viernes, 11 de julio de 2025

EL MISTERIO DEL ARTE

 

Por: Elkin Bolaño-Vásquez 

Fundación BAT

  ¿Cómo explicar un sabor o un olor? ¿cómo se explica el sabor que kiwi o de la guanábana a alguien que no conoce tales frutos? Paradoja similar vivieron los expedicionarios españoles recién llegados a Abya Yala, nombre que es sinónimo de resistencia frente a la imposición del término América. Este continente que, bajo la denominación indígena, es una Tierra en florecimiento puso en dificultades el idioma español para denominar lo que nunca habían visto, olfateado o saboreado. 

    El ejemplo más conocido es la iguana, ya que obligó a interpretaciones que mezclaron mitología con valoraciones estéticas. Mitológicas porque describían un animal con características fantásticas: serpiente con patas o un dragón. Estéticas porque lo definen como lagarto espantoso que, en cierto modo contradice su potencial fantástico. Estas observaciones introducen las complejidades del misterio que se solapa en lo nuevo, especialmente porque la única manera de contrarrestarlo es a través del conocimiento que se alcanza con el esfuerzo de nombrar, indicando la arbitrariedad y artificialidad de esta tarea ya que es un modo de apropiación desde el cual se pueden crear imaginarios. Estas circunstancias suponen el florecimiento de nuevas formas de enunciación que se convirtieron en la causa histórica para nombrar nuestro continente en términos de una lengua originaria. 

    Lo anterior se refiere al resultado de nombrar y ofrece pocas pistas sobre el proceso temporal y cognitivo que exigió, además de las tensiones sociales y científicas para su aceptación. En tal sentido, la dificultad de describir sabores y olores tiene una relación directa con la descripción de la experiencia que se vive frente a la belleza sublimada. Sin el ánimo de negar los esfuerzos teóricos, pedagógicos y didácticos del mundo del arte es importante notar que todos ellos deben llevar a una experiencia directa y no a su racionalización. La sublimación o la sensación de sobrecogimiento supera el reino de las palabras porque, como se ha mostrado, tienen limitaciones para captar la esencia de lo que ofrece el mundo, especialmente la novedad. Limitaciones que se refieren a la descripción de características, muchas veces superficiales, que especifican algunas funciones y apariencias. 

    ¿Qué es lo que se debe saber cuándo se come una fresa? ¿sus beneficios para la salud, que su color indica un alto contenido de antioxidantes o que después de cierto grado de maduración sus nutrientes se convierten en carbohidratos o que tras su descomposición se produce alcohol y metano o que alivia el hambre o que es un fruto con alto nivel alergénico? La experiencia de comer fresa depende de una realidad contextual que define su parámetro de uso y, por tanto, lo que se puede conocer de ella, pero no dice nada de su sabor u olor. El misterio del arte se enmarca en situaciones similares porque el despliegue de potencialidades de una obra dependerá en gran medida de la disponibilidad emocional y el perfil de conocimiento de cada espectador. 

    El primer filtro para el despliegue de tales potenciales es la definición que prevalece en cada quien, que no es otra cosa que el imaginario desde el que se percibe: el arte como noticia-espectáculo, como turismo cultural, como virtuosismo técnico, como mensaje encriptado, como ejercicio terapéutico o como prestigio social. No obstante, el misterio del arte radica precisamente en el hecho de sortear cualquier barrera racional y mostrar que su práctica mueve y enriquece una experiencia ontológica. Es decir, que el arte por el arte construye su esencia en el encuentro de versiones y direcciones distintas de una misma pregunta ofreciendo la oportunidad de reconocer que su misterio es un reflejo del misterio de la vida. 

    En consecuencia, el preguntar artístico que se realiza por fuera de los modelos establecidos es una forma de resistencia y no conformarse con las respuestas es una forma de cuidado porque lo único que puede calmar la incertidumbre racional es la magnificencia de la belleza. Es por ello que el deterioro de capacidades cognitivas como la imaginación, la intuición y la creatividad se convierte en la causa subyacente de la pérdida de sentido racional, mientras que el contacto con la belleza ayuda a descubrir el sentido del sinsentido. Es como cuando a la pupila se le otorga el tiempo suficiente para dilatarse lo necesario para transmutar la oscuridad en penumbra, en claroscuro y así observar aspectos, aparentemente invisibles, de la belleza intrínseca de la vida. 

    Si bien el misterio del arte es más una experiencia que una descripción racional, es posible estructurar una intuición sobre ella a partir del siguiente contraste. Mientras la ciencia busca la comprensión de la naturaleza y plantea soluciones estandarizadas a preguntas metódicas, el arte aspira a vivir su misterio porque no busca respuestas, sino una sintonía que suspende el ego mientras afirma la presencia en el presente. Por consiguiente, el arte se nutre en la medida que no sacrifica el misterio por una fórmula, al tiempo que aprende a vivir con preguntas. Porque el misterio del arte es una pregunta que no admite una lista de respuestas preestablecidas.

miércoles, 11 de junio de 2025

ARTE, DESNUDO Y REALIDAD

Elkin Bolaño-Vásquez

Fundación BAT

¿Qué significa que el arte le permite a la especie humana crear mundos posibles? ¿es una posibilidad exclusiva del arte? Los video juegos y los estudios subatómicos de la ciencia han demostrado con suficiencia sus desarrollos en el tema, especialmente por la imaginación activa que hay detrás y que, en términos cognitivos, es la misma actividad que impulsa el arte, independientemente de los objetivos que cada saber persiga. No obstante, la pregunta inicial encierra la complejidad de diferenciar la realidad que busca explicar la ciencia de la realidad que se construye desde la psiquis con la particular participación del inconsciente.

Para abordar las complejidades de la construcción de esa segunda realidad podemos apoyarnos en las relaciones poco evidentes entre las tres palabras del título. Pensemos que la realidad es una playa nudista (espacio) donde todo lo que es posible ver del cuerpo humano es visto sin ningún tipo de filtro. En esta instancia y según las lógicas de lo perceptible la realidad está dada de antemano y quien la ve la percibe según lo características del espacio-realidad. No obstante, en tal playa la mayoría de sus visitantes, sino todos, se detienen en la valoración de la desnudez según sus propias preferencias, haciendo comparaciones y enfocando su atención en detalles que le llevarán a reafirmar su idea del cuerpo perfecto. En estas circunstancias el desnudo, siendo sólo un elemento de la playa, desplaza el espacio-realidad. Se toma una parte por el todo.

 Después de tal desplazamiento aparece en medio de los nudistas una persona ataviada con un trozo de tela que alcanza a cubrir su torso y parte de sus glúteos. La desnudez natural desaparece y la idea del cuerpo perfecto toma otro sentido porque el ocultamiento suma una variable que connota misterio.

Al poco tiempo y en otro sector de la playa aparece otra persona con una indumentaria más elaborada atrayendo la atención de quienes le rodean, la idea del cuerpo perfecto desaparece y en su lugar surge la posibilidad de reemplazar la desnudez con el mejor vestido posible. Luego aparece una tercera persona que, además de vestido, usa accesorios que ponen en entredicho el descubrimiento anterior porque los nudistas se percatan de las limitaciones del vestido para la creación de la apariencia perfecta. Desde entonces el cuerpo humano desnudo pierde valor como sinónimo de perfección para quedar atrapado en el juego de las apariencias.

Igual que la desnudez, a lo largo de la historia de la humanidad la realidad ha sido ataviada y desplazada por indumentarias, adornos y joyería deslumbrantes que la han convertido en un misterio que se valora según lo atractivo de su apariencia, mientras experimentamos el exceso de visibilidad que analiza Baudrillard. La apariencia no sólo oculta bajo toneladas de velos la realidad, sino que además su subsistencia depende de los grados de intensidad y participación de la vergüenza. La realidad no sólo ha sido cohibida para mostrarse en su esencia, sino que debe sentir vergüenza si lo intenta. Sentencia del psicoanálisis freudiano que aún no es superada.

Y es en este punto donde el arte ofrece una alternativa ya que cuando se retira el velo psicológico, este no desaparece, sino que más bien se agazapa. Deja ver lo que ocultaba, pero no significa que no se resista. Así que adquiere una nueva función y simula ser una prótesis necesaria para la comprensión, de modo que lo que deja ver lo amplifica, creando una hipérbole de lo descubierto y por tanto una versión exagerada e incluso contaminada. Es igual a fijarse exclusivamente en la joya que luce el nudista que camina indiferente por la playa. En este escenario, el arte que reconoce en la hipérbole una estrategia de asimilación de la función del velo tiene la capacidad de desnudar y mostrar la belleza de la realidad sin la desazón de la vergüenza, al punto que muchas veces retira la piel del cuerpo para mostrar lo que a pocos les interesa ver, la estructura psicológica que sostiene la apariencia. En este contexto, si bien la hipérbole es una estrategia artística, desconocer su mecanismo ayuda a mantener la distancia con la realidad y más aún con su comprensión.

Como consecuencia e independientemente de las intenciones formales de la producción artística, es necesario activar y utilizar las capacidades cognitivas que se desarrollar a través del arte porque, el encuentro de la realidad sin piel exige una preparación armónica entre lo espiritual, emocional y mental para percibir la belleza que en ella se guarda. Esa preparación enseña a retirar las capas que se acumulan en la vida, en las creencias y en los deseos, ya que la belleza requiere tiempo para asimilarse como una experiencia biológica y simbólica. Tal proceso describe que la realidad es una experiencia desde la que se derivan los mundos posibles de los videojuegos y la mecánica subatómica que ha puesto en entredicho las verdades unívocas de la ciencia.



domingo, 4 de mayo de 2025

POÉTICAS IMPROBABLES

 
PROGRAMA VIRTUAL DE EXPLORACIÓN ARTÍSTICA Y CREATIVA. 

Sexta edición

Elkin Bolaño-Vásquez 

            Para el año 2025 la Fundación BAT ofrece, la sexta edición del Programa virtual de Exploración artística y creativa, bajo el título Poéticas improbables, con el cual se asume la incertidumbre, lo hipotético y lo impensable como herramientas que se atreven a vislumbran las incesantes convulsiones de la historia de la humanidad de manera heterodoxa y por fuera de toda convención institucionalizada.

Cuando se insiste en que tomemos un pequeño tiempo cada día para identificar nuestros modos de pensamiento es para hacer consciencia de cuando una idea afecta la propia visión del mundo. Este pequeño ejercicio explica la dificultad que tiene el arte para demostrar sus beneficios porque no pueden establecerse como hechos puntuales. Los beneficios deben entenderse como recorridos procesuales que se escapan de la lógica causa-efecto de la razón y se acercan más al sistema simultáneo y fragmentario del pensamiento mitológico. Y es en la brecha entre la razón y la narración mitológica donde el filósofo italiano Bifo Berardi nos presenta un panorama poco alentador en el relevo generacional, porque mientras la razón insiste dogmáticamente que se sostiene en la verdad, es cada vez más evidente que somos absorbidos a las entrañas de la posverdad. Contradicción que las nuevas generaciones aspiran a subsanar con una vocación hacia la felicidad.

En tal sentido, uno de los objetivos de Poéticas improbables, es extender hilos conectores entre ambas formas de pensamiento para extraer los beneficios de cada una de ellas. Para ello, se proponen cuatro palabras clave que ayudarán a establecer relaciones simultáneas a lo largo de estos encuentros: la intuición, la consciencia, el legado y la belleza A continuación, se plantean algunas de sus generalidades. 

Intuición: es una semilla que puede encontrar su forma concreta en las condiciones adecuadas. Es cultivable, pero no por ello se puede acelerar su cosecha. Debido a que se escapa de la lógica instrumental se le considera improductiva porque no encuentra eco en el lenguaje empobrecido del conocimiento convencional basado en hechos y análisis. Solo se enaltece en la forma poética, convirtiéndola en la única actividad sináptica que establece una conexión directa con el inconsciente mientras que es preámbulo del surgimiento de la consciencia. 

Consciencia: su tarea es pedagógica porque supervisa nuestras diatribas en el proceso de aprendizaje, mientras define estrategias para convertir en conocimiento las nuevas experiencias, sin que ello cree algún tipo de disonancia con las rutinas y creencias que construyen los hábitos. Debido a que es experiencial, no es compatible con la lógica causal porque encuentra coherencias en hechos aislados. De modo que la novedad no es algo estrictamente nuevo, sino que es resultado de un entramado coherente que define el significado de múltiples experiencias. De allí, que la consciencia sea la tutora de la creatividad.

Legado: surge de la importancia que le damos a ciertas cosas. La muerte le da valor a la vida y la crisis de la pandemia demostró que la mayoría de las personas se conforman y disfrutan de la “normalidad” como si fuera un propósito trascendental. El legado no se reduce a lo que en determinada época se considera normal, sino a lo que las generaciones futuras puedan considerar valioso. Por ello, el legado no se posee, es riqueza que no puede ser acumulada porque depende de su circulación para que se trasmute y retorne en nuevas versiones. Por ello, cabe preguntarse ¿cuál es el legado que recibirán las generaciones futuras del gozo de la normalidad?  

Belleza: es una presencia sin intención, que no impone nada, pero al entrar en contacto con ella amplifica el estado real del alma. Para asirla es preferible suspender el tiempo, alcanzar un estado sublime de consciencia para disfrutarla en su plenitud. Cuando fue separada del arte, quitándole su esencia simbólica, para ser absorbida por el mercado, convirtiéndola en abstracción subjetiva, comenzó a ser usada como insumo para el diseño personalizado, perdiendo su contenido espiritual. Desde ese momento empieza la disonancia espiritual que es la causante de la instrumentalización sin precedente en la que ha caído la razón, porque ya no reconoce su belleza. No es que la belleza sea especial, sólo es la manifestación de un ideal que es el extremo contrario de la posibilidad de objetivación de una idealización que es producto de la subjetividad.

La tarea fundamental de los cuatro términos que aquí se entretejen, no consiste en hacer cosas bellas enmarcadas en la idea de arte, sino que invita a vivir las bellezas inesperadas que tenemos alrededor y que nos permiten suspender el pensamiento de modo que también invita a responder la siguiente pregunta ¿qué diferencia hay entre ser artista y ser divulgador y guardián de la belleza?  

Link de inscripción: https://forms.office.com/e/xM8H6ByVMu


viernes, 4 de abril de 2025

ARTE Y PERCEPCIÓN

Elkin Bolaño-Vásquez 

Coordinación educativa. Fundación BAT 

El arte tiene una información cifrada y su calidad depende de dos fases fundamentales. La primera de ellas es si el artista confió plenamente en la racionalización de sus indagaciones o si dejó un amplio espacio para que la intuición lo guiara en su búsqueda. Por ello, la importancia de saber el enfoque y los métodos de indagación. La segunda se relaciona con los procesos de percepción y apreciación de los espectadores y sus preferencias hacia los gustos estandarizados del turismo cultural, por ejemplo, o hacia la contemplación reflexiva. 

La percepción del arte debe reconocerse como una vivencia que ofrece al espectador la posibilidad de suspender sus pensamientos para sentir algo que no resulta fácil traducirlo a palabras. Ese es el ideal y es lo que se busca experimentar con un estado sublime de consciencia. Pero resulta evidente que alcanzar tal ideal trae consigo muchas etapas y cada una de ellas con complejidades propias. Pero en aras de una descripción de lo que sucede tras la vivencia del arte podemos tomar el ejemplo y el cambio de paradigma que significó para la ciencia El problema del observador a la hora de intentar conocer la luz ya que, al mismo tiempo, es onda y partícula. El problema surge cuando la atención de una persona, el observador, se fija en el comportamiento de la luz, identificando siempre su forma como partícula, es decir, su materia, desapareciendo u ocultándose su versión de onda, apareciendo solamente para una observación especializada.  

La descripción del comportamiento dual de la luz abre un amplio espectro para indagar sobre la complejidad de la percepción del arte convirtiéndose en algo aún difuso y un ejemplo más cercano puede aclarar el beneficio que trae consigo asumir la vivencia del arte desde la imposible separación de la onda y la partícula, y para ello la moneda en tanto metáfora es conveniente. Siempre se habla de sus dos caras y se olvida que, como objeto, tiene un borde por el que se vinculan aquellas dos, mostrando que no son extremos distantes, sino dos formas de expresión de una cosa y que tienen relación reciproca porque la existencia de una depende de la existencia de la otra. De este modo el tercer elemento, el borde, se convierte en la materialización del equilibrio perfecto. Como cuando lanzamos la moneda al aire y al caer se equilibrara sobre su borde y permaneciera perpendicular al suelo.  

Y es que el equilibrio perfecto entre las dos caras de la moneda es similar al equilibrio de la onda-partícula de la luz porque es lo que le permiten contener la totalidad del espectro cromático. Y es debido a su desbalanceo que percibimos el color. Con esta descripción resulta evidente que lo que primero detecta la atención de todo espectador es el aspecto matérico de la obra, el color, su presentación final, mientras que la onda, oculta a la mirada neófita y potencialmente identificable por la observación reflexiva, supone una forma de mensaje decodificado que solamente se hace visible a quienes conocen, de antemano, su método de decodificación, es decir, el sistema por el cual se diferencia el arte de lo que no lo es. Sin embargo, la complejidad de la percepción del arte aparece después de esta etapa porque las variables matéricas de la obra se convertirse en onda, en metáforas que agregan variables al significado.

Esta dinámica es lo que ha permitido e impulsado el desarrollo y posicionamiento de los estudios del arte, con especial énfasis en su historia por sus permanentes renovaciones interpretativas, pero también ha favorecido la idea de que cualquier espectador puede otorgar significados a las obras, lo que se ha convertido en una tergiversación que elimina todo el sistema que el arte ha desarrollado para convertirse en una forma de conocimiento que, por sus exigencias investigativas, discursivas y de inversión en infraestructura es comparable a la ciencia, la política y la economía, pero con la diferencia de que aspira a estados sublimes de la consciencia.  

Otra forma de abordar la sinergia existente entre la onda-partícula con la percepción del arte es la función que cumple la retina y que se expande con los potenciales de la visión y la visualización. Mientras que la mirada dependiente de la pupila y la luz es limitada las otras dos desarrollan alternativas que permiten identificar ojos que sentimos en la mente y la imaginación. Esto explica la sinestesia y las capacidades que tienen los músicos para ver sonidos en partituras, los matemáticos para ver patrones en el universo y traducirlos en fórmulas matemáticas y los desarrolladores de algoritmos computacionales que simulan el trabajo sináptico del cerebro. Todas estas capacidades dependen de la imaginación y la manera como la vemos. 

Por ello, el arte no ofrece certezas como está obligada la ciencia, sino que abre caminos imperceptibles que nos llevan a experimentar estados sublimes. Esto confirma que el arte no es una búsqueda de respuestas definitivas, sino una búsqueda de caminos para alcanzar estados elevados de consciencia que se traducen en el equilibrio que nos permite mantenernos perpendiculares en nuestros recorridos.