Coordinador Salón de
arte popular
El ser humano se
mueve entre dos fuerzas que muchas veces se consideran antagónicas, cuando en
realidad son complementarias: 1. La
naturaleza, la realidad o el mundo traen consigo una fuerza incuestionable
que para comprenderla y dominarla se ha recurrido persistentemente a la
imitación. La imitación es un procedimiento técnico, psicológico y cognitivo
que es continuo en el desarrollo de la humanidad, en sus formas de adaptación,
en sus conductas para desarrollar vínculos afectivos, en sus intentos para
generar conocimiento. 2. El espíritu, el
alma o la subjetividad comporta todo el enjambre de deseos y pasiones que
impulsan al ser humano a la invención y la apropiación.
Lo propio de la voluntad artística es precisamente encausar esas dos fuerzas para establecer una base con la cual se pueda equilibrar la naturaleza con el espíritu. Sin embargo, esta voluntad se inclina a cualquiera de estos dos lados debido a la estructura de valores que prevalezca en cada época. Mientras el pintor clásico se esmera por la representación fidedigna del mundo, el artista moderno insiste en captura la esencia de las apariencias y el contemporáneo indaga en teorías y explicaciones para sacar sus propias conclusiones. Cada estructura de valor enseña al artista a observar, interpretar y justificar de manera única y particular, y las obras que se producen son un reflejo del modo como se ha aprendido a pensar, esto es, se piensa con la contemplación de la naturaleza, con los ojos del alma o con hipótesis y axiomas.
El uso de los
términos empírico, popular o autodidacta para identificar la labor de un
artista, sobreviene de la necesidad de diferenciación en la manera como se
aprende a pensar y la dirección que guía la voluntad artística.

Si bien el empírico y
el autodidacta tienen similitudes en la medida que ambos dependen de la prueba
y el error, el popular está determinado por el sistema de pensamiento que
predomina en el ambiente social, lo que lo puede llevar a hacer apologías de preferencias popularizadas
sin que en ellas existan asomos de pensamiento reflexivo o análisis.
Si bien en la
voluntad artística que se promueve en el Salón de arte popular caben estos tres
conceptos, es pertinente la diferenciación para que los artistas participantes identifiquen
su sistema de pensamiento y especialmente sean conscientes de los resultados
que pueden obtener.

La poética del arte
se siente en los pensamientos. Su poesía no se puede racionalizar si no
compartimos nuestros sentimientos con otros. Es este el factor social del arte,
su intersubjetividad.
El razonamiento
artístico empírico busca la compresión y apropiación de su mundo en la
comprobación de sus intuiciones más arraigadas. En el pensamiento artístico popular
prevalece la aceptación general, lo que es habitual y de fácil reconocimiento.
La reflexión artística autodidacta se inquieta con su propia introspección,
explora la vitalidad de sus intenciones y ansia el equilibrio del espíritu de
su época con su alma. En todo caso, todas estas voluntades artísticas son
desarrollos personales admirables, pues en ellas existe una íntima persistencia
de rebeldía en la medida que superan los obstáculos propios de la infraestructura
cultural.
¿EN
QUE MEDIDA PUEDE AYUDAR LA DIFERENCIACIÓN DE LOS TÉRMINOS EMPÍRICO, POPULAR Y
AUTODIDACTA PARA COMPRENDER LAS FUNCIONES DEL ARTE POPULAR?