martes, 16 de enero de 2024

ÉPICAS COTIDIANAS

 Para la creación de bienes culturales 

Elkin Bolaño Vásquez 

Coordinador educativo. Fundación BAT 

En nuestras rutinas pocas veces reconocemos la necesidad de construir santuarios donde la vida se revitalice y descargue sus tensiones. Esto es consecuencia de la pérdida de importancia que aqueja a nuestras voces por encumbrar expectativas heterónomas, es decir, por bailar nuestras propias vidas según los ritmos que imponen los intereses de la globalización y que son consecuencia de la colonialidad del saber. 

Para encontrar alternativas al dominio del paradigma científico, tecnológico y económico es importante reconocer que las rutinas están guiadas por conocimientos situacionales que reconocen las incertidumbres y plantean soluciones. En la búsqueda de nuevas perspectivas es necesario planearnos la tarea de asignar un valor destacado a una pequeña parte de nuestras vidas y ver en ella la razón para experimentar distintas versiones de épica. En este caso la épica cotidiana podía alimentarse de la diversidad de relatos decoloniales, donde la palabra dicha, la conversación y la atenta escucha no queden supeditadas a palabra escrita. El Movimiento Zapatista y el THOA (Taller de Historia y Oralidad Andina) son ejemplos para entender la perfecta sinergia que sucede entre la imagen y la palabra dicha. En ambos casos la producción audiovisual es usada como estrategia que hace audible y visible la palabra dicha que, sin pretender negar o imponerse a la imagen monolítica y cientificista de la palabra escrita, ofrece la posibilidad de encontrar complementación. 

A pesar de las opciones enunciativas del Movimiento Zapatista y el THOA no pueden considerarse modelos de acción, ni emularse a ciegas porque cada lucha de visibilización y reivindicación debe gestar y apropiar su medio de expresión. Aunque estos ejemplos muestran una versión pragmática del potencial de una épica cotidiana, también se convierten en razones para considerar que la creatividad ya no es un asunto de capacidades singulares. Si la creatividad se considera por fuera del alcance de objetivos cuantificables o producción de objetos comerciables y se la observa como un proceso que intuitivamente intenta subsanar problemáticas, entonces la creatividad ayuda a adecuar las expectativas que están condicionadas por las vulnerabilidades de la vida. En ese sentido, tanto el movimiento zapatista como el THOA ofrecen a sus respectivos grupos sociales, oportunidades para abordar sus complejidades sociales de maneras no convencionales, creando elementos transversales que, sin desmontar las ideologías políticas y económicas predominantes, ofrecen alternativas comprensivas e inclusivas de comunidades y cosmovisiones marginadas que no han encontrado eco en los distintos estamentos sociales porque sus saberes y maneras de asumir las dinámicas de la vida se estigmatizan como discordantes.  

Las épicas cotidianas legitiman prácticas y saberes que no actúan a espaldas de las condiciones de legalidad, sino que desde la garantía de los derechos ciudadanos buscan ser incorporadas y reconocidas. El potencial trasversal de las épicas cotidianas se tramita en una permanente tensión entre la reproducción y la renovación de los imaginarios colectivos, es decir, en la repetición de algunas conductas en equilibrio con la aparición e incorporación de nuevos elementos que hacen ajustes en las realidades simbólicas y sociales, influyendo directamente en la creación de nuevas ciudadanías, punto de inflexión para la creación de bienes culturales. 

En consecuencia, el litigio consuetudinario de las épicas cotidianas para validar nuevas prácticas comportamentales a través de surgimiento de nuevas ciudadanías se debe a su potencial de desarrollar referentes comunes que aporten otros sentidos al relacionamiento social y que sólo pueden formalizarse por la gestación paulatina y orgánica de bienes culturales cohesionadores, en los que la sociedad pueda discernir, reconocer y experimentar elementos identitarios. En tal sentido, los bienes culturales son consecuencia de los referentes comunes que alimentan el imaginario social. Lo común es la antesala de la comunidad y los bienes culturales son su consolidación simbólica y material.  

Por otra parte, es menester recordar que el tránsito entre las épicas cotidianas y el surgimiento de bienes culturales operan los potenciales de análisis y renovación del arte que, al constituirse en un medio de expresión de las nuevas ciudadanías, puede enriquecer su función de testigo y testimonio de los acontecimientos sociales y de la historia, al tiempo que puede mostrar la épica difusa que se gesta al margen de las pretensiones institucionales. 

jueves, 2 de noviembre de 2023

PENSAR LA AUSENCIA

 Conclusiones del curso Arte para la paz 



Por: Elkin Bolaño Vásquez 

Coordinador educativo, Fundación BAT

 

Iniciamos el recorrido de este curso pensando en la posibilidad de retomar una función invaluable que, en el arte, con sus transformaciones históricas, se ha desvirtuado. El potencial de ser testigo y testimonio de los acontecimientos, luchas y transformaciones ha ido perdiendo terreno con ejercicios conceptuales, argumentativos y especulativos que cada vez están más lejos de los hechos, distanciándose de la alternativa de crear mundos posibles, incluso distópicos, al sinsabor de describir mundos inoperantes, sin ningún tipo de experiencia humana o sensible, para instalarse en una suerte de veredicto hiperracional 


Por supuesto, la idea de la pérdida de valor que ha sufrido el arte como testigo y testimonio se relaciona directamente con aquel segmento del arte que alcanza las primeras planas y los titulares de los medios de comunicación corporativos, como si ello interesara a las mayorías demográficas, cuando en realidad es una apuesta de prestigio elitista, con mensajes encriptados para mostrar los alcances presuntuosos del dinero. En esta confrontación encontramos el primer elemento diferenciador del arte popular, porque no puede acceder a las ingentes sumas de dinero para alcanzar las instituciones y las pantallas en el plano internacional. 


Posteriormente nos pusimos en la tarea de identificar las características de habitar el arte y para ello resultó de vital importancia, reconocer procesos creativos en las comunidades, especialmente las que han hecho inmensos esfuerzos para hacer audibles sus voces, hacer visibles sus rostros y cicatrices, pero especialmente, hacer comprensible el sistema de injusticias y deshumanización que han padecido. En este caso, la experimentación directa, la escucha atenta de las voces silenciadas permite habitar el arte, no como un asunto artístico, sino como una experiencia transformadora que, además de la empatía que pueda surgir, pretende el encuentro de metáforas que insinúen aquello que aún las voces audibles no saben decir.  


Aspirar a la renovación del arte como testigo y testimonio e identificar las características de habitar el arte, fueron preámbulo para pensar la ausencia, lo que terminó por abrir un portal con muchos matices, al punto, que algunos parecían contradecir su significado original, pero que tras la mirada atenta y la escucha reflexiva aparecían puntos de inflexión que hacían de la ausencia un estado por el que hemos transitado sin siquiera habernos percatado. 


Más adelante nos adentramos en una tarea aún más retadora, la de identificar características con las cuales se pueda representar la ausencia en una versión valiente. Características entre las que gravitaban, de distinta manera, las complejidades de la movilidad cultural y las paradojas de la resiliencia. La movilidad cultural parece estar relacionada, en el caso colombiano, con el desplazamiento. Sin embargo, desde las lógicas de la globalización esa movilidad no solo pone en una tensa situación a los pobres y subalternos, sino a las sociedades ricas que han hecho expoliación y construido sus estilos de vida a la sazón de la creación de pobreza.  


En la actualidad los países ricos viven el envejecimiento de sus habitantes y la población en edad productiva ya no alcanzan a satisfacer las necesidades y opulencias. La mano de obra barata de los países saqueados no hace ninguna diferencia porque lo que necesitan son empleados calificados, con experticia técnica, que sostengan el funcionamiento de los hábitats de los países del norte, pero el problema es que tales empleados se han formado con idiosincrasias, costumbres y rituales que parecen poco compatibles con la idea de alta cultura en la que viven tales países. Con estos rasgos básicos podemos concluir que las tensiones políticas y económicas de los países ricos no podrían ser subsanables sino se considera el sincretismo cultural como una consecuencia inaplazable, lo que implica una recombinación, actualización y transformación de sistemas simbólicos que a la alta cultura le resulta imposible imaginar. 


La resiliencia es el otro elemento que invita a considerar la ausencia valiente, sin ignorar sus propias discrepancias. ¿Es un acto de valentía, huir? ¿abrigarse en el silencio? ¿renunciar sin luchar? ¿transitar para desarraigarse? No hay ninguna posibilidad de resiliencia si la vida se vive solo para actuar según aquellas convicciones que tienen como objetivo destruir la vida. Este es el nudo rizomático que se ata y se desata entre la movilidad cultural y la resiliencia. Lo que parece evidente es en realidad sólo la punta del iceberg porque las opciones para solucionar las fragilidades resultantes de la globalización y las tragedias a las que debe sobreponerse la resiliencia no se encuentran debajo de la farola de la colonización del saber, sino en la otra acera, donde las sombras desfiguran inteligencias, sistemas simbólicos y procesos creativos que bien pueden reconocerse en el arte que hace de la poesía un asunto épico.


Preguntarse por las posibilidades de representación de la ausencia es iluminar las sombras que han sido oscurecidas por el tratamiento sistemático de expoliación de unos pocos privilegiados hacia las multitudes de subalternos. En consecuencia, el ejercicio de descifrar la ausencia no es otra cosa que mirar los detalles de caracterizan los dos lados del camino y ponerlos en relación como un ejercicio de sinergia de saberes.