar sobre esta pregunta es poner en consideración la capacidad que tiene cada técnica y conocimiento personal como un eslabón necesario para la etapa de posconflicto de nuestro país. Sí consideramos nuestro entorno social como un refugio que facilita la comunidad biótica

¿Qué puedes aportar desde tu arte para mostrar y fortalecer las relaciones de interdependencia?