Por: Elkin Bolaño
Vásquez
Fundación BAT
La ciencia ha documentado, por más de medio siglo, la huella que el ser
humano a tallado en los ciclos físicos y químicos de la naturaleza. Sin
embargo, esa montaña de información, variada y disímil, parece un iceberg por
la visión fría e instrumental con la que reaccionamos frente a sus
explicaciones. Nuestra compresión sobre la Tierra demuestra que el conocimiento
no es suficiente para generar un cambio de actitud. Sentir es más importante y
si ese sentimiento está informado, mucho mejor. Es precisamente en esta
fractura entre sentir y saber dónde el arte encuentra su espacio de acción y
enunciación. El arte dice más que lo que muestra por su habilidad de crear
metáforas, pero, sobre todo, cuando capta la atención de un individuo, crea en
este la necesidad de explicar aquello que siente. Sencillo giro de tuerca que
muestra el error con el que generalmente aceptamos las cosas.


2. El trabajo colaborativo y transdisciplinar que se desprende de la
teoría del tercer paisaje de Gilles
Clément, la cual cambia la visión de improductividad que tienen los espacios olvidados
por la cultura y por el difícil acceso de las maquinas, pues se reconocen como
potenciales refugios de biodiversidad.
3. La comunidad biótica, que ocupa los refugios descritos por la teoría
del tercer paisaje, está compuesta por todas las formas de vida y sus
mecanismos de relación e interdependencia.
4. Biomímesis. Una de las características del arte,
reconocida desde la antigüedad, es su capacidad de mímesis. En las
circunstancias del mundo contemporáneo ello se traduce en un acto creativo que
busca el equilibrio entre el ser humano y la naturaleza. En consecuencia, la
mímesis no es una copia, sino el desciframiento de los elementos constitutivos
y las relaciones entre ellos. Por ello, como lo explica Riechmann, es el
intento por comprender los principios de funcionamiento de la vida en sus
diferentes niveles para incorporar esa sabiduría en la reconstrucción de los
sistemas humanos de manera que encajen armoniosamente en los sistemas
naturales. El metabolismo urbano, industrial y agrario, entendido como
procesamiento y consumo de energía, debe parecerse cada vez más al funcionamiento
de los ecosistemas naturales, aspirando a una simbiosis entre naturaleza y
cultura.
No obstante, el mayor reto es introducir una visión crítica sobre el alcance
de los deterioros y sus posibles soluciones pues, como lo explica Yayo Herrero,
el ser humano profesan un optimismo ingenuo sobre las capacidades tecnológicas
y científicas para resolver problemas, cuando el primer paso es cambiar nuestra
visión utilitarista de la naturaleza como materia prima y comenzar a sentirnos ecodependientes,
demostrado la necesidad de empatizar con la naturaleza.
Si aspiramos a impulsar el primer paso ¿cómo, desde las técnicas que usamos
para producir nuestro arte, podemos salir del “taller” y mostrar a otros su
potencial de cambio? Reflexionar sobre esta pregunta es poner en consideración
la capacidad que tiene cada técnica y conocimiento personal como un eslabón
necesario para la etapa de posconflicto de nuestro país. Sí consideramos
nuestro entorno social como un refugio que facilita la comunidad biótica
¿Qué puedes aportar desde tu arte
para mostrar y fortalecer las relaciones de interdependencia?